El asombroso Hombre de las cavernas









Hombre de las cavernas

Hombre de las cavernas o Cavernícola, término utilizado para designar al hombre o mujer de la prehistoria que vivió en cavernas o cuevas en distintas zonas del planeta. El hombre de las cavernas vivió en el periodo de la edad de piedra, que se inició, según algunas fuentes, hace unos 2,5 millones de años.
Las cuevas son refugios naturales que ofrecen cobertura y protección del viento, la lluvia y la nieve. Como sitios arqueológicos, resultan fáciles de localizar y presentan unas condiciones favorables para la conservación de sustancias normalmente perecederas como la materia ósea. Es por ello que su exploración arqueológica ha contribuido de forma significativa a la reconstrucción de la historia de la humanidad.
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VARIEDAD DE UTENSILIOS
Se han descubierto utensilios y herramientas muy diversas en cuevas de Francia, España, Bélgica, Alemania, Italia y Gran Bretaña. La relación entre estos restos y los esqueletos de especies animales extinguidas, como el oso de las cavernas y el tigre de colmillos afilados, pone de manifiesto la antigüedad de numerosos depósitos.
Las diferentes puntas de piedra y hueso descubiertas en las excavaciones atestiguan la importancia de la lanza hasta la aparición del arco y la flecha a finales de la era paleolítica, primera fase de la edad de piedra. Entre otros utensilios comunes se han encontrado rascadores de piedra para trabajar las pieles y la madera, los punzones de grabar y los cuchillos para despiezar y cortar. En el transcurso del paleolítico estas herramientas se fueron diversificando y perfeccionando. Las agujas de hueso, los arpones de púas y los lanzadardos estaban decorados con dibujos tallados. Asimismo, hay pruebas de la existencia de pendientes (aretes) de hueso y de collares de concha de mar. En las cuevas de Cro-Magnon y Vallonet (Francia) se encontraron los primeros fósiles de los habitantes del paleolítico superior. Véase Hombre de Cro-Magnon.
En más de 200 cuevas se han descubierto pinturas rupestres y grabados, sobre todo en España y en Francia, que tienen entre 25.000 y 10.000 años de antigüedad. Las pinturas, que suelen hallarse en las profundidades de las cuevas, representan animales, dibujos geométricos y a veces figuras humanas (véase también Arte paleolítico). En 1913, en la cueva de La Colombière (Francia) se desenterraron magníficas siluetas grabadas en hueso y en piedra pulimentada. En la cueva de Altamira (España) y en la de Lascaux (Francia) existen dibujos coloreados de animales realizados con pigmentos minerales mezclados con grasas animales. Algunas de las pinturas adornan las paredes de grandes cámaras idóneas para la celebración de rituales; otras aparecen en angostos pasadizos a los que sólo se tiene acceso de forma individual. La caza y la fertilidad son los temas más utilizados. Las propias reuniones rituales favorecían la comunicación y el entronque entre los grupos más aislados.
En todos los continentes hubo grupos de cazadores-recolectores que hicieron uso de las cavernas. Las cuevas chinas encierran algunas de las pruebas más antiguas de la utilización del fuego por parte del hombre, hace aproximadamente 400.000 años. En la cueva de Zhoukoudian (Chou-k’ou-tien), cerca de Pekín, se han descubierto restos de huesos y herramientas del Homo erectus (hombre de Pekín). En la cueva de Shanidar (Irak) se desenterraron en 1957 esqueletos de Neandertal de 50.000 años de antigüedad. Las semillas halladas en los enterramientos se han interpretado como prueba de la existencia de ritos funerarios. En los desiertos occidentales de Norteamérica se han descubierto cuevas con plantas comestibles, sandalias tejidas y cestas, testigos de la cultura del Desierto de hace 9.000 años. Los antiguos habitantes de Australia, Oriente Próximo y los Andes del Perú también nos han legado restos en numerosas cavernas.
Poco a poco, el ser humano aprendió a cultivar sus alimentos en vez de ir en su búsqueda. Este momento constituye el nacimiento del periodo neolítico, segunda fase de la edad de piedra, cuando la agricultura se consolidó, los grupos humanos fundaron poblados de viviendas estables, destinando las cuevas a otros fines, como campamentos de caza y pastoreo, o para la realización de ciertas ceremonias. En Europa, Asia y África los pueblos nómadas siguieron utilizando las cuevas como refugios.
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CONDICIONES DE CONSERVACIÓN
En la mayoría de las cavernas de ambiente seco la conservación ha sido excepcional, debido al aire carente de humedad y a la escasa actividad bacteriana. A veces se han llegado a descubrir restos orgánicos intactos como madera carbonizada, cáscaras de nuez, fibras vegetales y huesos. En las cavernas húmedas, los utensilios y demás restos suelen encontrarse incrustados o sepultados bajo depósitos calcáreos de estalactitas. En algunas de las cuevas se han hallado enterramientos.
Debido a las condiciones de conservación poco habituales de las cavernas y la enorme antigüedad de los numerosos restos hallados, existe la creencia errónea de que llegó a existir una auténtica ‘raza’ de hombres de las cavernas. En realidad, la mayoría de las cuevas no son otra cosa que pequeños campamentos estacionales, dado que los hombres prehistóricos pasaban gran parte del año en asentamientos al aire libre.
Durante estos últimos cien años se han efectuado excavaciones sistemáticas que ponen de manifiesto culturas cambiantes, ya que encierran restos de sucesivas ocupaciones. Por ejemplo, la transición del sistema de recolección de alimentos a la agricultura queda demostrada por los hallazgos en las tierras altas de México y en el Sureste asiático. Algunas de las cuevas de Europa siguieron habitadas mucho después de haber finalizado la edad de piedra; entre los restos de las cavernas se han descubierto testimonios de la edad del bronce y de la edad del hierro. En algunas ocasiones se han llegado a detectar materiales de la época del Imperio romano. Los famosos manuscritos del Mar Muerto fueron descubiertos en 1947 en el interior de una serie de cuevas de Jordania.
Véase también Arqueología.

martes, 10 de mayo de 2011

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