El asombroso Himno sumerio









Con los himnos de alabanza a sus dioses que entonaban los sumerios, éstos buscaban obtener la bendición de aquéllos. El que reproducimos a continuación es un himno dedicado al dios lunar Nanna, uno de los principales miembros del panteón divinal de la civilización sumeria, la cual se desarrolló especialmente durante el IV y el III milenio a.C.
Himno a Nanna.
¡Hijo del príncipe, a la salida del santo mar, tú eres todo irradiación [...]
saliendo de la montaña a las santas ordenanzas en el amplio interior [...] del Abzu,
en el sublime Kiur, vasta morada de [...]
aportando un vivísimo resplandor fuera de las profundidades, con trazos que inspiran terror
tú estás allí levantando la cabeza hacia tu buen destino, tu grandeza, tu sublimidad,
tú avanzas majestuosamente hacia el destino que va a ser(te) fijado:
el gran An te ha dado, sin restricción alguna, tu realeza sobre el cielo y tierra,
Enlil ha hecho desplegar para ti una sublime naturaleza divina;
sin embargo, para que tú puedas abandonar majestuosamente la onda
inferior, según el destino decretado, la buena tierra, buen mar,
ha sido Enki, desde el interior del santo mar, quien la ha situado bajo tus pies.
Enlil te ha creado con la majestad y la cualidad de en,

Nanna, tu «creciente» es llamado «creciente del séptimo (día)»;
Enlil ha nombrado para ti en cielo y tierra tu nombre, un nombre santo,
hijo de príncipe, él ha hecho desplegar tu grandeza en cielo y tierra.
La sublime asamblea te ha hecho presente de su todo poderío divino,
sin embargo Enki, desde el santuario de Eridu, había decretado para ti tu destino de en, tu majestad;
desde el sublime Abzu del santuario de Eridu, dada tu gran cualidad de en,

el rey de cielos y tierra ha hablado, dada tu grandeza, en el [...] Nanna, él ha decidido que tu cabeza

sobrepase a los Anunna.
Dotado de sus ordenanzas sagradas, que alegran el corazón, tú habitas una morada santa;
a los grandes dioses él los invita dignamente al sacrificio,
se sitúan para la distribución (de las raciones) con el corazón lleno de gran satisfacción:
él dio ofrendas que alegran el corazón a los dioses. Tú habitas un lugar sublime, un lugar santo,
Nanna, tú habitas un lugar santo, una mansión santa,
Enki consagra para ti la morada, hace esplendorosa para ti la morada,
santifica el cielo, hace brillar a la tierra,
dirige para ti hacia el cielo al Ekishnugal, el «templo bosque de cedros»,
tu sublime morada; hace para ti un lugar santo, fundamento de cielo y tierra
ordena para ti las reglas y los sublimes ritos de purificación [...],
[...] tu horno, hace brillar para ti la mesa en un lugar santo,
[...] su cena, tu cena y tu almuerzo,
[...] dispone para ti
Ha santificado para ti los ritos de purificación, los ha hecho resplandecer para ti,
Siguen dos versos de significado oscuro.
Enki instituye los ritos de purificación para ti: esos son los que se cumplen en el Abzu.
Kusu los trae: esos son los que se realizan en su propio templo;
al lado del mar, horno, bueyes, corderos (y) pan;
al lado del santuario, sus santos ritos de purificación.
El aceite esta consagrado y se halla disponible para el templo: se ungen los miembros.
Respecto a los santos ritos de purificación, que no deben caer en desuso, desde el abismo sublime,
vasto mar, ha emergido este destino:
el Ekishnugal de trono sublime y santo conviene a las grandes ordenanzas de cielo y tierra
Al salir del santo mar, habiéndote bañado sobre la orilla sublime
y habiendo untado tu cuerpo santo con aceite de las montañas,
Nanna, te has instalado sobre tu trono sublime.
Quien sujeta el gadamakh, (dios) de elevada cabeza y de cornamenta brillante, quien sujeta la máscara sacerdotal,
(teniendo también) el aceite sublime, el aceite sacerdotal, el aceite del jefe de la asamblea, el que
conviene a los cuerpos y a los costados santos,
sobre su muelle brillante, muelle sublime, muelle santo,
es Ningublaga. (También es él) quien purifica las manos del en,

pero es Dara-Abzu quien desde Eridu consagra el aceite para estas manos.
Tu proveedor, a fin de que puedas dirigir las santas manos hacia la mesa de tu gran comedor, Kusu, el

que vuelve las manos sagradas y brillantes, santifica las manos,
pero es Dara-Abzu quien desde Eridu consagra el aceite para estas manos.
Del Eshabzu, trono sublime de Ur, de acuerdo con el buen y gran destino decretado,
del Ekishnugal, la mansión santa y buena, oh Ningal, (tú eres) la reina sublime;
la mansión santa, el lugar donde tú reinas para Nanna, su rey,
el Ekishnugal, la cámara santa, (es) tu templo de realeza.
¡Nanna y Ningal habitan allí en la alegría!
¡Zu-en, señor sabio y sublime de cielo y tierra, tu corona es una corona sublime!
¡El que llena cielo y tierra de su vivo resplandor, Ashimbabbar, que su mano sea santa!
¡Que sea santa como el cielo, que sea resplandeciente como la tierra,
que brille como el interior del cielo!
¡Que él lleve sobre la cabeza la corona de cielo y tierra, la corona pura!
Zu-en, el señor sabio y sublime de cielo y tierra, que es apropiado para el trono sagrado.
Ashimbabbar, lleva sobre la cabeza una cinta, corona de la que uno se puede fiar, comportando el cuerno brillante sublime [...].
El eleva la cabeza.
¡Aceite santo, aceite sagrado, aceite resplandeciente!
El resto del himno, inscrito en otra tablilla, no ha aparecido.
Fuente: Himnos sumerios. Estudio preliminar, traducción y notas de Federico Lara Peinado. Madrid: Editorial Tecnos, 1988.


jueves, 3 de febrero de 2011

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