Áglae, en la mitología grecorromana, una de las tres Gracias (o Cárites). Junto con sus hermanas Eufrósine ('placer y alegría') y Talía ('la que lleva flores'), Áglae ('resplandor') pertenecía a una tríada de deidades femeninas que eran veneradas como espíritus de la vegetación en la antigua Grecia y fueron adoptadas después en la mitología romana. Eran hijas de Zeus y de la ninfa del mar Eurínome, hija del Océano, y vivían en el monte Olimpo con los demás inmortales. Su tarea era servir a Afrodita, diosa del amor sexual. Las Gracias están relacionadas con otras hijas de Zeus, las nueve Musas (deidades de las artes y de la inspiración) y con las tres Estaciones (u Horas, Horae). Pueden también ser relacionadas con el motivo de la “triple diosa” que se repite en muchas tradiciones mitológicas diferentes. Según dicen, la más joven de las Gracias, Áglae, era la más hermosa.
Blog de hechos asombrosos e inauditos; el maravilloso cuerpo humano, tecnología de punta, la asombrosa naturaleza, el espacio y los increibles cuerpos celestes, hechos y cosas que asombran al mundo.
La asombrosa Adoración del fuego
Adoración del fuego, devoción religiosa del fuego como un elemento divino o sagrado. Al igual que la adoración del sol, de la que no siempre se puede distinguir, la veneración del fuego es una de las primeras manifestaciones de carácter religioso. La llama puede ser en sí misma objeto de adoración o puede ser considerada como la expresión material de una divinidad o espíritu del fuego.
En casi todas las mitologías se hace referencia a cómo llegó el fuego a la humanidad. Así, se dice que el titán griego Prometeo robó la preciosa llama del monte Olimpo, residencia de los dioses o que encendió una antorcha con los rayos inflamados que emitía el carro del dios del sol Febo. Una leyenda de las islas Cook, en el Pacífico Sur, cuenta el descenso del héroe Maui al mundo terrenal cuando aprendió el arte de hacer fuego frotando dos trozos de madera. Los primeros habitantes de las islas Carolinas creían que los mortales recibieron el fuego de los dioses a través del pájaro Mwi, que lo trajo a la tierra en su pico y lo escondió entre los árboles; la gente consiguió entonces el fuego frotando dos trozos de madera. Las tribus indígenas de América, al igual que las tribus de África occidental rendían homenaje a ancestrales espíritus del fuego; así, los aztecas de México daban las gracias en su culto al rey del fuego Xiuhtecuhtli, que se parecía a su dios del sol; los incas del Perú adoraban también a un dios del sol. Varios pueblos semitas aplacaban la ira de su dios del fuego Moloc con el sacrificio de su primer hijo y los egipcios y otros pueblos del Viejo Mundo hacían oblaciones rituales a sus respectivos dioses del fuego. La adoración del fuego ocupó una posición central en los ritos religiosos de los primeros pueblos indoeuropeos. Entre los prehindúes, el sacrificio al fuego era uno de los primeros actos de la devoción de la mañana y los himnos entonados en honor del dios del fuego Agni eran más numerosos que los que dedicaban a cualquier otra divinidad. Los cultos griegos a Hestia, diosa del hogar, y a Hefaistos, dios del fuego (al igual que sus correspondientes latinos Vesta y Vulcano) eran características integrantes de la religión de la época clásica. La adoración del sol también fue práctica general entre los antiguos pueblos eslavos, y los celtas oraban a Bridget, diosa del fuego, el hogar y la fertilidad.
La adoración del fuego, sin embargo, tuvo su mayor desarrollo en la antigua Persia, donde desde los primeros tiempos el cuidado ceremonioso de la llama fue la característica principal del zoroastrismo. Se creía que el fuego era la manifestación terrenal del Divino, la luz divina. La palabra utilizada para designar al sacerdote en la religión zoroastrista es athravan, 'que pertenece al fuego'. La conquista de Persia por los musulmanes supuso la extinción de la llama sagrada en los templos persas, y cuando los parsis huyeron hacia la India, el fuego sagrado que se llevaron con ellos era tanto un signo de su nacionalidad como el emblema de su fe.
En estrecha relación con la adoración del fuego está la ceremonia religiosa de caminar sobre el fuego. Practicada por muchos pueblos en todas las épocas, todavía se lleva a cabo en Tahití, Trinidad, islas Mauricio y Fiji, la India y Japón. La ceremonia consiste en que un sacerdote y otros celebrantes andan descalzos sobre grandes piedras que han sido calentadas sobre un lecho de leños ardientes. Se han dado varias explicaciones, ninguna de ellas totalmente satisfactoria, del porqué los que andan sobre el fuego no sufren quemaduras ni dolor. Algunos estudiosos han afirmado que un éxtasis religioso en los celebrantes produce una insensibilidad temporal al dolor. Se dice que en la antigüedad, sobre todo en la India, el rito consistía en pasar entre las llamas en vez de andar sobre ellas. Hay quien cree que los participantes podían ser capaces de avanzar entre las llamas sin ser alcanzados por ellas.
El asombroso Orfismo
Mosaico de Orfeo
Orfeo, legendario héroe mitológico griego, toca la lira para una audiencia formada por varios animales. El mosaico proviene de Tarsus (Turquía) y está fechado en el siglo III d.C.
Orfismo, en la religión clásica, culto místico de la antigua Grecia, que se creía fundado en los escritos del legendario poeta y músico Orfeo. Pasajes poéticos fragmentarios, que incluían inscripciones en tablillas de oro encontradas en las sepulturas de los adeptos órficos desde el siglo VI a.C., indican que el orfismo se basaba en una cosmogonía centrada en el mito del dios Dioniso Zagreo, el hijo de las divinidades Zeus y Perséfone. Furioso porque Zeus deseaba hacer a su hijo soberano del universo, los celosos titanes desmembraron y devoraron al joven dios. Atenea, diosa de la sabiduría, fue capaz de recuperar su corazón, que llevó a Zeus, quien se lo comió y dio nacimiento a un nuevo Dioniso. Zeus castigó después a los titanes destruyéndolos con su rayo y, de sus cenizas, creó la raza humana. Como consecuencia de ello, los seres humanos tienen una naturaleza dual: el cuerpo terrestre era la herencia de los titanes nacidos de la tierra; mientras que el alma derivaba de la divinidad de Dioniso, cuyos restos se mezclaron con los de los titanes.
Según los principios del orfismo, los seres humanos se esfuerzan por librarse del elemento titánico, o representación del mal, propio de su naturaleza, y buscarían preservar lo dionisíaco, o divino, naturaleza de su ser. El triunfo del elemento dionisíaco se puede conseguir siguiendo los ritos órficos de purificación y ascetismo. Según esta religión, a través de una larga serie de reencarnaciones, los seres humanos se preparan para la vida después de la muerte. Si han vivido en el mal, serán castigados, pero si han vivido en la santidad, después de su muerte sus almas se liberarán completamente de los elementos titánicos y se reunirán con la divinidad.
jueves, 24 de febrero de 2011
La asombrosa Esfinge
Egipto: la Esfinge y las pirámides
La misteriosa Esfinge, con cuerpo de león y cabeza humana, y la perfecta simetría de las pirámides de Gizeh son símbolos mundialmente conocidos del antiguo Egipto. La más antigua de las tres pirámides se construyó alrededor del 2600 a.C. Todas tienen cámaras funerarias. La imponente estatua de la Esfinge se construyó con gigantescos bloques de caliza hace más de 4.000 años.
Esfinge, en la mitología griega, monstruo con cabeza y pechos de mujer, cuerpo de león y alas de ave. Acuclillada en una roca, abordaba a todos los que iban a entrar a la ciudad de Tebas planteándoles el siguiente enigma: “¿Qué es lo que tiene cuatro pies por la mañana, dos a mediodía y tres por la noche?”. Si los interpelados no resolvían el enigma, ella los mataba. Cuando el héroe Edipo lo resolvió respondiendo: “El hombre, que gatea al poco de nacer, camina sobre dos piernas cuando es adulto y anda con la ayuda de un bastón cuando llega a la vejez”, Esfinge se suicidó. Por haberlos librado de este monstruo terrible, los tebanos convirtieron a Edipo en su rey.
En el antiguo Egipto, las esfinges eran estatuas que representaban a divinidades, con el cuerpo de león y la cabeza de algún otro animal o humana, frecuentemente una réplica del rey. La más famosa de las esfinges egipcias es la Gran Esfinge de Gizeh, cerca de las pirámides. Data del año 2500 a.C. y mide unos 20 m de altura y aproximadamente 73 m de largo.
miércoles, 23 de febrero de 2011
La asombrosa Mitología romana
Mitología romana, creencias, rituales y otras prácticas concernientes al ámbito sobrenatural que sostenía o realizaba el antiguo pueblo romano desde el periodo legendario hasta que el cristianismo absorbió definitivamente las religiones del Imperio romano a principios de la edad media.
Las religiones primitivas romanas se modificaron tanto por la incorporación de nuevas creencias en épocas posteriores, como por la asimilación de gran parte de la mitología griega. Así pues, la religión romana se consolidó antes de que comenzase la tradición literaria, por lo tanto, los primeros escritores romanos que se ocuparon de ella desconocían sus orígenes en la mayor parte de los casos, tal como el polígrafo del siglo I a.C. Marco Terencio Varrón. Otros escritores, como el poeta Ovidio en sus Fastos, con una gran influencia de los modelos alejandrinos, incorporaron creencias griegas para llenar los vacíos de la tradición romana.
| 2 | DIOSES DEL PUEBLO ROMANO |
El ritual romano distingue claramente dos clases de dioses, los di indigetes y los di novensides o novensiles. Los indigetes eran los dioses nacionales protectores del Estado y los títulos de los primeros sacerdotes, así como las festividades fijas del calendario, indicaban sus nombres y naturaleza; treinta de esos dioses eran venerados en festivales especiales. Los novensides fueron divinidades posteriores cuyos cultos se introdujeron ya en el periodo histórico. Las primeras divinidades romanas incluían, además de los di indigetes, una serie de dioses, cada uno de los cuales protegía una actividad humana y cuyo nombre se invocaba cuando se ejecutaba dicha actividad, la cosecha, por ejemplo. Fragmentos de un viejo ritual que acompañaba actos tales como arar o sembrar revelan que en cada fase de la operación se invocaba una divinidad diferente, cuyo nombre derivaba regularmente del verbo correspondiente a la acción que se realizaba. Esas divinidades pueden agruparse bajo el término general de dioses auxiliares o subalternos, a quienes se invocaba junto con las divinidades mayores. El primitivo culto romano no era tanto politeísta como polidemonista: adoración a los seres invocados por sus nombres y funciones, y el numen o poder de cada divinidad se manifestaba de maneras muy especializadas.
El carácter de los indigetes y sus festivales muestran que el primitivo pueblo romano no era sólo una comunidad agrícola sino que también practicaba la lucha y la guerra. Los dioses representaban claramente las necesidades prácticas de la vida cotidiana, tales como las sentía la comunidad romana a la cual ellos pertenecían. Estaban escrupulosamente acordados los ritos y las ofrendas que se consideraban adecuadas. Así, por ejemplo, Jano y Vesta guardaban las puertas y el hogar, los lares protegían el campo y la casa, Pales, los ganados, Saturno, la siembra, Ceres, el crecimiento de los cereales, Pomona, los frutos, y Consus y Ops, las cosechas. Hasta el majestuoso Júpiter, el soberano de los dioses, era venerado por la ayuda que sus lluvias podían dar a las granjas y a los viñedos. En un sentido más amplio se le consideraba como el que tenía el poder sobre el rayo, era el encargado de regir la actividad humana y, dado su poder omnímodo, protegía a los romanos en sus actividades militares en las fronteras de su propia comunidad. En los primeros tiempos sobresalían los dioses Marte y Quirino, a menudo identificados entre sí. Marte era un dios protector de los jóvenes y de sus actividades, especialmente de la guerra; se lo honraba en marzo y en octubre. Los modernos investigadores piensan que Quirino era el patrono de la comunidad armada en tiempo de paz.
A la cabeza del panteón más antiguo estaba la tríada formada por Júpiter, Marte y Quirino (cuyos tres sacerdotes, o flamines, pertenecían a la jerarquía más alta), y Jano y Vesta. Estos dioses tenían en los primeros tiempos una individualidad poco definida, y sus historias personales carecían de bodas y genealogías. A diferencia de la mitología griega, no se consideraba que los dioses actuaran como los mortales, por lo que no existen muchos relatos de sus actividades. Este culto, más antiguo, se asociaba con Numa Pompilio, el segundo rey legendario de Roma, cuya consorte y consejera, según se creía, era la diosa romana de las fuentes y de los partos, Egeria. Sin embargo, se añadieron nuevos elementos en una fecha relativamente temprana. La leyenda asignaba a la casa real de los Tarquinos el establecimiento de la gran tríada capitolina: Júpiter, Juno y Minerva, quienes poseían el lugar supremo en la religión romana. Otras incorporaciones fueron el culto de Diana en el Monte Aventino y la introducción de los Libros Sibilinos, profecías sobre la historia del mundo que, según la leyenda, obtuvo Tarquino a finales del siglo VI a.C. de la Sibila de Cumas.
| 3 | INCLUSIÓN DE OTRAS DIVINIDADES |
La absorción de los dioses nativos de los países vecinos se produjo cuando Roma conquistó el territorio circundante. Los romanos solían dar a los dioses locales del territorio conquistado los mismos honores que a los suyos propios. En muchas ocasiones, se invitaba a las divinidades recién asimiladas a mudar su residencia a nuevos santuarios en Roma. Además, el crecimiento de la ciudad atrajo a los extranjeros, a quienes se les permitió continuar el culto de sus propios dioses. Junto con Cástor y Pólux, gracias a este proceso de asimilación cultural, parecen haber contribuido al panteón romano Diana, Minerva, Hércules, Venus, y otras divinidades de menor rango, algunas de las cuales eran romanas y otras procedían de Grecia. Las diosas y dioses romanos importantes acabaron identificándose con las diosas y dioses griegos más antropomorfos, cuyos atributos y mitos también se incorporaron.
| 4 | FESTIVIDADES RELIGIOSAS |

Rómulo y Remo
Rómulo y Remo fueron abandonados para que se ahogasen en las orillas del Tíber. Allí los encontró una loba, que se los llevó, amamantó y crió. Ya adultos, los hermanos regresaron al lugar donde habían sido abandonados y allí fundaron la ciudad de Roma. El 21 de abril, los romanos celebraban la fiesta de la Parilia, hoy llamada Natalis Romae, o nacimiento de Roma, para conmemorar la fundación de la ciudad por los dos hermanos.
El calendario religioso romano reflejaba la hospitalidad de Roma ante los cultos y divinidades de los territorios conquistados. Originalmente eran pocas las festividades religiosas romanas. Algunas de las más antiguas sobrevivieron hasta finales del imperio pagano, preservando la memoria de la fertilidad y los ritos propiciatorios de un primitivo pueblo agrícola. Sin embargo se introdujeron nuevas festividades que señalaron la naturalización de los nuevos dioses. Llegaron a incorporarse tantas fiestas que los días festivos eran más numerosos que los de trabajo. Entre las festividades religiosas romanas más importantes figuraban las saturnales, las Lupercales, las Equiria y los Juegos Seculares.
Bajo el Imperio, las saturnales se celebraban durante siete días, del 17 al 23 de diciembre, durante el periodo en el que comienza el solsticio de invierno. Toda la actividad económica se suspendía, los esclavos quedaban transitoriamente libres, había intercambio de regalos y predominaba un ambiente de alegría. Las Lupercales era una antigua fiesta en la que originalmente se honraba a Luperco, un dios pastoril de los ítalos. La festividad se celebraba el 15 de febrero en la gruta del Lupercal en el monte Palatino, donde se suponía que una loba había amamantado a los legendarios fundadores de Roma, los gemelos Rómulo y Remo. Entre las leyendas romanas vinculadas con ellos se encuentra la de Fáustulo, el pastor que se suponía que había descubierto a los niños en la guarida de la loba y los había llevado a su casa, donde los crió su mujer Aca Larentia.
Las Equiria, festival en honor de Marte, se celebraba el 27 de febrero y el 14 de marzo, tradicionalmente la época del año en la que se preparaban nuevas campañas militares. En el Campo de Marte se hacían carreras de caballos que definían claramente la celebración.
Los Juegos Seculares, que incluían tanto espectáculos atléticos como sacrificios, se realizaban a intervalos regulares, tradicionalmente sólo una vez en cada saeculum, o siglo, para señalar el comienzo de uno nuevo. La tradición, no obstante, no siempre se respetaba.
| 5 | TEMPLOS ROMANOS |
La arquitectura de los templos romanos, así como su número total, también refleja la receptividad de la ciudad a todas las religiones del mundo conocido. El templo de Isis y Serapis en el Campo de Marte, construido con estilo y materiales egipcios para albergar el culto helenizado de la deidad egipcia Isis, es representativo de la heterogeneidad de los monumentos religiosos romanos. Los templos de Roma más dignos de mención eran el templo de Júpiter Capitolino y el Panteón. El templo de Júpiter Capitolino, en el monte Capitolino, estaba dedicado en el 509 a.C. a Júpiter, Juno y Minerva. Construido originalmente en estilo etrusco, fue reconstruido o restaurado varias veces bajo el imperio y destruido finalmente por los vándalos en el 455 d.C. El Panteón fue construido desde el 117 al 138 d.C. por el emperador Adriano y dedicado a todos los dioses; este edificio reemplazaba a un templo más pequeño que había construido Marco Agripa. El Panteón se convirtió en iglesia cristiana en el 607 es ahora un monumento nacional italiano.
| 6 | DECADENCIA DE LA RELIGIÓN ROMANA |
La traslación de las cualidades antropomórficas de los dioses griegos a la religión romana y, tal vez aún más, el predominio de la filosofía griega entre los romanos cultos, produjo su desinterés cada vez mayor por los viejos ritos, hasta tal punto que en el siglo I a.C. los oficios sacerdotales antiguos prácticamente desaparecieron. Muchos hombres cuyo origen patricio los habilitaba para estas tareas no creían en los ritos, y si los practicaban era por interés político, y la masa del pueblo inculto fue aceptando cada vez más los ritos extranjeros. Sin embargo, los cargos de pontífice y de augur siguieron siendo cargos políticos codiciados.
El emperador Augusto emprendió una completa reforma y restauración del antiguo sistema, y él mismo llegó a ser miembro de todas las órdenes sacerdotales. Aunque los primeros rituales habían tenido poco que ver con la moralidad —entendida como una relación práctica con poderes ocultos en la que los individuos servían a los dioses y recibían a cambio seguridad—, sí produjeron una disciplina piadosa y religiosa y, por tanto, Augusto los consideró una salvaguarda contra cualquier desorden interno. Durante este periodo, la leyenda de la fundación de Roma por el héroe troyano Eneas cobró una gran fuerza gracias a la publicación de la Eneida por Virgilio.
A pesar de las reformas instituidas por Augusto, la religión romana en el Imperio tendió cada vez más a centrarse en la Casa imperial y, en consecuencia, los emperadores fueron divinizados después de su muerte. Esta divinización había comenzado incluso antes del establecimiento del imperio con Julio César. Los emperadores Augusto, Claudio, Vespasiano y Tito también fueron divinizados y, después del reinado (96-98 d.C.) de Marco Coceyo Nerva, muy pocos emperadores no recibieron esa distinción.
Durante el Imperio se hicieron populares y se extendieron mucho numerosos cultos extranjeros, tales como el de la diosa egipcia Isis y el del dios persa Mitra, que en algunos aspectos era similar al cristianismo. A pesar de las persecuciones que se extendieron desde el reinado de Nerón hasta el de Diocleciano, el cristianismo fue ganando adeptos y se convirtió en una religión oficialmente tolerada en Roma bajo Constantino el Grande, quien gobernó como único emperador desde 324 hasta 337. Todos los cultos paganos se prohibieron en 392 por un edicto del emperador Teodosio I.
El asombroso Kukulcán
El Castillo, Chichén Itzá
El Castillo o templo de Kukulcán, versión maya del dios azteca Quetzalcóatl, es la pirámide más alta y monumental de Chichén Itzá. Ocupa unos 4.000 m2 de superficie, consta de 9 cuerpos y está coronada por un templo de estilo maya. Muy cerca se encuentra situado el grupo de las Mil Columnas, conjunto de monumentos de piedra, de forma cilíndrica y alargada, en su mayoría esculpidos.
Kukulcán, en la mitología maya, el dios de los vientos y de la respiración; su nombre, ‘serpiente emplumada’, le relaciona con el dios azteca Quetzalcóatl. En el Castillo de los restos arqueológicos de Chichén Itzá se le puede observar como una serpiente que desciende en los vértices del edificio en forma de columnas de aire durante los solsticios.
Kukulcán, también como Quetzalcóatl, es, según las crónicas mayas, el conquistador que llegó a Yucatán por el mar desde el Oeste, hacia finales del siglo X, y se convirtió en caudillo y fundador de una civilización. De la fusión de los dos mitos, Kukulcán aparece como el señor del viento porque rige y gobierna la nave que le condujo a Yucatán y al pueblo que fundó.
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