Los asombrosos Códices precolombinos



Códice de Madrid
Escrito sobre papel de fibra de corteza de copó, es una sola tira de 7,15 m de largo doblada a modo de biombo, sobre la que hay pintados jeroglíficos de carácter religioso y mágico. El Códice de Madrid o Códice Tro-Cortesiano, también llamado Matritense, contiene fórmulas adivinatorias que utilizaban los sacerdotes mayas para predecir acontecimientos futuros. Fue descubierto en España en dos fragmentos: el más grande pertenecía a Juan de Tro y el menor a José Ignacio Miró, quien lo bautizó "cortesiano" en honor al conquistador de México, Hernán Cortés. Se custodia en el Museo de América, situado en la capital de España, de la que recibe su principal denominación.

Códices precolombinos, manuscritos pintados utilizados por los pueblos prehispánicos de Mesoamérica (olmecas, teotihuacanos, mayas, aztecas, etc.), formados por una escritura de carácter logosilábico, es decir, basada en signos logográficos (que designan palabras) y fonéticos (transcriben sílabas), o alfabéticos. El nombre de códice o codex es aplicado, siguiendo la nomenclatura habitual del medioevo europeo, por mexicanistas y mesoamericanistas (arqueólogos o etnohistoriadores) de manera indiscriminada y general a cualquier manuscrito pintado —casi siempre mediante glifos— con una tradición explícitamente indígena.
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CARACTERÍSTICAS GENERALES
Las evidencias acerca de la existencia de manuscritos corresponden a todas las regiones de Mesoamérica, salvo el occidente del actual México, y aunque tenemos datos relativos al uso de la escritura desde finales del periodo preclásico, es en el periodo clásico (300-900 d.C.) cuando este tipo de evidencias se generaliza y es posible que la tradición de elaborar códices pueda remontarse a ese periodo, aunque los que han llegado hasta nosotros pertenezcan en su mayoría al posclásico (900-1521) y al momento mismo del contacto entre indígenas y europeos.
En época precolombina, los indígenas realizaban sus libros en papeles hechos con fibras vegetales procedentes del amate y el maguey, en pieles curtidas de animales como el ciervo o el jaguar y en lienzos de algodón. El formato más común era el de biombo o acordeón, consistente en una larga tira que se doblaba y plegaba de esa manera. Se añadían, normalmente, unas tapas de madera forradas de piel, por lo que en el aspecto exterior, cuando se hallaban plegados, no diferían mucho de los libros europeos. Una vez abiertos podían alcanzar varios metros de longitud, conociéndose en la actualidad ejemplares que miden más de 14 metros. Debieron existir muchos en época prehispánica, pero la sistemática destrucción llevada a cabo por clérigos, funcionarios y militares, así como su ocultación por parte de los indígenas, han hecho que tan sólo se conserven unos pocos.
Los mesoamericanos reflejaban en sus libros la historia, la geografía, la genealogía, la economía, la ciencia y la religión. La educación de un noble daba una gran importancia al conocimiento de la historia, la mitología y la poesía. Debían aprender a leer y escribir, y eso incluía la composición de poemas, discursos y canciones. El señor universal entre los aztecas era llamado huey tlatoani (‘gran orador’). Estos conocimientos estaban recogidos en sus libros. Gran parte de la literatura precolombina que conocemos nos ha llegado a través de transcripciones al alfabeto latino que se hicieron en el siglo XVI, pero otra parte se encuentra en los códices, cuyo desciframiento va progresando hacia una perfecta lectura. Tras la conquista española, la administración colonial y religiosa continuó permitiendo e incluso desarrollando este tipo de escritura basada en logogramas, tanto por su utilidad comunicativa y económica como para el conocimiento de las antigüedades indígenas, favoreciendo así su evangelización, pero el formato de los libros tendió hacia los cánones europeos de encuadernación y composición por folios y páginas.
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PRINCIPALES CÓDICES
Códice Borbónico
En esta reproducción de una de las partes del denominado Códice Borbónico aparecen los dioses aztecas Tezcatlipoca y Quetzalcóatl, éste en forma de serpiente verde que devora a un hombre. La importancia del sacrificio humano en la religión azteca, así como la leyenda de que Quetzalcóatl, el dios desterrado por Tezcatlipoca, volvería para dirigir a los aztecas, quedan aquí manifiestas.

Se han conservado pocos códices prehispánicos, pero la técnica se continuó empleando durante la época colonial. En el título de los códices mesoamericanos el nombre de códice va unido al de sus antiguos propietarios o poseedores (Códice o Codex Borgia), de sus descubridores (Códice Tudela), de sus patronos (Códice Baranda), de su supuesta procedencia (Códice Tlatelolco) o de la localidad donde se conservan (Códice de Madrid). Otros términos utilizados como sinónimos de códice son los de mapa, pintura, tira, biombo, rollo y lienzo. El número de códices que pueden ser considerados prehispánicos es difícil de establecer, ya que no todos los autores están de acuerdo en su número. Aun así podemos referir los siguientes: cuatro códices mayas, los de París, Dresde, Madrid y Grolier; en la zona central de México, el Tonalamatl Aubin, el Códice Borbónico, la Tira de la Peregrinación y la Matrícula de Tributos; el denominado Grupo Borgia está formado por el Codex Borgia, el Codex Cospi, el Codex Fejérváry-Mayer, el Codex Laud y el Codex Vaticanus; por último, el grupo de Oaxaca occidental lo constituyen el Manuscrito Aubin nº: 20, el Codex Becker nº: 1, el Codex Bodley, el Codex Colombino, el Codex Nuttal y el Codex Vindobonensis. Aunque hay algunos de estos códices que se leen verticalmente, para la mayor parte hay que hacerlo en sentido horizontal, de izquierda a derecha o de derecha a izquierda, siguiendo, generalmente, por el lado reverso en sentido contrario. La lectura de cada página es variable, pero, especialmente en los códices de Oaxaca, los glifos forman líneas que en varias ocasiones se leen como en meandro, de arriba a abajo y al revés, dando vuelta en aquellos lugares donde no hay separación lineal. Del conjunto de documentos que se conocen hay veinticinco en formato de biombo. Once proceden de Oaxaca, cinco son los códices del Grupo Borgia; dos proceden del actual estado de Guerrero, cuatro del área maya, y además tienen esta forma el Tonalamatl Aubin, el de Tlaxcala y los códices Borbónico y Boturini, así como la Tira de Tepexpan, del valle de México.

Códice Boturini
La imagen reproduce una lámina del Códice Boturini que hace referencia a la migración de los aztecas. Dicho códice se encuentra en el Museo Nacional de Antropología, en la ciudad de México.

Las llamadas tiras son manuscritos pintados o dibujados sobre una larga tira de piel o de papel de amate, que puede doblarse o enrollarse y se lee de manera muy diversa. Entre ellas merece la pena destacar los códices Baranda y Moctezuma. Los rollos son tiras que no han sido dobladas, sino enrolladas, ya que cuando se pliegan pierden su carácter de rollo. Entre los más conocidos destacan el Rollo Seldem y el Codex Tulane. Los lienzos son trozos, generalmente de gran tamaño, de tela hecha de algodón, fibra de maguey y otros materiales. Debido a su volumen, suelen estar hechos mediante la unión de varios trozos. Si bien todos los lienzos conocidos son de época colonial, es bastante probable que fuera un formato ya usado en época prehispánica, aunque, debido a los materiales, no se ha conservado ninguno.

martes, 1 de marzo de 2011

El asombroso Cantar de los nibelungos



La muerte de Gunther
Gunther era el rey burgundio, primero amigo y luego enemigo irreconciliable de Sigfrido. La esposa de Sigfrido y hermana de Gunther, Brunilda, urdió la muerte de su hermano porque éste había consentido el asesinato de Sigfrido. La talla de madera de la ilustración muestra a Gunther, arrojado a un foso de serpientes, tocando un instrumento de cuerda con los pies mientras espera la muerte .

Cantar de los nibelungos, poema épico medieval de autor desconocido, escrito en alto alemán medio a comienzos del siglo XIII en Austria. El poema contiene elementos de las mitologías escandinava y germánica y relata la historia temprana de Burgundia. Existen numerosas versiones del material contenido en el Cantar de los nibelungos. La principal es la epopeya islandesa conocida como Volsunga Saga, basada en elementos mitológicos y primitivos. El Cantar de los nibelungos, relata más elementos históricos. El compositor alemán Richard Wagner tomó partes de las dos versiones para su tetralogía operística El anillo del nibelungo, un poema profundamente trágico basado en el tema del destino y la transformación de la dicha en dolor.
El héroe del Cantar de los nibelungos es Sigfrido, un guerrero alemán. Sigfrido da muerte a dos jefes burgundios de la familia de los nibelungos y se apodera de su espada mágica, su tarnkappe, un manto que hace invisible a su portador, y sus reservas de oro, maldecidas por los burgundios en el momento de morir. A continuación se dirige a Worms, la capital de Burgundia, donde conoce a la hermosa Crimilda, hermana del rey Gunther, y se propone casarse con ella. Hagen, un astuto y perverso consejero de Gunther, decide apropiarse del tesoro de los nibelungos y comunica a Gunther y a sus hermanos que Sigfrido ha matado a otros monarcas burgundios y no es hombre de fiar. Sin embargo se gana la confianza de Gunther al ayudar a los burgundios en su batalla contra los sajones. Gunther consiente el matrimonio entre Sigfrido y Crimilda a condición de que éste le ayude primero a derrotar a Brunilda, reina de Islandia, que posee poderes mágicos y sólo ofrecerá su mano a quien consiga derrotarla en combate. Sigfrido y Gunther viajan hasta Islandia con el manto que los hace invisibles. Sigfrido derrota a Brunilda en una lucha cuerpo a cuerpo. Convencida de que es Gunther quien la ha abatido, Brunilda accede a casarse con él mientras Sigfrido se casa con Crimilda.
Hagen convence a Gunther para que le permita matar a Sigfrido, y obtiene el consentimiento del rey al destacar que, aunque Sigfrido no es más que un vasallo, es considerado por todos superior al propio rey. El odio de Gunther hacia Sigfrido crece cuando Brunilda descubre en parte que su matrimonio es fruto de un engaño. Hagen asesina a Sigfrido en el curso de una cacería real. Crimilda jura vengar la muerte de Sigfrido, pero no tiene ningún poder porque Hagen se apodera del tesoro de los nibelungos que Crimilda ha heredado y con el que se proponía formar un poderoso ejército. Hagen esconde el tesoro en un lugar secreto del Rin. Trece años más tarde, Crimilda se casa con Atila, rey de los hunos. Al cabo de unos años consigue atraer a Hagen, Gunther y sus seguidores hasta la corte de Atila, y los mata a todos. Crimilda es asesinada por un héroe alemán, Hildebrand, horrorizado por el asesinato de los burgundios. El tesoro de los nibelungos continúa enterrado en el fondo del Rin y Hagen se lleva a la tumba su secreto.
Aunque los sucesos y personajes del Cantar de los nibelungos están inspirados en remotos acontecimientos históricos, el poema los adapta al mundo cortesano y los sitúa en escenarios geográficos conocidos. Fue una de las epopeyas medievales germánicas más populares hasta el siglo XVI.

El asombroso Bochica



Bochica, en la mitología de los indios chibchas, héroe enviado por el dios creador Chimichagua para llevar la cultura a los chibchas, es decir, al género humano.
Llegó del Este y enseñó a los antepasados de los chibchas las leyes y la industria manufacturera. Una vez concluida su misión se marchó hacia el Oeste. Entonces una mujer incitó a los hombres para que abandonaran las estrictas enseñanzas y se entregaran a la lujuria. Bochica volvió y la convirtió en lechuza. Ésta, para vengarse, recurrió al dios Chibchacum, que mandó un diluvio sobre las tierras de los chibchas. De nuevo volvió Bochica con un arco iris cuyos rayos secaron las aguas. Chibchacum fue castigado a morar en el mundo subterráneo sujetando el mundo sobre sus hombros, lo que le relaciona con el titán Atlas de la mitología griega, que recibió el mismo castigo.

lunes, 28 de febrero de 2011

MARCHA ATRAS EN EL RELOJ DE LA NATURALEZA



Resucitan los animales de las pinturas rupestres


 
RENACER DE UNA ·ESPECIE. Mediante cruces, los hermanos Heck recrearon el tarpán, potro salvaje antecesor del caballo moderno.

RESES DE LOS BOSQUES. También recrearon el uro, bisonte de los bosques que cubrieron Europa hasta la Edad Media.



ERA el potro más insólito que aquellos dos zoólogos habían presenciado. Se tambaleaba sobre sus largas patas y su extraño aspecto producía en los
científicos la más viva satisfacción. En efecto, los zoólogos Heinz y Lutz Heck devolvían al mundo no un animal corriente, sino una criatura extinguida desde hacía cincuenta años.
Aquel potro poseía todas las características del tarpán salvaje, que en la Edad de Piedra fue antepasado del caballo actual. Estos animales, de color grisáceo, habían poblado praderas y bosques de Europa y Asia central hace miles de años. Después de muchos años de investigación, los hermanos Heck redactaron el siguiente informe: «Ha nacido un animal que ningún hombre podía esperar ver. Hemos conseguido nuestro primer caballo primitivo.»
Pronto aparecieron en el potro características inesperadas. A la llegada del invierno, su pelo se hizo blanco, exactamente igual que el del antiguo tarpán. Más adelante, al cabo de cinco generaciones, los animales presentaron otra particularidad que los hermanos Heck no habían
imaginado. Sus cascos se hicieron enormemente duros, mucho más que los de cualquier caballo actual, salvaje o doméstico.
Eran los cascos del tarpán que, aun sin llevar herraduras, no se gastaban, astillaban o agrietaban.
Los Heck -Heinz era director del zoo de Munich y Lutz del de Berlín- pensaban haber demostrado su teoría de que era
posible recorrer a la inversa la evolución y recrear animales extinguidos.


Corrección de los cambios

Lutz Heck explicó: «Partimos del principio de que ningún animal puede haberse extinguido si aún subsiste su constitución hereditaria. Esta constitución puede haberse cruzado con la de otros animales, puede'
haber experimentado cambios, pero, con la ayuda de nuestros actuales conocimientos de las leyes de la herencia, puede ser reconstruida en su aspecto primigenio. Pueden irse deshaciendo los cruces, y corrigiendo los cambios por medio de una selección conveniente.»
Los Heck continuaron el proceso iniciado por su padre que, cuando dirigía el zoológico de Berlín, había cruzado un íbice (una cabra salvaje) con cabras domésticas. Unas crías mostraban el color del íbice y otras el de sus madres. Pero algunas tenían el pelaje del bezoar, cabra salvaje de
Persia y antepasado primigenio de todas las cabras domésticas.

El último tarpán había muerto en cautividad en 1887 y, para reconstituir el animal, los hermanos Heck recorrieron muchas zonas de Europa, estudiando manuscritos medievales, restos fósiles, esqueletos, e incluso pinturas de caballos primitivos, realizadas hace unos 10.000 ó 30.000 años por el hombre paleolítico en las paredes de las cuevas francesas de Cap Blanc y Lascaux.

Hace unos 40 años, los .Heck utilizaron sementales procedentes de Polonia que descendían del tarpán. Los cruzaron cap yeguas domésticas cuidadosamente seleccionadas, procedentes de Islandia, Escocia y Escandinavia.

Cuando nacierori los primeros potros, los hermanos Heck buscaron entre ellos las características del tarpán, y volvieron a cruzar los ejemplares más adecuados. Heinz anunció: «En el segundo cruce ha surgido nuestro fabuloso potro.»

Hoy día existen manadas de tarpanes en los jardines zoológicos y reservas de Europa y Estados Unidos.

Valiéndose de la misma técnica, los Heck se dedicaron igualmente a recrear uros, espléndidos antepasados del actual ganado vacuno. El uro, que pesaba cerca de una tonelada, se extinguió en el siglo XVII. Al cabo de diez años nació un ternero con todas las características del uro. Actualmente existe un magnífico rebaño de uros en el zoológico de Munich.

Gracias a los hermanos Heck, el antiguo tarpán y el primitivo uro han vuelto a la vida.



PINTURAS PREHISTORICAS. Artistas paleolíticos decoraron las paredes de la cueva de Lascaux, en Francia, hace de 10.000 a 30.000 años. Dejaron constancia de importantes detalles que utilizaron los hermanos alemanes Heinz y Lutz Heck para recrear los caballos y reses que en otro tiempo vagaron por Europa y Asia central. El tarpán (a la izquierda) y el uro (a la derecha), que aparecen abajo, han vuelto a la existencia.



EN 1938 unos pescadores que faenaban en el océano Índico, junto a las costas de África del Sur, extrajeron en sus redes un extraño pez, de color azul metálico, que medía cerca de 1,80 m. Estaba protegido por gruesas escamas y dotado de unas aletas fuertes y carnosas que probablemente utilizaba para caminar por el fondo del mar. El ejemplar fue llevado ante un eminente especialista en biología marina, el profesor J. L. B. Smith, quien  comentó: «Mi asombro no hubiera sido mucho mayor de haber visto pasear por la calle a un dinosaurio.» En efecto, el pez era un celacanto, animal que
hasta entonces sólo era conocido en estado fósil. Pero este fósil se encuentra en rocas de 400 millones de años de antigüedad, es decir, anteriores a los dinosaurios en 200 millones de años.

El examen de estos peces (otros ejemplares han sido, capturados en la última década) demuestra que apenas difieren de sus antepasados fósiles. Sus corazones son más primitivos que los de cualquier otro vertebrado y su masa encefálica sólo pesa quince mil veces menos que su cuerpo.


domingo, 27 de febrero de 2011

El increíble y fuerte Áyax, hijo de Telamón



Áyax, hijo de Telamón, en la mitología griega, poderoso guerrero que combatió en la guerra de Troya. Era hijo de Telamón, rey de Salamina, y condujo a las fuerzas de esta isla hacia Troya. Un hombre corpulento, lento en el hablar pero veloz en la batalla, Áyax fue llamado “baluarte de los aqueos” por Homero. Encolerizado por no habérsele concedido la armadura del difunto Aquiles, Áyax decidió matar a los jefes griegos Agamenón y Menelao. Para protegerlos, la diosa Atenea golpeó con violencia a Áyax, que acabó con su vida   clavándose su propia espada.

La asombrosa Arcadia



Arcadia (mitología), región en la parte central del Peloponeso, Grecia. En la mitología griega era la residencia de Pan, dios de la naturaleza y patrono de los pastores, y el centro de su culto. En la literatura posterior se convirtió en pretexto de evocaciones poéticas de la vida pastoril. Mientras que el terreno real de la Arcadia es áspero y montañoso, el paisaje idealizado es ameno y fértil, donde vive una comunidad incontaminada de pastores y deidades rústicas. El primero en expresar las cualidades de esta Arcadia imaginaria fue el poeta romano Virgilio en sus Églogas, donde las vidas sencillas de los habitantes de la Arcadia aparecen en estrecha armonía con la naturaleza. Virgilio era consciente del contraste entre el paisaje real y el idealizado de la Arcadia, pero los escritores y artistas del renacimiento que retomaron posteriormente el tema no conocían la Arcadia como lugar real y se convirtió en el motivo de la visión ilusoria de una existencia inocente y sin artificios, situada en un pasado clásico al que no alteraban los conflictos de la vida contemporánea o —a diferencia del bíblico jardín del Edén— las coerciones de la moralidad judeocristiana.
En la Europa del siglo XVI, la Arcadia aparecía con frecuencia en la literatura en obras tales como Arcadia (1504), del escritor napolitano Iacopo Sannazzaro, y La Arcadia (versiones escritas en 1581 y 1583-1584), del cortesano, poeta y soldado inglés sir Philip Sidney. Desde el siglo XVII en adelante, la Arcadia se presenta a menudo en la literatura como un marco vagamente clásico para la poesía amatoria. En las pinturas de Nicolas Poussin y Claudio de Lorena, los cuales trabajaban en Italia, los asuntos clásicos suelen pintarse en un paisaje pastoril que debe mucho a las descripciones virgilianas de la Arcadia y su evocación de una edad de oro pastoril. Et in Arcadia Ego (Yo —es decir, la Muerte— también estoy en la Arcadia), de Poussin, muestra a un grupo de pastores que observa con curiosidad un ataúd que lleva esa inscripción, como advertencia de que aun una vida de inocencia natural no escapa a la mortalidad. Es importante la difusión que el motivo virgiliano y también la versión de Sannazzaro tiene en la literatura española: desde las variantes del tópico del locus amoenus o lugar ameno en su dimensión religiosa (Gonzalo de Berceo: "Iendo en romeria caeçí en un prado), hasta los ejemplos de novela pastoril (la Diana de Jorge de Montemayor), o sus conexiones con el mito de Hesíodo, que retoma Ovidio, de las cuatro edades, especialmente la más perfecta, la edad de oro, cuyo elogio pone Cervantes en boca de don Quijote quien, por otra parte, en la etapa final de sus aventuras, ya cansado, sueña con la Arcadia de los pastores y cree que tal vez sea mejor vida la de pastor que la de caballero. Importante también es el tópico del menosprecio de corte y alabanza de aldea en la obra de Fray Antonio de Guevara y el Beatus ille horaciano que reaparece en fray Luis de León en su “Oda a la vida retirada”.
En el periodo romántico (véase Romanticismo) la Arcadia, como lugar donde la naturaleza reina soberana, siguió siendo un poderoso motivo simbólico, asociado con el conflicto entre lo natural y lo nutritivo que impregna todos los aspectos del arte y la filosofía. En la moderna imaginación occidental, que no se aparta demasiado de la concepción clasicista de los siglos XVI a XIX, la Arcadia virgiliana se ha reducido a un sueño generalizado de felicidad y tranquilidad rural: como en la época de Virgilio, sin embargo, sigue siendo una fascinante alternativa ideal a la experiencia de la sociedad urbana.

Arcadia (región)
Arcadia (región), región del Peloponeso central de la antigua Grecia. Conocida como Arkadhía en griego moderno, la belleza de esta región montañosa fue reproducida por poetas griegos, romanos y renacentistas. De hecho, los griegos creían que los dioses escogieron Arcadia como escenario de sus danzas. Hoy Arcadia, que abarca un área de 4.419 km2, continúa atrayendo a muchos visitantes que acuden a deleitarse con los espléndidos paisajes de la región. La zona tiene clima mediterráneo y se caracteriza por unas precipitaciones de lluvia particularmente irregulares. Las montañas dominan el paisaje; entre ellas se extienden cuencas y llanos interiores, a veces cubiertos por vastos bosques de coníferas. En realidad, los límites actuales de Arcadia son menores que los de la antigua región. La bulliciosa ciudad de Trípoli es la capital de esta moderna región, y el centro de su industria turística. También es el centro de centro de comunicación terrestre en Arcadia, desde donde los visitantes exploran las sierras de Erimanthos, Menalo y Oliginto, la llamada “Suiza griega”.

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