Elefantes



Elefantes africanos en una charca
El área de distribución de los elefantes africanos se extiende hacia el sur del desierto del Sahara y ocupan hábitats muy variados. Los machos miden unos 3,4 m de alto y pesan unas 5,4 t, mientras que las hembras, más pequeñas, miden 2,8 m de alto y pesan 3,6 toneladas. Carecen de glándulas sudoríparas y por ello les gusta revolcarse y bañarse en charcas y ríos. El lodo que queda seco sobre su piel les proporciona protección contra el sol.

Elefante, nombre común del mamífero terrestre más grande que vive hoy en el mundo. En el pleistoceno (véase Cuaternario), se extendía por todos los continentes, excepto la Antártida y Australia. Hoy sólo quedan dos especies vivas de elefantes: el asiático o indio, que vive en la India y en el sureste de Asia, y el africano, que habita en la mayor parte del África subsahariana. Ambas especies ocupan hábitats muy variados: bosques tropicales, zonas de sabana, desiertos, estepas, valles de ríos y laderas de montañas, hasta alturas de 3.000 m, como el elefante africano en los montes Kenia y Kilimanjaro. La especie asiática mide unos 3 m a la altura de la cruz, mientras que la africana mide 4 metros. Entre los representantes primitivos de este grupo están los mamuts, que alcanzaban los 4,5 m de altura y los mastodontes, algo menores; ambos sobrevivieron hasta los tiempos del hombre paleolítico, que dejaron constancia de la presencia de estos animales a través de las pinturas rupestres.
TROMPA
La trompa es la característica más notable de la anatomía del elefante. Es el resultado de la transformación del labio superior y de la nariz en un órgano alargado, muscular y carente de huesos. Este apéndice nasolabial es utilizado para arrancar hierbas y hojas con las que alimentarse o para succionar agua. Los elefantes actuales comen un promedio de unos 225 kg de materia vegetal al día y beben hasta 190 litros de agua. Con la trompa, que en el elefante africano termina en dos prolongaciones digitiformes y en el asiático en sólo una, el animal es capaz de coger con precisión y hasta con delicadeza, cualquier objeto pequeño, como puede ser una hoja o una baya caída al suelo. Además es un órgano muy sensitivo capaz de percibir olores y sabores. También utilizan la trompa para emitir sonidos, derribar árboles, desgarrar vegetación o como pulverizador en los baños de polvo. Los elefantes llenan la trompa con polvo, que recogen en los nidos de las termitas o en zonas con tierra muy fina, para pulverizarse con él la piel del cuerpo; los dos tabiques nasales son independientes y están modificados para soportar el contacto del polvo sin que éste afecte a la capacidad olfativa y gustativa de la trompa.
COLMILLOS Y DIENTES
Los colmillos del elefante, que están profundamente encajados en el cráneo del animal, son en realidad dos incisivos superiores muy alargados. Se han medido colmillos de hasta 3,5 m de largo. Los elefantes comen tallos, hojas, hierbas fibrosas, cortezas, bulbos y hasta madera, todos ellos alimentos de valor energético bajo, por lo que se ven obligados a triturar y a masticar grandes cantidades de comida al día, lo que supondría que sus dientes se desgastarían pronto y en poco tiempo. El elefante ha resuelto este problema reemplazando los dientes desgastados por otros nuevos. Los elefantes tienen cuatro molares, dos en la mandíbula superior y dos en la inferior; consisten en una estructura de unos 30 cm de largo y unos 10 cm de ancho. Las crestas de los molares del elefante asiático son estrechas y de contorno ondulado, mientras que las del africano no son onduladas y tienen forma de lazo. Los primeros molares aparecen a los 13 o 15 años y cuando se desgastan son reemplazados por unos nuevos (cuando el animal tiene entre 28 y 30 años); los segundos molares también terminarán por desgastarse y de nuevo serán sustituidos por otros molares, esta vez los últimos, que hacen su aparición a los 40 años de edad del animal y que no se desgastarán hasta los 60 o 70 años, momento en el que el elefante muere por ser incapaz de triturar la cantidad de alimento suficiente para sobrevivir.


ELEFANTES AFRICANOS Y ASIÁTICOS
Diferencias entre el elefante asiático y el africano
Las únicas dos especies de elefante que sobreviven en la actualidad (familia Elefántidos), se diferencian con facilidad por el tamaño de sus orejas: pequeñas en el elefante asiático y bastante grandes en el más corpulento elefante africano. Además de esta, hay otras diferencias, por ejemplo, la trompa prensil de la especie asiática termina en un solo lóbulo, mientras que en la africana hay dos. Las figuras representadas en el esquema corresponden a elefantes machos y por lo tanto, no se observa la ausencia de colmillos característica de la hembra del elefante asiático.


El elefante asiático tiene la frente abombada, el lomo arqueado, las orejas pequeñas en comparación con la cabeza, y los colmillos sólo están presentes en el macho. Por el contrario, el elefante africano es más alto, las orejas son más grandes (pueden medir 1,5 m de largo), y los dos sexos tienen colmillos. Ambas especies tienen cinco uñas en las patas delanteras, pero en las traseras el elefante africano tiene tres y el asiático cuatro. Además, presentan las diferencias ya mencionadas de los labios de la trompa y la morfología de los molares.
LOCOMOCIÓN
A pesar del tamaño y del peso de los elefantes, que en la especie africana alcanza hasta unos 7.000 kg y en la asiática hasta unos 5.000, estos animales son ágiles y silenciosos al caminar. Sus extremidades se han engrosado para poder sostener el cuerpo y moverlo; las patas terminan en una especie de almohadilla formada por tejido adiposo que engloba a los cinco dedos, y que presenta cierta movilidad. Esta estructura está formada por un epitelio rugoso y grueso que se agarra y se adapta perfectamente a las desigualdades del terreno. El elefante alcanza en una marcha normal una velocidad de unos 6,4 km/h y cuando carga contra un enemigo o huye puede llegar a los 40 km/h. El elefante es incapaz de galopar o de saltar; sin embargo, es un nadador excelente y atraviesa ríos y lagos relativamente anchos sin cansancio aparente.
PERCEPCIÓN SENSORIAL
Elefante africano
Los grandes elefantes africanos (Loxodonta africana), cuyos colmillos por sí solos pueden llegar a pesar más de 45 kg, son notables no solo por su tamaño sino también por su singular medio de comunicación. Los adultos pueden "hablar" entre ellos a distancias de cientos de kilómetros, utilizando sonidos de baja frecuencia, análogos a las canciones de las ballenas, que están por debajo del límite del oído humano. En otros tiempos los elefantes ocupaban la mayor parte del África subsahariana pero actualmente están seriamente amenazados por la destrucción del hábitat y por los cazadores furtivos de marfil. En 1989, como respuesta a la creciente amenaza de extinción, la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies en Peligro (CITES), el organismo mundial que regula el comercio de animales salvajes, prohibió la venta de marfil.


Es probable que el elefante africano utilice sus orejas tanto para ventilarse como para hacer señales visuales a otros individuos, pero sobre todo las usa para oír y detectar la presencia de cualquier enemigo. En la década de 1980, se comprobó por primera vez que los elefantes emitían con sus trompas una serie de sonidos que no eran audibles por el ser humano. Estos sonidos de baja frecuencia se propagan muy bien por el aire y son perfectamente captados por el animal; es muy probable que le sirvan para comunicarse con sus congéneres lejanos. La visión es pobre y los ojos son pequeños. El olfato está muy desarrollado y la trompa es con diferencia el órgano más sensible; con ella el animal puede captar cualquier tipo de olor, tanto en el aire como en el suelo.
ESTRUCTURA SOCIAL
Estructura social de los elefantes
Los elefantes son animales muy sociales; viven formando manadas que, entre otras ventajas, les proporcionan protección frente a los depredadores. Cada unidad familiar está conducida por una hembra adulta dominante, la matriarca. Cuando se sienten amenazados, los miembros de la manada rodean a las crías para protegerlas y bien la matriarca se enfrenta al posible peligro o bien el grupo se retira formando un bloque apretado.

Los elefantes son animales gregarios y la unidad social está constituida por la familia, formada por una hembra adulta y sus crías de edades distintas. Varias de estas familias se reúnen y forman rebaños que oscilan en número entre los quince y los treinta individuos; los miembros de los rebaños suelen estar emparentados y siempre son conducidos por una hembra adulta, la matriarca. También se pueden unir varios rebaños y entonces se forman manadas de hasta mil individuos. Los machos permanecen dentro de la manada mientras son inmaduros, pero luego se separan y viven en solitario, en parejas o en grupos pequeños, aunque nunca se alejan por completo del grupo matriarcal. Los rebaños del elefante asiático están formados por las hembras, las crías, los jóvenes inmaduros y un macho viejo (a veces, también hay un macho en los rebaños de la especie africana). Los movimientos del grupo están determinados por la localización de la comida y del agua; en las horas más calurosas del día permanecen inmóviles, descansando a la sombra, y cuando llega el atardecer, comienzan a moverse en busca de alimento. También aprovechan las primeras horas de la mañana y la noche para comer.
REPRODUCCIÓN
La hembra del elefante entra en celo en cualquier época del año, y cuando esto ocurre se separa del rebaño acompañada de un macho, aunque durante el tiempo que es receptiva (entre 24 y 48 horas), se pueden unir a la pareja algunos machos más. Al principio habrá alguna pelea entre ellos, pero tarde o temprano uno se impondrá y se quedará con la hembra. El periodo de gestación dura entre 21 y 22 meses, y la hembra pare por lo general una sola cría, la cual es capaz de seguir al rebaño a los pocos días de nacer. La cría tomará la leche de las dos mamas que tiene su madre situadas justo detrás de las patas delanteras durante un periodo de tiempo que oscila entre los dos y los cinco años. Las crías son muy vulnerables a los ataques de los depredadores (sobre todo leopardos y tigres) y muchas mueren antes de cumplir un año de edad. La hembra del elefante pare entre cinco y doce crías a lo largo de toda su vida.
ADIESTRAMIENTO
Aunque el elefante africano puede ser domesticado, el elefante asiático se ha convertido en un leal colaborador del ser humano. Los elefantes asiáticos todavía se utilizan en las explotaciones madereras, y probablemente ya trabajaban con el hombre en el año 2000 a.C. Alejandro III el Magno los empleó en el año 326 a.C. en sus campañas militares, y 37 elefantes acompañaron al general cartaginés Aníbal y su ejército en su travesía de los Alpes en el año 218 a.C. Como los elefantes en cautividad no suelen reproducirse, es necesario capturarlos en estado salvaje y para ello un grupo de hombres los asustan hasta conducirlos hacia una trampa a modo de corral; también utilizan varios ejemplares de elefantes ya domesticados y uno o varios cornacas (mahouts), que son los cuidadores encargados de atenderlos y adiestrarlos. Hay otra modalidad de captura que consiste en atrapar a una cría para poder capturar al adulto, pero es menos frecuente que la anterior. En este caso, a la cría se le asigna un cuidador con el que permanecerá durante toda su vida; empezará a adiestrarlo cuando el animal tenga catorce años de edad y estará capacitado para trabajar cuando cumpla los veinticinco.
EVOLUCIÓN
Elefante africano abatido por cazadores furtivos
La población de elefantes se encuentra en peligro de extinción como consecuencia de los cazadores furtivos que los matan para extraerles sus preciados colmillos de marfil. Gracias a una ley internacional que prohibe el comercio de marfil, instituida en 1989 por la Convención sobre el Comercio Internacional en Especies amenazadas de Fauna y Flora, se ha logrado reducir el comercio ilegal de marfil, disminuyendo así la caza de estos animales. Más de 120 países secundan esta prohibición.

El antepasado más antiguo del elefante era Moeritherium, un animal del tamaño de un cerdo y con la nariz similar a la de un tapir que fue encontrado en África en unos estratos datados en el eoceno superior, hace unos 60 millones de años. Los elefantes actuales descienden de dos familias que surgieron en el pleistoceno: los mastodontes (ya extinguidos), por un lado, y los mamuts y los elefantes propiamente dichos, por otro. Los primeros también están ya extinguidos y de los segundos sólo quedan dos géneros con un origen relativamente reciente; uno está representado por el elefante africano y el otro por el elefante asiático.

Antecesores del elefante
Los primeros proboscídeos, representados por Moeritherium, pequeño y parecido a un tapir, dieron lugar a cientos de especies que se extendieron por todos los continentes, excepto Australia. De todas ellas, hoy sólo sobreviven dos géneros, que están representados por el elefante africano y el elefante asiático. El Trilophodon, que vivió desde el mioceno (hace 23,3 millones de años) hasta el pleistoceno (hace 1,64 millones de años), tenía cuatro colmillos y se extendió por Eurasia, África y Norteamérica. Contemporáneo de esta especie era el Deinotherium, que vivió durante el mioceno y principios del plioceno y tenía los colmillos curvados hacia abajo. El Platybelodon se caracterizaba por sus colmillos planos en forma de azada, que tal vez utilizara para recoger la vegetación del agua; vivió desde finales del mioceno hasta el plioceno, y ocupó Asia y Norteamérica. El proboscídeo más grande, el mamut americano o imperial, Mammuthus imperator, estaba bien adaptado al clima frío del pleistoceno y vivió en Eurasia, África y Norteamérica. Sus dientes eran ya muy parecidos a los del elefante moderno.


La población de elefantes africanos se ha reducido mucho en las últimas décadas debido sobre todo a la caza para conseguir el marfil de sus colmillos y debido a la pérdida de su hábitat natural en favor de pastos para el ganado. Como consecuencia, los elefantes han sido protegidos en diferentes parques y reservas naturales y, en contrapartida, se ha producido un aumento de sus poblaciones que pone en serio peligro la supervivencia de unos ecosistemas que no están adaptados para soportar las necesidades de una población en aumento.
Clasificación científica: los elefantes pertenecen a la familia de los Elefántidos, dentro del orden de los Proboscídeos. El elefante asiático se clasifica como Elephas maximus y el africano como Loxodonta africana. La mayoría de los científicos reconoce dos subespecies de elefante africano, el elefante de selva (Loxodonta africana cyclotis) y el elefante de sabana (Loxodonta africana africana). También se reconocen cuatro subespecies del elefante asiático: el elefante de Sri Lanka (Elephas maximus maximus), el de Sumatra (Elephas maximus sumatrana), el de India (Elephas maximus bengalensis) y el de Malasia (Elephas maximus hirsutus).

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Murciélagos



Rinolofo grande
Los murciélagos son los únicos mamíferos capaces de realizar un vuelo sostenido y, a diferencia de las aves, pueden volar a una velocidad relativamente lenta con gran habilidad en sus maniobras. Esto lo consiguen gracias al patagio y a los huesos alargados de la mano. La especie mostrada en la imagen, el rinolofo grande, pertenece al grupo de los llamados murciélagos grandes de herradura y reciben ese nombre por la presencia de unos pliegues complejos en forma de herradura que cubren el labio superior y orificios nasales del animal. Esta especie vive por toda Europa, aunque cada vez es más escasa.
Murciélago, nombre común que se aplica al único mamífero que es capaz de realizar un vuelo verdadero gracias al batir de sus alas (otros mamíferos planean, pero no vuelan). Hay unas 1000 especies vivas de murciélagos, casi una cuarta parte de todas las especies de mamíferos. Los murciélagos se agrupan en dos subórdenes: los murciélagos grandes o megamurciélagos, y los murciélagos pequeños o micromurciélagos. Los primeros se alimentan de frutas y otras substancias vegetales (murciélagos frugívoros) y se distribuyen en hábitats tropicales de África, India y Australasia. Los micromurciélagos, en cambio, comen una amplia variedad de alimentos, en especial insectos, y tienen una distribución más amplia.
DISTRIBUCIÓN
Los murciélagos están distribuidos por todo el mundo, excepto en las zonas árticas y en ciertas islas oceánicas. Todos los megamurciélagos y algunas familias de los micromurciélagos se encuentran sólo en el continente americano, y algunas otras familias tienen una distribución mundial. Se cree que los murciélagos se originaron en un clima cálido, probablemente en el periodo geológico conocido como eoceno. El epicentro de su distribución, donde además son más abundantes, sigue situado en las áreas tropicales y subtropicales. Algunos miembros de cuatro familias de micromurciélagos viven en zonas templadas, y sólo dos familias llegan a desplazarse hasta regiones subárticas durante la estación veraniega. Es fácil comprobar que disminuye el número de especies según nos desplazamos desde el Ecuador hacia los polos.
VARIACIÓN DE TAMAÑO
Los megamurciélagos incluyen, como su propio nombre indica, los murciélagos más grandes, y comprenden a los zorros voladores de África, India y Australasia. Reciben la denominación de zorros voladores debido a sus hocicos largos parecidos a los de los zorros. El mayor de todos ellos es una especie propia de Java, que alcanza una envergadura alar de 1,7 metros y una longitud corporal de 42 cm. A pesar de su nombre, muchas especies de megamurciélagos son más pequeñas que los mayores micromurciélagos; sin embargo, la distinción entre ambos subórdenes está basada, además de en el tamaño, en la forma de los dientes y en grandes diferencias del esqueleto. El micromurciélago más pequeño es el murciélago de nariz de cerdo de Kitti, distribuido por el oeste de Tailandia, que tiene una longitud corporal de 2,9 a 3,3 cm y un peso de 2 gramos, lo que lo convierte también en uno de los mamíferos más pequeños. Las diferencias entre los micromurciélagos y los macromurciélagos son suficientes para sugerir que tienen un origen evolutivo diferente; además, la aparición de los megamurciélagos es mucho más reciente que la de los micromurciélagos.

VUELO Y ECOLOCACIÓN

Esqueleto de un murciélago
Las alas del murciélago están soportadas por los dedos alargados de la extremidad anterior, de modo que forman una estructura muy similar a la mano humana. El dedo pulgar tiene una uña y es el único que está libre, sin incluir dentro del ala.

El vuelo verdadero en los vertebrados vivos está limitado a los murciélagos y a las aves; sin embargo, a diferencia de muchas aves, los murciélagos pueden volar a velocidades relativamente lentas con gran maniobrabilidad. El ala del murciélago es una membrana delgada denominada patagio que está sostenida por el alargamiento de los huesos de la extremidad anterior, en concreto por el antebrazo y el segundo dedo, en su borde delantero, y por los dedos tercero, cuarto y quinto, en su borde trasero. La unión del patagio con el cuerpo se realiza a lo largo de la línea media del tronco y en varias especies se extiende entre ambas extremidades posteriores y la cola. El dedo primero o dedo pulgar de la extremidad anterior es el único que está libre y, al igual que los dedos de los pies, tiene uña.
Todos los micromurciélagos poseen un mecanismo que les permite volar y, en el caso de las especies insectívoras, también les permite localizar a sus presas sin necesidad de usar el sentido de la vista o del olfato: es la ecolocación. Ésta consiste en la emisión de sonidos de alta frecuencia (ultrasonidos), que después de chocar con los objetos, se reflejan a modo de eco y son captados por las orejas del murciélago. Al igual que el sonar, este sistema los capacita para conocer la posición, la distancia relativa e incluso el tipo de objetos que hay a su alrededor. El murciélago, de esta manera, puede volar en total oscuridad, y podría afirmarse que es capaz de ver acústicamente. Las señales emitidas tienen una frecuencia y una modulación características en cada especie. Los pulsos de sonido son generados en la laringe del animal y, según la especie, son emitidos por la boca o por los orificios nasales.

Ecolocación y detección de presas
Los murciélagos utilizan estímulos auditivos para volar, localizar y capturar a sus presas. Emiten sonidos de alta frecuencia que chocan con los objetos que encuentran en su camino, rebotando en ellos y volviendo al murciélago como un eco. Determinadas células sensoriales del cerebro del murciélago interpretan estos ecos y ayudan a determinar la localización y algunas propiedades físicas de los objetos creando un mapa mental espacial que determina el comportamiento en el vuelo del murciélago. El sonido reflejado amortigua el emitido por el murciélago, de modo que éste es capaz de detectar los sonidos más leves procedentes de su presa. Este sistema tan especializado es típico de la mayoría de las especies de murciélagos insectívoros. Por otro lado, algunas polillas también tienen un sistema similar para detectar y evitar a sus depredadores, pero es menos sofisticado que el de éstos.

A diferencia de los micromurciélagos, los megamurciélagos emplean la visión para orientarse y localizar a sus presas (un único género ha desarrollado un mecanismo de ecolocación que utiliza sólo cuando vuela en total oscuridad). Los ojos de los megamurciélagos están más desarrollados que los de los micromurciélagos y, en general, ningún murciélago está completamente ciego; incluso los micromurciélagos pueden utilizar como señales durante el vuelo objetos muy visibles del terreno para regresar a su refugio.
5

COMPORTAMIENTO
Vampiros
Los vampiros son animales nocturnos que se cuelgan del techo de las cuevas durante el día. Las tres especies de vampiro habitan en áreas que van desde México hasta Sudamérica. Tal y como su nombre indica, se alimentan de noche de la sangre de otros animales, especialmente de aves y mamíferos.

La mayoría de los micromurciélagos son nocturnos. Durante el día descansan en lugares muy variados como cuevas, grietas, agujeros de los árboles, follaje, lugares escondidos debajo de las rocas y edificios. Pueden descansar incluso en sitios expuestos a la intemperie; algunos megamurciélagos se cuelgan cabeza abajo de las ramas de los árboles formando concentraciones enormes de individuos. Los hábitos nocturnos de los murciélagos les proporcionan muchas ventajas ya que apenas tienen competencia por el alimento, la probabilidad de ser atacados es pequeña, y además, sus actividad nocturnas o crespuscular les protege contra el sobrecalentamiento y la deshidratación; este último punto es de especial importancia para los murciélagos debido a la superficie de la piel tan extensa que poseen en comparación con su tamaño.
Algunas especies son solitarias, pero la mayoría son gregarias, y los grupos pueden variar desde aquellos que constan de un macho con una docena o más hembras, hasta las concentraciones compuestas de muchos miles o incluso millones de individuos. En determinadas especies, la composición de grupo puede variar a lo largo de las estaciones y mostrar una segregación sexual entre los individuos, es decir, una variación en la proporción de hembras y machos existentes. Es también muy común que una misma cueva de cobijo a varias especies diferentes.

Vampiro común
Este murciélago, que vive en todo el continente americano, se alimenta de la sangre de mamíferos y aves.

Se sabe que algunos murciélagos realizan migraciones y determinadas especies que viven en la zona templada pueden llegar a volar distancias de 1.600 km entre sus cuarteles de verano y de invierno. Otras especies realizan desplazamientos diarios entre los lugares de descanso y de alimentación (hasta 40 km de distancia), pero en general, éstos no son muy largos.
En cuanto a la alimentación, gran parte de los micromurciélagos son insectívoros y están perfectamente capacitados para capturar sus presas en vuelo o localizarlas cuando están posadas; por el contrario, la mayoría de los megamurciélagos y muchas especies de murciélagos de nariz de herradura de América tropical (también llamados rinolofos debido a los pliegues de la piel dirigidos hacia arriba que poseen en la nariz), son frugívoros. Además, en ambos grupos hay especies que se alimentan de partes de la flor o que extraen el néctar de éstas por medio de sus lenguas alargadas, con lo que permiten que se lleve a cabo el proceso de polinización cruzada de las plantas. Algunos de los rinolofos de mayor tamaño, y otras especies de una familia euroasiática, son omnívoros; éstos, además de consumir insectos y frutas, atacan a pequeños anfibios, lagartos, pájaros, ratones e incluso a otros murciélagos. Los verdaderos vampiros, que habitan en los trópicos americanos, están estrechamente emparentados con los rinolofos y subsisten gracias a la sangre que lamen de las heridas que ellos mismos infligen a animales de sangre caliente como son: las gallinas, el ganado vacuno, los caballos, los cerdos y, ocasionalmente, los seres humanos. Por último, hay al menos tres especies de murciélagos que completan su dieta con peces cuando los capturan según vuelan a ras de la superficie del agua.
6

CICLO VITAL
Los periodos de gestación de los murciélagos son largos y varían desde 44 días hasta 8 meses según la especie de que se trate. Las hembras paren, como norma general, una sola cría cada año cuyo crecimiento es lento. Los ciclos reproductivos de la mayoría de las especies siguen las pautas generales de los mamíferos, aunque existen excepciones. Las más interesantes son algunas especies de la zona templada que hibernan durante el invierno. La cópula sucede antes de la hibernación, y el esperma es retenido dentro de la hembra durante todo el invierno; la fertilización tiene lugar cuando el óvulo se desprende del ovario, poco después de que los murciélagos recuperen su actividad en la primavera. Este proceso se conoce como fecundación diferida. Una variante de esta pauta se puede observar en un género europeo en el que la cópula, la ovulación y el desarrollo inicial del embrión ocurren en su secuencia normal antes de la hibernación, pero el desarrollo del embrión se detiene antes de que éste llegue a implantarse en el útero. El embrión permanece en estado poco desarrollado hasta la primavera, momento en el que la madre recobra su metabolismo normal. Este fenómeno se conoce con el nombre de implantación diferida.
La abundancia de murciélagos se puede atribuir tanto a las ventajas de supervivencia que le confieren sus hábitos de vida como a su longevidad, y ello a pesar de la baja tasa de reproducción individual. Algunas especies grandes de megamurciélagos y el murciélago vampiro han sobrevivido hasta 20 años en zoológicos, y varias especies de micromurciélagos que fueron anillados y liberados más tarde en Nueva Inglaterra, Estados Unidos, fueron recapturados 31 años después.


ECOLOGÍA
Murciélago orejudo
Este pequeño murciélago, con unos pabellones auditivos de desmesurado tamaño, vive en los árboles cercanos a las casas siendo muy común en toda Europa, salvo en el norte. A menudo flota en el aire, inmóvil, cerca de la vegetación, buscando insectos entre las hojas y las ramas. Los insectos pequeños que caza al vuelo se los come inmediatamente, pero aquellos un poco mayores los guarda en una bolsa de piel situada entre las patas, para comerlos más tarde.

que caza al vuelo se los come inmediatamente, pero aquellos un poco mayores los guarda en una bolsa de piel situada entre las patas, para comerlos más tarde.


Los murciélagos insectívoros son considerados como beneficiosos por el ser humano y muchas especies juegan un papel importante en la polinización de las plantas y en la dispersión de las semillas. Debido a su tamaño y a su número, los murciélagos frugívoros de Eurasia pueden llegar a constituir una amenaza económica cuando invaden huertos de frutales, pero quizás el efecto adverso mayor es el de la transmisión de enfermedades, en especial de la rabia, a los animales domésticos. Este problema tiene importancia en el caso de los trópicos americanos, donde las mordeduras de murciélagos vampiro infectados han dado lugar a brotes locales de rabia entre el ganado vacuno y han diezmado rebaños enteros. Otros murciélagos que no son vampiros también pueden contraer y transmitir la rabia; sin embargo, la prevalencia de la infección ha sido baja, los brotes son escasos, y los ataques sobre los humanos son raros.
Muchos murciélagos tienen poca tolerancia a determinados insecticidas como el DDT, que puede concentrarse a través de la cadena alimentaria. Tres especies de murciélagos que actualmente están consideradas como especies amenazadas han llegado a esta situación debido al empleo de pesticidas en la agricultura.
En España hay unas 27 especies de murciélagos, pertenecientes todas ellas al grupo de los micromurciélagos. En la familia de los Rinolofos (Rhinolophidae), llamados murciélagos de herradura por su pliegue nasal, y caracterizados también por la ausencia de trago en el pabellón auditivo, podemos encontrar: murciélago grande de herradura (Rhinolophus ferrumequinum), especie propia de lugares arbolados y ruinas que pasa el invierno en cuevas, durmiendo aislado; murciélago pequeño de herradura (Rhinolophus hipposideros), de distribución parecida al anterior; murciélago de herradura mediterráneo (Rhinolophus euryale); y el murciélago mediano de herradura (Rhinolophus mehelyi).
La familia de los Vespertiliónidos (Vespertilionidae), que incluye aquellos murciélagos que sí poseen trago, pero carecen de pliegue nasal sobre el hocico, cuenta con unas 22 especies en España, entre las que destacan: el murciélago ribereño (Myotis daubentonii), presente en casi toda la península Ibérica; el murciélago patudo (Myotis capaccinii), propio de la zona costera oriental española y de otros países del Mediterráneo; el murciélago bigotudo (Myotis mystacinus), frecuente en toda Europa, excepto el sur de España; el murciélago orejudo común o septentrional (Plecotus auritus), con unos pabellones auditivos de desmesurado tamaño, vive en los árboles cercanos a las casas siendo muy común en toda Europa, salvo en el norte; el murciélago troglodita (Miniopterus schreibersi), vive en los bosques, con distribución bastante meridional, excepto en el extremo noroccidental de España; el murciélago común (Pipistrellus pipistrellus), que es el más pequeño de Europa (4,5 cm de longitud) y el más frecuente en las ciudades y pueblos, se agrupa en colonias de hasta varios centenares de individuos; el murciélago montañero (Pipistrellus savii), de Europa meridional, se da en España en la zona central y oriental; y el nóctulo común (Nyctalus noctula), muy sociable, se guarece en orificios de árboles y de casas, en España se localiza en el extremo noroccidental.
Por último, sólo hay un representante en España de la familia de los Molósidos (Molossidae), el murciélago rabudo (Tadarida teniotis) que es el mayor murciélago europeo, junto con el nóctulo grande o gigante (Nyctalus lasiopterus) perteneciente a la familia anterior, de una envergadura de 37 centímetros.
Clasificación científica: los murciélagos constituyen el orden de los Quirópteros. Los megamurciélagos pertenecen al suborden de los Megaquirópteros y los micromurciélagos al suborden de los Microquirópteros. El murciélago fósil más antiguo conocido es clasificado como Icaronycteris index. El murciélago más grande recibe el nombre científico de Pteropus vampyrus, y el murciélago de nariz de cerdo de Kitti se clasifica como Craseonycteris thonglongyai.

martes, 28 de septiembre de 2010

Los Géiser




Formación de los géiseres
Los géiseres aparecen cuando la base de una columna de agua que reposa en una cámara subterránea se evapora al contacto con una roca volcánica caliente. Cuando el agua hierve, se expande, arrastrando algo de líquido hacia el exterior. La cantidad inicial de agua liberada en la superficie reduce el peso de la columna cuyo punto de fusión disminuye. Cuando cae el punto de fusión, toda la columna se evapora a la vez, saliendo del suelo en una erupción espectacular. Las fumarolas son similares a los géiseres, pero liberan ráfagas de gases calientes en vez de agua. Los manantiales calientes se surten de las mismas fuentes que los géiseres, pero son sistemas de baja presión, lo que hace que el agua burbujee en vez de salir en erupción. El agua de estos manantiales calentados de forma natural superan temperaturas de 60 ºC con frecuencia.

Géiser, manantial caliente que surge de forma intermitente y con una fuerza considerable como una columna de vapor y de agua caliente. Algunos géiseres hacen erupción a intervalos fijos, pero la mayoría son irregulares, con intermedios que pueden durar desde minutos hasta años. La duración de la erupción es distinta para cada géiser, puede ser de segundos o de horas. La altura de la columna varía entre 1 m y unos 100 m, y la cantidad de agua expulsada en una erupción puede ser desde unos pocos litros hasta cientos de miles.
Un géiser hace erupción cuando la base de una columna de agua, que reposa sobre la tierra, se evapora por el contacto con una roca volcánica caliente. El sobrecalentamiento causa el aumento de la presión del agua, la cual, cuando supera los 100 ºC de temperatura, se transforma repentinamente en vapor y provoca la emisión brusca del agua situada en la parte superior de la columna. Después de la expulsión, fluye agua más fría por la chimenea del géiser y el proceso vuelve a empezar. La fuerza con la que el agua es expulsada depende de su profundidad, ya que el peso de la columna aumenta con la profundidad y de él depende la presión ejercida sobre la base.
Casi todos los géiseres conocidos están situados en Nueva Zelanda, Islandia, Japón, Chile y Estados Unidos. El más famoso es el Old Faithful en el Parque Nacional de Yellowstone en Wyoming, Estados Unidos, que expulsa entre 38.000 y 45.000 litros de agua en cada erupción; éstas se producen a intervalos de 37 a 93 minutos y sus columnas se elevan a alturas de entre 38 y 52 metros. Las erupciones están precedidas por chorros de agua con alturas que oscilan entre los 3 y los 8 metros.
Los intervalos entre las erupciones dependen de variables como el aporte de calor, la cantidad y la velocidad de afluencia del agua que hay por debajo de la superficie terrestre, la naturaleza del tubo del géiser y las conexiones subterráneas.

Géiser Tatio, Chile
Un géiser es una expulsión violenta e intermitente de agua sobrecalentada, acompañada de vapor, que se proyecta por una abertura de la corteza terrestre. Algunos géiseres tienen lugar a intervalos regulares y otros a intervalos irregulares, y pueden alcanzar hasta 100 m de altura. En la imagen, un grupo de turistas contemplan el géiser de Tatio, en el desierto de Atacama.

Entradas populares