LA ASOMBROSA REPRODUCCIÓN Y CICLO DE VIDA DE LOS REPTILES









Nacimiento de un reptil
Casi todos los reptiles ponen huevos de cáscara coriácea, pero los de algunas especies tienen el cascarón duro, como el de las aves, de los que incluso pueden nacer jóvenes ya formados. En el momento de la eclosión, el reptil puede formar un diente agudo temporal en el extremo de la mandíbula superior para romper la cáscara del huevo.

La mayoría de los reptiles llevan a cabo ritos de apareamiento (véase Cortejo y apareamiento). Los lagartos acompañan su cortejo con cambios de color. Por ejemplo, los camaleones macho experimentan cambios de color durante el cortejo y las hembras preñadas muestran una coloración viva para indicar que no están disponibles. El lagarto anolis macho infla su papada para impresionar a las hembras e intimidar a sus rivales. Las tortugas macho pueden incitar a las hembras agitando su cabeza o tocando la cara de la hembra con las uñas de sus extremidades. Los tuátaras macho caminan en lentos círculos alrededor de la hembra hasta que ésta desaparece en su madriguera o permite al macho cruzarse con ella. Las serpientes hembra atraen a sus compañeros expulsando aromas químicos llamados feromonas. Cuando el macho encuentra a una hembra receptiva la corteja pasando por encima de ella varias veces y luego alinea su cola con la de ella de manera que se pueda producir la fecundación.
La fecundación de los reptiles es interna: los óvulos se unen con el esperma del macho dentro del cuerpo de la hembra. Las tortugas y los cocodrilos macho sólo tienen un pene pero los lagartos y las serpientes macho tienen dos, llamados hemipenes, que se encuentran protegidos por pliegues y espinas que mantienen al pene en posición durante el apareamiento. Estos animales sólo utilizan un hemipene cada vez que se aparean. En las especies que se aparean sucesivamente, los machos alternan sus hemipenes. Los tuátaras macho no tiene pene, por lo que utilizan la abertura muscular de su cloaca para introducir el esperma en la hembra.
La mayoría de los reptiles son ovíparos (ponen huevos), pero muchas especies de serpientes y lagartos son ovovivíparas (alumbran crías vivas). El huevo con cáscara dura que presentan los reptiles permitió a este grupo independizarse del medio acuático. Este huevo consta de una serie de membranas extraembrionarias que posibilitan el desarrollo del embrión: un amnios protector, común a los reptiles, aves y mamíferos, que impide que el huevo se seque, de modo que las primeras fases del ciclo vital de estos animales no tiene que depender del agua; un alantoides respiratorio o membrana vascular fetal, que sirve como superficie respiratoria; y el corion que regula el paso de oxígeno y dióxido de carbono. Rodeando a estas membranas está la cáscara calcárea o coriácea exterior.
Huevo de reptil
Un avance evolutivo crucial para los animales terrestres fue el desarrollo del huevo amniótico en los reptiles, característico también de las aves y de algunos mamíferos. El embrión, puede sobrevivir fuera del agua en diversos hábitats protegido contra la desecación. El vitelo le provee de alimento y el albumen de agua y nutrientes. Los desechos se almacenan en el alantoides, una extensión del intestino del embrión. El oxígeno se difunde a través de la cáscara. Su paso al embrión es regulado por el corión.

El número de huevos o de crías de los reptiles varía mucho de una especie a otra e incluso dentro de una misma especie. Por ejemplo, ciertas tortugas africanas de pequeño tamaño sólo ponen un huevo en cada puesta, mientras que algunas tortugas marinas ponen hasta 150 huevos. La serpiente de jarretera puede dar a luz entre 3 y 100 crías.
Los reptiles normalmente depositan sus huevos en un nido excavado en la arena, en la tierra o sobre las hojas, pero luego los abandonan y no se ocupan de las crías recién nacidas. La pitón es una excepción, ya que se mantiene cerca de los huevos para protegerlos de los depredadores. Las hembras de cocodrilo, y a veces también los machos, vigilan sus nidos. Si una de las crías tiene problemas para salir del cascarón, sus padres la ayudan metiéndose el huevo en la boca y rompiendo la cáscara con suavidad, sin dañar a la cría.
Los reptiles se encuentran totalmente desarrollados y preparados para llevar una vida independiente desde que nacen. Sin embargo, las crías de los reptiles, en particular las crías de las tortugas marinas, tienen muy pocas posibilidades de sobrevivir durante los primeros meses de vida. Estos animales son la presa favorita de muchas aves, serpientes, mamíferos e, incluso en el caso de las tortugas marinas, de tiburones. Son muy pocos los reptiles que sobreviven al primer año de vida, pero los que lo hacen suelen tener una larga existencia. Por ejemplo, se cree que algunas tortugas viven hasta 120 años en condiciones de libertad y los tuátara parece que también pueden alcanzar esa edad. Los caimanes viven cerca de 70 años. Por el contrario, algunos lagartos de pequeño tamaño sólo viven 4 o 5 años.

lunes, 13 de diciembre de 2010

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