LUCES VIVIENTES DEL REINO ANIMAL










Criaturas que producen su propia luz

LA luz sólo constituye el tres por ciento de la energía consumida por una
b
ombilla eléctrica; el noventa y siete por ciento restante se transforma en calor.
En el reino animal, la luciérnaga, diminuto mie
mbro del orden de los coleópteros, brilla en la oscuridad con el fin de atraer a su pareja. Dedica a esta función el noventa por ciento de su energía radiante, pues produce una luz casi totalmente desprovista de calor.
Las luciérnagas de ciertas zonas de Europa y América, así como los cocuyos de las regiones tropicales del Nuevo Mundo, producen su luz, mediante un proceso químico, en un órgano situado en el abdomen. La
sustancia llamada luciferina se combina con el oxígeno, en presencia de una enzima (luciferosa) para producir un vivo resplandor.
Estos insectos, colocados en linternas formadas por calabazas huecas y perforadas, se utilizaron en Brasil y en China como sistema "económico de iluminación. Con la luz de seis luciérnagas de regular tamaño puede
l
eerse sin dificultad un libro. Sin embargo, los ensayos para producir artificialmente «luz viva» o bioluminiscencia han resulta-
do más costosos que la forma
habitual de iluminación eléctrica.
El gusano de luz, perteneciente como la luciérnaga al orden de los colpteros, tambn produce luz mediante un proceso químico. El macho es áptero, es decir, carente de alas, y aloja en su abdomen dos diminutos órganos luminíferos. La hembra, parecida al gorgojo, posee también órganos luminíferos en los segmentos de la cola, y atrae al macho con su potente resplandor. Las larvas del gusano de luz sólo se vuelven luminiscentes ante un peligro. Su luz verdosa es más brillante que la de los individuos adultos.
Muchos animales marinos abisales se valen también de la bioluminiscencia, tanto para aparearse como para atraer a sus presas.
En las profundidades, las anémonas de mar, las esponjas, los crustáceos coralíferos, las gambas y los calamares producen su propia luz. Ciertos peces ofrecen alojamiento en su interior a colonias de bacterias luminiscentes que los iluminan desde dentro.
Generalmente
, el animal que las aloja dispone de medios para ocultar la luz cuando amenaza el peligro. Para ello reduce, al parecer, el suministro de oxígeno. El fotoblefaro, pez indonesio, muestra .un gran punto blanco debajo de cada ojo, rico en vasos sanguíneos saturados de bacterias. Oculta su luz con un pliegue negro de la piel que desciende sobre los puntos luminosos. El pez batisfera debe su nombre a las máculas luminosas de color azul pálido, situadas en sus costados, y que parecen ventanillas de una escafandra de buzo. Posee tentáculos de unos setenta cenmetros, con
puntas luminosas, que atraen a los peces de que se alimenta.        .'
Por otra parte, el pequeño pez destral emite de su cuerpo luces fantasmagóricas y verdosas, parecidas a una hilera de dientes, que alejan a los posibles enemigos mientras come su ración de plancton.
El pez linterna utiliza sus «botones» luminosos, azules, verdes o amarillos, situados a lo largo de su cuerpo, como señal para reconocer a su pareja, mientras el pez pescador se vale de cebos luminosos.

LUCES EN LA NOCHE. La lucrnaga macho
y la h
embra del gusano de luz poseen órganos luminíferos que emplean como señales.











BELLEZA DE LAS PROFUNDIDADES. Muchos peces abisales, como el Chauliodus, utilizan la luminiscencia para atraer a sus víctimas y llamar a sus parejas.



LUCES ERRANTES. Algunos peces como el Icthyococcus deben sus brillantes colores a sustancias luminíferas.







NUEVOS MIEMBROS QUE REEMPLAZAN A LOS VIEJOS
EN OTROS tiempos se cortaba en pedazos a las estrellas de mar y se las arrojaba de nuevo al agua. Se pensaba que habían muerto y ya no suponían un peligro para los criaderos de ostras y mejillones.
Sin embargo, lejos de perecer, las destrozadas estrellas de mar regeneraban nuevos brazos, de suerte que de cada animal surgían dos o más individuos.
Las estrellas de mar no son las únicas criaturas dotadas de la curiosa propiedad de reemplazar sus miembros. Los cangrejos y las langostas pueden recuperar la pata o la pinza que les rompieron en una pelea. El
gusano de tierra puede reemplazar su cabeza si pierde los primeros segmentos de su cuerpo. Las lagartijas pueden generar una
nueva cola en caso necesario.
Algunos de los animales más primarios tienen la facultad de recrear cuerpos completamente nuevos a partir de una diminuta parte del antiguo.
El gusano plano o platelminto vive tanto en el fondo del mar corno en agua
dulce, oculto entre el fango y las piedras.
Genera
lmente mide menos de tres centímetros y parece una pequeña sanguijuela. Si se le corta el rabo, el platelminto crea otro. Si pierde la cabeza la sustituye por otra. Si se corta un pedazo del centro de su cuerpo,
aparece con el tiempo una nueva cabeza y un nuevo rabo. La cabeza surge en la extremidad delantera y el rabo en la trasera, corno si el trozo «recordase» su situación.
Si la cabeza es seccionada longitudinalmente, cada mitad genera la parte suprimida, de suerte que el gusano plano acaba teniendo dos cabezas. Si en la cabeza se practican varios cortes y se impide que vuelvan a unirse, el resultado será un monstruo con numerosas cabezas.
Se puede enseñar a los platelrnintos a contraerse cuando se enciende una luz eléctrica. Unos gusanos que se contraían bajo
la lu
z eléctrica demostraron la misma habilidad después de ser cortados por la mitad y haber regenerado las partes seccionadas.
Incluso los rabos que haan regenerado nuevas cabezas se plegaron al encenderse la luz. A unos platelmintos hambrientos que no se contraían con la luz, se les alimentó con trozos de gusanos enseñados a responder bajo el foco. Los gusanos hambrientos «aprendieron» a reaccionar ante la luz mucho más rápidamente que otros alimentados con gusanos no enseñados. Fue corno si hubiesen comido la memoria de sus conneres.

domingo, 20 de febrero de 2011

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