Templos











Wat Phra Kaeo, Bangkok
Los templos budistas tailandeses se conocen con el nombre de wat. El wat Phra Kaeo (el templo del Buda de esmeralda), que muestra la fotografía, está situado en la capital, Bangkok, y data del año 1785.

Templo, edificio dedicado a una o más divinidades. La palabra templo se deriva del latín templum, lugar sagrado o espacio ceremonial. Este tipo de construcciones suelen destacarse del resto de su entorno y tienen un marcado carácter arquitectónico. Son comunes a casi todas las culturas, aunque en unos casos se considera la morada divina y en otros es un lugar sagrado desde donde se puede contactar con la divinidad. Por lo general, el concepto incluye la mezquita, la sinagoga y la iglesia, y en ocasiones también se utiliza para designar al edificio que alberga a una comunidad religiosa.
Su origen se remonta a las sociedades primitivas y surge de la necesidad de establecer alguna relación con las fuerzas ocultas de la naturaleza. En torno al templo se realizaban las actividades rituales, y en muchas culturas los oficiantes alcanzaron un poder considerable. Estos edificios aparecían relacionados con algún fenómeno natural, como una montaña sagrada o la trayectoria del Sol, o se erigían sobre un lugar elevado, para aminorar la distancia entre el cielo y los mortales.
FORMAS DE TEMPLOS
Su forma varía desde un sencillo montículo artificial hasta los grandes conjuntos compuestos por innumerables construcciones. Sin embargo, incluso en los sistemas más complejos, siempre destaca una construcción que alberga el templo propiamente dicho. Algunos consisten en una plataforma desde la que se observan fenómenos naturales o fuegos rituales, pero la mayoría contiene un santuario reservado en exclusiva a la divinidad, cuya presencia invisible se simboliza con una imagen esculpida, un icono o un relicario. Para investir este espacio de respeto sagrado, se aísla del resto por medio de puertas, cancelas o columnatas, encerrado en el interior de la estructura del templo. Otra de las disposiciones habituales consiste en un altar, hecho de madera o de un bloque de piedra, donde se ofrecen sacrificios a la divinidad y a cuyo foco se dirigen las plegarias de los fieles. Los altares de los templos clásicos griegos y romanos estaban situados frente al edificio, en el exterior del templo propiamente dicho, a cuyo santuario (cella) no podían acceder los laicos.
Los templos suelen erigirse en el interior de un recinto, en ocasiones sagrado, que extiende su influjo más allá del propio edificio. Los pórticos del cercado, elaborados cuidadosamente, ayudan a controlar el flujo de fieles y peregrinos. Los grandes templos suelen incluir habitaciones para los clérigos, sanatorios, monasterios, tiendas y hospederías, y en ocasiones incluyen graneros, que cierran el vínculo entre los cultos religiosos y la agricultura, convirtiendo al clero en depositario de las cosechas de cereales. En muchas sociedades coexisten grandes complejos religiosos con pequeños templos o ermitas, aislados y dedicados a cultos marginales.
Los templos se pueden dividir en dos tipos: el macizo, como las pirámides o los túmulos escalonados, y el habitable, que contiene el santuario en su interior y presenta al exterior fachadas arquitectónicas. El primero es un hito cargado de simbolismo que se eleva hacia el cielo, mientras que el segundo es la morada digna para un dios. Ambos se destacan sobre el resto de las construcciones, en una expresión rotunda de la cultura religiosa de cada pueblo.
TEMPLOS DE EGIPTO Y MESOPOTAMIA
Templo de Amón, en Luxor

En el antiguo Egipto los templos fueron siempre estructuras grandiosas, construidas con grandes bloques y columnas pétreas. En ocasiones los gobernantes iban ampliándolos sucesivamente hasta formar conjuntos fragmentarios, como en el caso del gigantesco templo de Amón en Karnak, iniciado durante el reinado de Sesostris I y terminado con Ramsés II. Los acantilados del Nilo se usaron como lugar de emplazamiento para otras edificaciones, una de cuyas muestras más impresionantes es el templo funerario de Hatshepsut en Tebas, excavado en la roca a una escala sobrehumana. La profusión de bajorrelieves (alrededor de las construcciones) y de pinturas narraba la mitología divina y sus conexiones con los faraones o los reyes egipcios. En la antigua Mesopotamia se impuso un templo en forma de colina llamado zigurat, una elevada torre piramidal decreciente a la que se podía ascender a través de rampas exteriores. El ejemplo mejor conservado es el del dios de la luna Nanna en Ur (actual Irak, c. 2100 a.C.). En los últimos siglos antes de nuestra era hicieron su aparición en esta zona los templos hipóstilos con cellas interiores, propios de la cultura griega.
TEMPLOS GRIEGOS
Partes de un templo griego
La tipología arquitectónica que se desarrolló en Grecia a principios del siglo VII a.C. ha llegado hasta nuestros días como el prototipo del templo para la cultura occidental. Se levantaba a menudo sobre la colina de una ciudad y consistía en un recinto rodeado de columnas cubierto por un tejado a dos aguas. En esta ilustración aparecen señalados sus principales elementos.

Hacia principios del siglo VII a.C. se desarrolló en Grecia una nueva tipología arquitectónica, compuesta por un recinto de columnas que sustentan una cubierta plana a dos aguas, que ha llegado hasta nuestros días como la imagen inmediata del templo para la cultura occidental. Esta forma, que alcanzó la perfección en el Partenón (c. 448-432 a.C.) de la Acrópolis ateniense, ha sido y sigue siendo una fuente inagotable para la historia de la arquitectura. El templo griego se levanta a menudo sobre la colina de una ciudad (acrópolis), está construido en mármol fino y sobresale por sus proporciones perfectas y por la rotundidad de su silueta. Se apoya sobre un basamento escalonado en tres gradas o crepidoma, del que parten las columnas y los muros de la cella. Los frontones de los testeros, y en algunas ocasiones el friso y los capiteles de las columnas, están decorados con motivos escultóricos. Con el tiempo, los tres órdenes o cánones de columnas inventados por el mundo griego —dórico, jónico y corintio— se convirtieron en las piedras angulares del lenguaje arquitectónico occidental.
TEMPLOS ROMANOS
Los templos de la antigua Roma (siglo IV a.C.- siglo III d.C.) heredaron la tipología constructiva de los griegos. Sin embargo, los modelos romanos presentan una escalinata en uno de los extremos para acceder hasta la parte superior de la gran plataforma o podio sobre la que descansa el conjunto, que sustituye al crepidoma griego. Cada ciudad romana tenía al menos un templo de estas características, situado en la propia trama urbana en lugar de sobre la acrópolis, destacado sólo por la elevación propia que le proporcionaba el podio. Uno de los ejemplos mejor conservados de esta tipología es la Maison Carrée (casa cuadrada) de Nimes, en el sur de Francia. Los templos griegos y romanos han influido sobre otras muchas tipologías occidentales, en especial en los edificios públicos, religiosos o civiles, que han pretendido cimentar su autoridad en el pasado clásico.
TEMPLOS HINDÚES
Gran stupa de Sanchi
La gran stupa de Sanchi en Madhya Pradesh (India) se construyó entre los siglos III a.C. y I d.C. El templo consta de un túmulo macizo rodeado por un recinto vallado de piedra y cuatro puertas ceremoniales llamadas toranas. El culto consistía en rodear la stupa, que simboliza la montaña del mundo, el monte Meru.
Scala/Art Resource, NY
Los dos edificios principales del budismo son la stupa, montículo semiesférico, y la chaitya o santuario excavado. Las primeras son relicarios que representan la estructura celestial, ascendiendo desde la tierra a través de recintos concéntricos. El ejemplo más destacado es la stupa de Sanchi (siglo III a.C.-principios del siglo I d.C.), un templo de planta circular en cuyo perímetro se dispone un camino cercado por el que se realiza la entrada ritual. La semiesfera central es maciza y está coronada por otro recinto cuadrado que simboliza la cima del monte Meru, la montaña del mundo. En el polo opuesto, la chaitya es esencialmente un espacio interior, por lo general excavado en la roca, como en el caso de la chaitya de Karli (hacia comienzos del siglo II). Este edificio cuenta también con una stupa en uno de sus extremos, separada por un deambulatorio semicircular y decorada, como el resto del santuario, con gran cantidad de altorrelieves.
Los templos de la religión hindú son grandes recintos rectangulares y simétricos que cuentan con una torre llamada shikara y otras edificaciones subsidiarias. Uno de los más emblemáticos es el templo principal de Bhubaneswar (siglos VIII-XIII), cuyo santuario está situado en la intersección de los dos ejes del recinto. La shikara que lo cubre parece una enorme fuente de piedra cubierta por una cupulilla que sostiene un florón, y el resto de las construcciones imitan su forma. Este estilo arquitectónico es típico del norte de la India, mientras que el sur se caracteriza por la utilización de la gopura, una portada monumental compuesta por dos torres decoradas con exuberancia. El santuario propiamente dicho de todos los templos hindúes es una especie de cueva abovedada mediante sillares en voladizo. Los templos jainíes, como el templo de mármol del monte Abu (siglo XIII) de la zona occidental de la India, presentan una estructura formal más compleja, ordenados en retículas y precedidos por largos ejes rituales.
La arquitectura budista influyó también en otras zonas de Asia, como el conjunto de Borobudur (construido en el siglo IX) en Java, compuesto por una stupa central sobre una base escalonada flanqueada por otras stupas menores. En Camboya destacan los monumentos erigidos por la dinastía Jemer, como Angkor Wat (comienzos del siglo XII), un templo cosmogónico de tradición hindú. Este enorme edificio se organiza a partir de tres explanadas concéntricas rectangulares, en cuyos extremos se disponen pequeñas torres que van creciendo a medida que nos acercamos al santuario central.
TEMPLOS CHINOS Y JAPONESES

Templo del Cielo, China
De los numerosos templos que pueden encontrarse en la parte antigua de Pekín quizá el más conocido y hermoso sea el templo del Cielo. Formado por dos magníficas construcciones ceremoniales de forma redonda con tejados de tejas barnizadas, se considera uno de los mayores logros arquitectónicos de la China tradicional. En la imagen, El Salón de Oración para las Buenas Cosechas.

Aunque la arquitectura china es esencialmente civil, también se construyeron monumentos o espacios reservados a las ceremonias religiosas. Con la llegada del budismo se comenzaron a utilizar como templos las grandes salas alargadas y relativamente bajas de la tradición china, aunque más tarde se añadieron otras estructuras más verticales para albergar la estatua de Buda. El material habitual para la construcción de estos edificios era la madera, ensamblada mediante complicados sistemas de pilares y correas que generaban las sutiles curvaturas propias de las techumbres de Extremo Oriente. La pagoda fue otra de las tipologías características de China, una torre poligonal compuesta por varios niveles que disminuyen en anchura según se eleva el edificio, con tejados en voladizo desde cada uno de los pisos. Una de las más espectaculares es la del templo del Cielo en Pekín (reconstruido en 1890 según el original de 1540), un edificio de planta circular que parece un gran sombrero cónico.
Las construcciones religiosas japonesas, heredadas de las chinas, se conservan en buen estado gracias a la técnica de la reconstrucción del original cada veinte años. El santuario de Ise, por ejemplo, aunque es una obra reciente, reproduce con exactitud el original de la capilla del interior del siglo III a.C. Aunque también se construyeron pagodas, la forma tradicional del templo sintoista japonés es una construcción muy simple, cuyas mejores virtudes son la claridad estructural y la economía expresiva.

TEMPLOS PRECOLOMBINOS

Pirámide del Sol en Teotihuacán
La pirámide del Sol de Teotihuacán, en México, se erigió entre los años 50 y 200 de la era cristiana. Está construida con adobes recubiertos de piedra y alcanza una altura de 61 metros. Se compone de cinco cuerpos construidos con el sistema de talud y tablero que flanquean una escalera ceremonial que conduce a su cima, donde se alzaba un templo. Está orientada al este, por lo que el sol se pone exactamente frente a ella en el solsticio de verano.

Los monumentos religiosos del área mesoamericana (los actuales México, Belice, Guatemala, Honduras y Costa Rica) constituyen la expresión arquitectónica más importante de los pueblos anteriores a la colonización española. La cultura teotihuacana, asentada durante el primer milenio de nuestra era en Teotihuacán, a 45 km de la actual ciudad de México, nos ha legado las impresionantes pirámides del Sol y de la Luna (siglo III a.C.). La primera, una pirámide escalonada de 64 m de altura compuesta por cinco niveles en cuya cima se alzaba un pequeño templo del que sólo quedan los cimientos, es la mayor estructura de la América precolombina. El templo o pirámide de la Luna, posterior y un poco menor (unos 42 m de altura), tiene una estructura más compleja. Ambas forman un conjunto arquitectónico completado por otras pirámides, como la de Quetzalcóatl, una Ciudadela, un paseo ritual conocido como la Avenida de los Muertos, palacios y grandes plazas. Todos los elementos contaban con una rica decoración escultórica desaparecida en parte, de la que se conservan excelentes relieves en los plintos y los frisos de algunas pirámides.
Los mayas también construyeron pirámides, aunque los templos erigidos en lo alto de ellas consistían en espacios cerrados y cubiertos con gruesos muros de piedra. Los mejores ejemplos del periodo clásico de esta cultura se encuentran en Tikal (Guatemala, siglos III-VIII), Palenque en la zona de Chiapas (siglos VII-VIII) y Copán (Honduras, siglos VII-VIII). Los edificios del periodo posclásico recibieron la influencia de las culturas norteñas, como se comprueba en el Templo de los Guerreros (siglos XI-XII) de Chichén Itzá, reproducción del templo de la Estrella Matutina de Tula, en la meseta mexicana. Éste se compone de una plataforma escalonada sobre la que se eleva el templo, precedida por una columnata en la que desemboca el camino procesional. La mayoría de las construcciones mesoamericanas eran de adobe recubierto con losas de piedra, aunque en algunas obras también se empleaba el enlucido con pinturas decorativas para sustituir a los relieves escultóricos.
Las culturas centroandinas se caracterizan por la monumentalidad de sus arquitecturas ciclópeas. Uno de los primeros ejemplos es el recinto sagrado de Chavín de Huantar (c. 900 a.C.), en el que se observan similitudes con los templos olmecas de La Venta (México). Otro centro religioso similar es el de Tiahuanaco (c. 300-900), del que se conservan restos de una pirámide de base triangular y una puerta monolítica conocida como Puerta del Sol. De la cultura inca han sobrevivido algunos ejemplos impresionantes de arquitectura religiosa, como la ciudadela incompleta de Ollantaytambo (c. 1438), cuyo templo situado en la cumbre de una colina estaba flanqueado por seis grandes piedras talladas de granito. Sin embargo, el templo principal del Imperio, el gran salón de la Huaca del Sol o Coricancha, está ocupado en la actualidad por el monasterio de Santo Domingo, que tan sólo conserva indicios de su planta.

viernes, 17 de septiembre de 2010

No hay comentarios :

Entradas populares