Asombrosos animales Sensibles a la luz ultra violeta


Las abejas, por ejemplo,' son atraídas por el olor de las flores, aunque tambn pueden distinguidas por su forma y color. Sin embargo, cuando han terminado de libar se dirigen instintivamente a los oscuros orificios de la colmena y ninguna flor les llama la atención.
Las abejas son sensibles a la luz ultra violeta, invisible a los humanos, y ello les sirve para orientarse en el vuelo y para conocer la posición del Sol incluso oculto por las nubes. Por otra parte, no perciben determinadas zonas del espectro y para ellas es negro el color rojo.
Paulatinamente se descubren los secretos del mundo animal merced a observaciones y experimentaciones pacientes e ingeniosas. En 1952, T. H. Bullock, neurólogo de la Universidad de California, advirtió que las serpientes de cascabel poseen un tercer ojo. Comprobó que este reptil, con los dos ojos vendados, cazaba ratones con asombrosa precisión. Parecía orientarse mediante dos hoyuelos situados uno a cada lado de la cabeza entre los ojos y el morro. En ellos se observaron unas lulas sensibles al calor que de noche detectaban las presas, así como el tamaño y la forma de las mismas por el calor emitido.
Según otras experiencias, la rana posee un sentido de la vista económico y selectivo, ya que sólo advierte lo que le es rigurosamente necesario: una mosca a enorme distancia o un enemigo que acecha.

Los ojos de la mayoría de los vivientes animales producen imágenes sobre una capa de células sensibles a la luz, llamada retina.
Esta imagen física se transmite al cerebro que forma otra mental.
Sin embargo, una criatura parecida al camarón, la Copilia quadrata de la bahía de Nápoles, tiene ojos cuyo funcionamiento es diferente. El animal posee una lente en la cabeza, pero carece de retina. Detrás, se aloja una mácula muy sensible a la luz que, al moverse rápidamente, construye una imagen de puntos técnicamente parecida a la de un televisor. El «equipo receptor» de estas imágenes se halla localizado en el abdomen de
l
a criatura.

viernes, 18 de febrero de 2011

Olores característicos en los animales


En la vida no siempre es necesario distinguir entre muchos olores. Existe una larva de escarabajo que se alimenta de las raíces de la vid y sólo es sensible al olor del bióxido de carbono que aquéllas desprenden
Cualquier otro aroma le es indiferente, pero el bióxido de carbono la conduce resueltamente hasta su meta.
Toda criatura viviente porta moléculas de su olor característico que desprende del cuerpo en forma de sudor, aliento, desechos corporales, etc. A cada paso que damos, dejamos atrás millones de partículas que constituyen nuestro rastro más genuino.
Los seres cuya existencia discurre generalmente en el aire, apenas dejan huella de
olor en el suelo. No obstante, las mariposas, en la época del apareamiento, pueden atraer con su aroma a un compañero situado a varios kilómetros de distancia. Las hembras llevan un receptáculo de perfume que
tan sólo pesa una diezmilésima de miligramo, y lanzan al aire fracciones minúsculas.
Las partículas olorosas pueden ser detectadas por un macho a 12 km de distancia.


LOS ASOMBROSOS SENTIDOS OCULTOS DE LOS ANIMALES


Asombrosos sistemas de comunicación


PARA una golondrina la voz humana  suena como el retumbar de una lejana tormenta, y las notas bajas de un  cantante pueden resultarle del todo inaudibles.
Ello es así porque los grados de audición en la golondrina no corresponden a los del ser humano. Como tantas de las criaturas que nos rodean, la golondrina posee cinco sentidos: vista, oído, olfato, gusto y tacto.
Sin
embargo, el desarrollo de los mismos depende de la vida de cada especie.
En los pájaros el sentido de la vista ha adquirido un alto grado de perfección. El milano, que vuela a gran altura y se alimenta de presas tan pequeñas como lagartos y escarabajos, posee una visión ocho veces s aguda que la humana.
Por otro lado, los animales que cazan siguiendo rastros tienen a menudo vista deficiente pero fino sentido del olfato. Los perros, por ejemplo, ven un mundo empañado y monocromo de sombras grises, pues su visión es pobre y apenas distinguen el color.
Pero entre el olfato del perro y el del hombre hay la misma diferencia que entre
una orquesta bien concertada y una flauta de feria. Un perro alsaciano posee 220 millones de células olfativas y el hombre sólo 5 millones. Los experimentos demuestran
que aquél detecta los olores un millón de veces mejor que éste.
Ello no significa que el olfato en el hombre sea un sentido rudimentario. La mayoría de nosotros estamos equipados con un órgano olfativo mucho más sensible de lo que modernamente nos es necesario. El ser
humano medio es capaz de distinguir más de 10.000 olores diferentes, y podría detectar la presencia de una gota de almizcle en una gran sala de conciertos.

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