Los Fenicios descubrieron África









AL SUR DEL SOL DEL MEDIODIA
Los fenicios rodearon África y lo demostraron



EL SOL, A NORTE Y SUR. Este mapa de Africa muestra la posición del Sol respecto al estrecho de Gibraltar y al cabo de Buena Esperanza. El Sol jamás aparece al norte del Trópico de ncer o al sur del de Capricornio. Desde el Mediterráneo se le ve al sur; desde el cabo de Buena Esperanza, al norte.



NADIE dio crédito a los fenicios cuando afirmaron, que 2.000 años antes de que los portugueses descubrieran el occidente de África, que habían rodeado con sus naves el Continente Negro, desde Suez hasta el estrecho de Gibraltar.

Fueron objeto de burla cuando insistieron en que al doblar el actual cabo de Buena Esperanza, el Sol del mediodía quedaba al norte. Todos los hombres instruidos de la antigüedad saan que el Sol aparecía siempre en la mitad sur del firmamento. Así ocurre, efectivamente, en el hemisferio boreal.

Hasta Herodoto, el gran historiador griego que 150 años más tarde reflejó el relato, desecha el suceso como una patraña. Pero la verdad es que los audaces fenicios realizaron el viaje que describieron. Y la prueba más convincente para los historiadores modernos es precisamente la afirmación que hizo creer a los antiguos que los fenicios mentían: el hecho de que dijeran ver el Sol a su derecha al mediodía, mientras navegaban hacia el oeste junto al cabo de Buena Esperanza.

La idea del faraón

Ni siquiera los fenicios pudieron adivinar que la posición relativa del Sol respecto a ellos sería totalmente distinta navegando al sur del Tpico de Capricornio que surcando el Mediterráneo. Nunca se les había pasado por la imaginación una historia tan peregrina si no la hubieran vivido.

El viaje de los fenicios se llevó a cabo hacia el año 600 antes de re. por iniciativa de un faraón de Egipto llamado Necho. El faraón deseaba hallar un camino marítimo desde el mar Rojo hasta Alejandría. En lugar de construir un canal a través del desierto (como haría Fernando de Lesseps 2.400 años más tarde, al abrir el canal de Suez), Necho penque el viaje no sería dicil si se sega la costa meridional africana hasta Marruecos.

Como Egipto no era un país de grandes navegantes, el farn contrató marinos y embarcaciones fenicias; en realidad un pequeño número de velas, cada una con 50 remeras. Les ordenó navegar desde el mar Rojo alrededor de Africa hasta las Columnas de Hércules, hoy conocidas como estrecho de Gibraltar.

Hacia lo desconocido

Los fenicios, pueblo de navegantes que vivía del comercio, recibieron con satisfacción la oportunidad de abrirse una nueva ruta hacia sus mercados occidentales que no atravesara las aguas dominadas por sus rivales los griegos. Pero ni ellos ni Necho po dían siquiera sospechar la magnitud del continente que se interpoa en su camino. Según la reconstrucción moderna del viaje, los fenicios partieron un mes de noviembre, y navegaron a fuerza de remo hasta el cabo Gardafui, en el extremo oriental de Africa. A continuacn, viraron al sudoeste y desplegaron las velas a los monzones.

Durante varios meses siguieron este rumbo junto a una costa absolutamente ignorada, esperando ansiosamente que en cualquier momento se desviara hacia el oeste y el norte y les abriera el regreso a sus hogares. Pero veían con angustia que la dirección de la costa no variaba.

En lugar de ello, advirtieron con preocupación que el Sol se deslizaba en el cielo, por la vertical de sus cabezas, hacia el norte de donde estaban. Su sistema de orientación diurna se había desbaratado. De noche, la estrella polar se les había acostado para siempre bajo el horizonte. Estaban a punto de abandonar la aventura cuando un día la costa se retiró hacia el oeste.
Continuaron camino alrededor del liso extremo meridional del continente, a lo largo de 800 kilómetros. En mayo, a los seis meses de su partida, doblaban el cabo de Buena Esperanza, mientras veían cómo por fin la
costa se desviaba de nuevo, esta vez hacia el norte.
Aliviados, los navegantes se detuvieron para plantar parte del trigo que llevaban consigo. En diciembre pusieron rumbo hacia su país con la cosecha, y de un día para otro el Sol ascendía más y más en el cielo.
Aún tardaron otros diez meses en rodear con grandes penalidades el enorme vientre noroccidental africano, y realizaron otra larga parada en la costa de Marruecos para reponer víveres. Por fin avistaron la conocida
imagen del estrecho de Gibraltar.
Los fenicios habían dedicado a la aventura dos inciertos años de sus vidas y habían escrito en el agua una estela de 26.000 kilómetros, cuando regresaban por España hacia Egipto, después de una hazaña que sería recibida con 2.000 años de incredulidad

viernes, 29 de abril de 2011

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