Las asombrosas y raras alergias









Granos de polen
Los granos de polen, que en la fotografía aparecen aumentados unas 1.000 veces, constituyen un desencadenante, muy habitual, de las reacciones alérgicas. Todos los árboles y plantas con flor producen polen el cual es transportado por el viento y se inhala con facilidad.

Alergia, enfermedad debida a una reacción exagerada del sistema inmunológico (hipersensibilidad) frente a determinadas sustancias que son inocuas para la mayoría de las personas. En una reacción alérgica el sistema inmunológico responde ante una sustancia inofensiva como si fuera una sustancia dañina y produce anticuerpos, con el fin de neutralizarla y proteger al organismo ante futuras exposiciones. La urticaria, la dermatitis atópica, la rinoconjuntivitis estacional o fiebre del heno, el asma y la anafilaxia son algunos cuadros alérgicos conocidos.

Ácaro del polvo
Micrografía electrónica del ácaro del polvo Dermatophagoides pteronyssinus. De cuerpo redondo y no segmentado, los ácaros del polvo pueden causar reacciones alérgicas en determinadas personas.

En algunas personas existe una predisposición genética a las alergias. Si uno de los padres es alérgico aumenta el riesgo de que alguno de los hijos también lo sea, aunque puede no ser sensible a los mismos alergenos que el padre. Si ambos padres son alérgicos, el riesgo para sus descendientes es todavía mayor. Sin embargo, cualquier persona es susceptible de sufrir una reacción de tipo alérgico y de desarrollar alergias frente a sustancias que antes no producían en ella ninguna reacción anómala. A veces, la respuesta de hipersensibilidad frente a algún alergeno puede desaparecer de forma espontánea.
Por lo general, la alergia se manifiesta por primera vez durante la infancia y los primeros años de la adolescencia, pero también puede hacerlo más tarde. En alguna ocasión, determinados factores psicológicos, como los conflictos emocionales, juegan un papel importante en los fenómenos alérgicos, llegando a clasificarse algunas alergias como alteraciones producidas por el estrés.
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¿CÓMO SE DESARROLLAN LAS ALERGIAS?

Reacción alérgica
El esquema ilustra la respuesta del sistema inmunitario a las sustancias irritantes conocidas como alergenos. Las reacciones alérgicas son propias de personas hipersensibles a diversas sustancias, como polen, polvo, ácaros o pelo de animales. Los antihistamínicos son sustancias que reducen los síntomas que aparecen en la reacción alérgica, debidos a la liberación de histamina.

En condiciones normales, el organismo reacciona ante una sustancia extraña (microorganismo patógeno o sus toxinas) fabricando anticuerpos. Toda persona produce anticuerpos, pero el sistema inmunológico de las personas alérgicas no es capaz de diferenciar las sustancias nocivas de las inocuas y genera anticuerpos contra una o varias sustancias inofensivas.
La sustancia que el organismo reconoce como extraña o alérgeno es, usualmente, una proteína o glucoproteína que puede ser inhalada, como el polvo o el polen; ingerida, como las proteínas de la clara del huevo o el marisco; inyectada, como la penicilina; o actuar por contacto, como la lana, el esparadrapo o los metales pesados.
El mecanismo generador de las reacciones alérgicas no se conoce en su totalidad. Parece que el antígeno alcanza su órgano “diana”, por ejemplo las células de la mucosa nasal o bronquial, reaccionando con su anticuerpo específico; esto origina la liberación de transmisores o mediadores químicos como la histamina que ponen en marcha todo el mecanismo humoral y celular de la hipersensibilidad.
Las manifestaciones de la reacción alérgica dependen de dónde tenga lugar la misma. Si el alergeno, por ejemplo el polen, es inhalado, la liberación de histamina en las fosas nasales produce estornudos repetidos y violentos, picor y secreción acuosa nasal. Si, además, el alergeno entra en contacto con los ojos, aparece picor, enrojecimiento y lagrimeo. En las vías respiratorias el alergeno produce aumento de la secreción de moco, inflamación y broncoespasmo (cierre parcial de los bronquios), que se manifiesta por sibilancias (“silbidos” en el pecho al respirar). En la piel aparecen picores, manchas, eccema o urticaria. La reacción alérgica puede afectar también a todo el organismo. Este tipo de respuesta (shock anafiláctico o alérgico) se produce cuando muchas células del organismo reaccionan de forma simultánea a un alergeno, por ejemplo al veneno de la picadura de una abeja. Se produce una urticaria, picores por todo el cuerpo, broncoespasmo y caída repentina de la tensión arterial. En algunos casos, puede originarse una inflamación en la garganta, la lengua y la laringe, cerrando la vía respiratoria y provocando asfixia.
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DIAGNÓSTICO Y TRATAMIENTO
El alergólogo es el médico especialista que se ocupa del diagnóstico y el tratamiento de una alergia. El número de sustancias a las que una persona puede ser alérgica es casi infinito. El diagnóstico pasa por descubrir a qué sustancia o sustancias es hipersensible el paciente; es decir, ante cuál o cuáles sustancias su sistema inmunológico produce una respuesta anómala. Es muy importante averiguar las circunstancias de la reacción alérgica, si se trata de una alergia estacional, si se desarrolla con la exposición a una sustancia concreta o si sólo se produce en un determinado lugar.
En muchos casos, se realizan pruebas cutáneas intradérmicas. Éstas consisten en inyectar en la piel una pequeña cantidad de un alergeno específico, como pólenes o ácaros del polvo. La inyección produce un habón no más grande que la cabeza de un alfiler. Cuando hay una respuesta positiva se produce una reacción local en la piel, unos 15 o 30 minutos después de la inyección. El habón se hace algo más grande y aparece un ligero picor y enrojecimiento de la zona. Esta reacción indica que las células de la piel contienen anticuerpos específicos contra el alergeno aplicado. Las pruebas cutáneas permiten diagnosticar con rapidez determinadas alergias. Otras veces, se utilizan muestras de sangre para determinar los niveles sanguíneos de anticuerpos IgE específicos frente a determinados alergenos. Sin embargo, se ha demostrado que para establecer el diagnóstico de alergia, las pruebas cutáneas son más rápidas, precisas y menos costosas.
El tratamiento más eficaz es evitar el contacto con el alergeno, aunque esto es particularmente difícil en las alergias al polvo o al polen. Cuando esto no es posible, bien porque el alergeno es desconocido, afecta a múltiples zonas del organismo o porque existen muchos alergenos, el objetivo del tratamiento consiste en aliviar los síntomas provocados por el cuadro alérgico. En este sentido, se emplean antihistamínicos, broncodilatadores o glucocorticoides inhalados. El shock anafiláctico es una urgencia médica y requiere, entre otras medidas, la inyección de adrenalina subcutánea y corticoides intravenosos.
En otras situaciones puede estar indicada la inmunoterapia o hiposensibilización, cuyo objetivo es conseguir que el paciente tolere el antígeno, de manera que éste no desencadene una reacción. Para ello, hay que administrar inyecciones repetidas del alergeno empezando con dosis muy pequeñas, parecidas a las utilizadas en las pruebas cutáneas. Después, y según la tolerancia de cada persona, se van incrementando las dosis de forma gradual, durante varias semanas, hasta que se alcanzan dosis elevadas. El objetivo de la inmunoterapia es bloquear o neutralizar los anticuerpos que producen la reacción, evitando que los alergenos puedan unirse a ellos. Es obligatorio realizar pruebas cutáneas antes de utilizar este tipo de tratamiento.


martes, 16 de noviembre de 2010

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