Descubrimiento de Troya


LA BUSQUEDA DE TROYA
Sueño infantil con final dorado

ORÍGENES DE UNA LEYENDA. Ruinas de un teatro o senado romano, en el solar de la antigua Troya, ciudad cantada por el poeta Homero y descubierta por el que fuera en su adolescencia mozo de un pobre tendero.


 HEINRICH Schliemann sólo contaba ocho años de edad cuando su padre le hizo un regalo en Navidad que decidia su vocación y abriría un importante catulo en la historia de la arqueología. El regalo consistió en un libro ilustrado que ofrecía un grabado de Troya en llamas, tomada por los ejércitos de la antigua Grecia.
A partir de aquel momento, sólo una idea obsesionan te ocupó la joven mente de Heinrich: descubrir los restos de Troya y demostrar a un mundo escéptico que el relato de Hornero acerca del sitio no era una pura ficción poética. Pero Heinrich Schliemann lo era entonces mozo de un modestísimo tendero y su objetivo resultaba prácticamente inalcanzable.
No obstante, con el fin de prepararse para la tarea comenzó a estudiar griego para leer a Hornero en su idioma original. También necesitaba una fortuna, y en poco tiempo levantó un próspero negocio, del que pudo retirarse a los cuarenta años. Su cons- tancia y tenacidad le habían abierto el camino para realizar su propósito.

Colegiala ateniense
Entonces, tan soñador como siempre, pidió al arzobispo de Atenas que le buscara la esposa ideal, una joven griega que cumpliera perfectamente cuatro condiciones: debería ser pobre, debería ser bella, debería poseer un carácter amable y debería conocer las obras de Hornero. Por sorprendente que pueda parecer, encontró lo que buscaba: Sofía Engastromenos, una colegiala ateniense de 16 años.

Entusiasta de Aquiles y Héctor
Con las hazañas de Aquiles, Héctor y Ajax muy presentes, Schliemann, acompañado de su esposa, partió en 1871 hacia los Dardanelos, en busca de la «ventosa llanura de Troya».
Acometió la búsqueda con la energía que le era característica y reunió a 80 trabajadores.
Schliemann dio crédito a una tradición local que se ajustaba a sus conocimientos de Hornero y afirmaba que Troya se hallaba en Hissarlick, una montaña situada frente a la península de Gallípoli. Por entonces la arqueología no disponía de los medios actuales, y Schliemann no había excavado anteriormente. Sin embargo, el denodado entusiasta de Hornero no se detenía ante las dificultades.

Ciudades sepultadas
Sus hombres no hicieron más que abrir una profunda sima en la ladera norte del Hissarlick para inspeccionar el interior. En un momento, Schliemann tuvo   ante sí una confusa masa de ruinas, que más tarde serían identificadas como los restos de 57 ciudades antiguas, una encima de otra.

Schliemann prosiguió sus excavaciones hasta descubrir lo que aseguró que eran los baluartes de seis metros de la ciudad perdida: las mismas murallas desde las que el príncipe Paris vio avanzar a las tropas griegas que vengaban el rapto de Helena.

El tesoro de Helena
El 14 de junio de 1873, al cabo de dos años de trabajo, un fabuloso tesoro se ofrecía ante él: un enorme acervo de 8.700 objetos de oro, copas, jarrones, pulseras, y la mayor maravilla: una diadema elaborada con 16.000 piezas de oro macizo.
Con lágrimas de emoción en los ojos coronó a su bella esposa con la diadema, la abrazó y gritó: «Cariño, este es el momento más bello de nuestras vidas. Luces la corona de Helena de Troya.»

La romántica escena culminaba una de las mayores apoteosis de la arqueología. Pero Schliemann estaba en un error. Aquella ciudad no era Troya, sino otra aún más antigua. Y la diadema, que pertenecía aproximadamente al año 2,300 antes de J .C., correspondía a otra princesa que vivió más de 1,000 años antes del nacimiento de Helena.

Hoy se sabe que la Troya de Hornero fue destruida hacia el año 1250 antes de J.C. y que Schliemann había pasado sobre sus cenizas al excavar las 57 capas.
Persecución de una estrella
El tesoro que había encontrado pertenecía a otra ciudad, sepultada en el fondo del gran monte estratificado conocido con el nombre de Hissarlik. Antes de morir, Schliemann tuvo noticia de su error.

Sin embargo, los arqueólogos posteriores le reconocen la gloria de -haber hallado el emplazamiento de la famosa ciudad y de haber demostrado, ante un mundo escéptico, que fue centro de una esplendorosa civilización. La singular hazaña se debió al mozo de un pobre tendero, que dedicó su vida a perseguir una estrella ... y casi la alcanzó.

domingo, 10 de julio de 2011

Pez eléctrico


El asombroso Pez eléctrico
Pez torpedo
Pez torpedo
El pez torpedo genera una corriente eléctrica con unas columnas de células apiladas con forma de placas, llamadas electroplacas, que se disponen dentro de paquetes musculares muy pequeños a ambos lados de su cabeza. Unos nervios ramificados por todos los órganos eléctricos inician la descarga, que se amplifica al pasar a través de las columnas. El pez torpedo rodea a sus presas con sus aletas pectorales, y las paraliza con una descarga de unos 200 voltios.

Pez eléctrico, nombre común de diversos peces no relacionados entre sí que emiten descargas eléctricas. Los órganos adaptados para este fin consisten en unos grupos de terminaciones nerviosas muy comprimidas. Por ejemplo, en las llamadas anguilas eléctricas (que no son anguilas verdaderas), una célula nerviosa característica genera un potencial eléctrico de 0,14 voltios. Como término medio, estas pequeñas anguilas tienen unas 230 células de este tipo por centímetro de longitud, que generan de 30 a 32 voltios. Las células están concentradas en la cola, que ocupa unos cuatro quintos de la longitud total del pez. Las anguilas eléctricas de mayor tamaño tienen menos células por unidad de longitud, pero son más grandes. Estas especies pueden emitir unas descargas de 450 a 600 voltios. Si se producen numerosas descargas en un intervalo corto, los órganos llegan a agotarse y no funcionan hasta que no hayan reposado lo suficiente. Estos peces utilizan las sacudidas eléctricas para aturdir a sus presas cuando están cazando, como medio de autodefensa, para la detección de presas y obstáculos y para su orientación.
Los peces eléctricos más importantes son las anguilas eléctricas, los peces gato y las rayas eléctricas o peces torpedo. La descarga más potente la emite la anguila eléctrica nativa del río Orinoco y de los ríos de la cuenca del Amazonas en Sudamérica. Las estructuras eléctricas de esta especie incluyen un órgano de pequeño tamaño que emite electricidad de forma continua y un órgano grande de alto voltaje, que suministra la mayor parte de la energía para las descargas intermitentes. Las sacudidas originadas por estos peces pueden aturdir a animales de gran tamaño.
El pez gato del Congo y de la cuenca del Nilo genera unas descargas más débiles que la especie anterior y a través de un mecanismo ligeramente distinto. Sus órganos eléctricos consisten en una membrana de terminaciones nerviosas que se extienden sobre todo el dorso.
Los peces torpedo de una determinada familia se localizan en los océanos de distintas regiones del mundo. En muchas partes de Europa es común un género de esta familia cuyos miembros tienen dos órganos de descarga eléctrica entre la cabeza y las aletas pectorales.
Clasificación científica: las anguilas eléctricas constituyen la familia Electrofóridos del orden de los Gimnotiformes. Se clasifica como Electrophorus electricus. Los peces gato pertenecen a la familia Malapterúridos del orden de los Siluriformes. El pez gato del Congo y la cuenca del Nilo se clasifica como Malapterus electricus. Los peces torpedo constituyen la familia Torpedínidos del orden de los Rayiformes.

miércoles, 6 de julio de 2011

Peces tropicales


Peces tropicales
Peces tropicales, peces cuyo medio ambiente natural se encuentre en los Trópicos, por ejemplo, en las aguas interiores y costeras de África, América Central y Sudamérica, India o el sureste de Asia. En estas regiones, los peces tropicales siempre han tenido importancia económica y ecológica. Hace poco se ha reconocido su importancia a escala global, dado que son una fuente abundante de proteínas, un medio de control de enfermedades transmitidas por los mosquitos y una valiosa herramienta para la investigación médica.
Aparte de todo esto, los peces tropicales de agua dulce tienen un interés intrínseco. Llenos de colorido, a menudo de formas exóticas y de pequeño tamaño, son coleccionados y apreciados por acuariófilos de todo el mundo. La cría y el mantenimiento de peces exóticos por puro placer se ha practicado desde los tiempos más remotos; hoy en día se encuentra entre las aficiones más populares. Hoy se crían peces tropicales para venderlos.
Se mantienen en diversos tipos de acuario, que van de simples tanques a sistemas elaborados que simulan un hábitat natural, con dispositivos para mantener la temperatura del agua, filtrarla y airearla, así como plantas y organismos acuáticos vivos. Se les proporciona alimentos secos, que se venden en las tiendas de mascotas, camarones en salazón, diversos tipos de gusanos, o Daphnias, un pequeño crustáceo. Se les debe alimentar a diario, pero sólo en cantidades que sean consumidas en pocos minutos. La sobrealimentación es la principal causa de muerte entre los peces tropicales de acuario y la putrefacción de la comida no consumida que queda en el fondo del tanque genera condiciones sanitariamente malsanas.
Como ocurre con otros peces, las especies tropicales se dividen en las que alumbran crías vivas y las que ponen huevos. Las especies que producen crías vivas son las más fáciles de criar, pero hay que apartar a las crías de los adultos, puesto que son caníbales. Los peces ovíparos requieren condiciones ambientales específicas a largo plazo para su supervivencia. Entre los peces que alumbran crías vivas destacan el gupi, los coliespadas, las molienisias y los platipoecilus. Entre los que ponen huevos, aparte del popular pez dorado o carpín dorado, y el pez ángel, se encuentran el pez luchador (véase Pez combatiente), el pez cebra, así llamado por las bandas negras que atraviesan su cuerpo de forma transversal, y el neón, caracterizado por su banda iridiscente de color azul y verde.
La afición de criar especies marinas nativas de las costas tropicales y los arrecifes coralinos es reciente, para ello se emplean acuarios llenos de agua marina natural o artificial que deben estar equipados también con medios para controlar el equilibrio ácido-básico del agua. La reproducción de estos peces en cautividad es muy difícil.

Pez ángel


Pez ángel
Pez ángel
Payaso o cachama negra
El payaso o cachama negra es un habitante común de los arrecifes de coral. Se identifica con facilidad por sus grandes aletas dorsal y anal, y por las llamativas rayas verticales amarillas que tiene en sus costados.


Pez ángel, nombre común que se utiliza para varios peces, incluidos el pez ángel verdadero y el pez mariposa. Los peces ángel se diferencian de los peces mariposa en que tienen una púa cerca del borde inferior de la agalla. Estos peces, comprimidos lateralmente, son unos de los más hermosos de los arrecifes tropicales. La mayoría de las especies son pequeñas, aunque alguna puede alcanzar los 61 cm de longitud. En muchas especies, los jóvenes y los adultos tienen distintas coloraciones; los ejemplares jóvenes de payaso o cachama negra (viven en aguas tropicales del Atlántico), son negros con bandas blancas luminosas, sin embargo los adultos son en su mayoría negros. El pez ángel reina también presenta diferentes coloridos según la edad. Muchos de estos peces se alimentan de pequeños invertebrados. Algunas especies se denominan castañetas o peces ángel de agua dulce y son muy comunes en los acuarios (véase Cíclidos).
Clasificación científica: los peces ángel pertenecen al orden Perciformes. Los verdaderos peces ángel forman la familia de los Pomacántidos. Los peces mariposa constituyen la familia Quetodóntidos. Las castañetas o peces ángel de agua dulce pertenecen a la familia de los Cíclidos. El payaso o cachema negra es Pomacanthus paru y el pez ángel reina es Holocanthus ciliaris.

Pez combatiente


Pez combatiente
Pez combatiente
En la naturaleza, el pez combatiente, es un pequeño pez nativo del sureste de Asia. Su cría intensiva, destinada a la industria de los acuarios, ha provocado el desarrollo de largas aletas flotantes y de coloraciones brillantes. Todos los peces combatientes pueden respirar aire atmosférico mediante una estructura especializada, llamada laberinto, que se localiza detrás de las agallas. Si a los peces combatientes se les impide respirar el aire de la superficie morirán.

Pez combatiente, también conocido como pez luchador tailandés, nombre común de un pequeño pez de agua dulce nativo del Sureste asiático. Los peces combatientes pueden ser de muchos colores, aunque la mayoría son rojos, azules y turquesa. En los machos el color se aviva durante el cortejo o el combate. Los adultos miden entre 3,8 y 6,4 cm de longitud. Algunas especies similares relacionadas son el gurami besucón y el gurami trepador. El combatiente no es capaz de obtener el oxígeno suficiente del agua y debe salir cada cierto tiempo a la superficie para respirar. Debajo de cada hendidura branquial tienen un órgano especial, el laberinto, que utilizan para tomar aire. De esta manera pueden vivir en el agua aunque no les aporte la cantidad de oxígeno necesaria. Los machos construyen un nido para guardar los huevos formando burbujas pegajosas, que acumulan en forma de espuma sobre la superficie del agua. Después expulsan esperma para fecundar los huevos, que han puesto las hembras en la espuma, y se encargan del cuidado de las crías durante un corto periodo.
Los combatientes machos son agresivos y atacan incluso su propio reflejo en un espejo. Esta especie se cría en Tailandia para la celebración de combates en los que la gente apuesta por uno de los contrincantes. Las peleas se inician colocando dos peceras adyacentes, con sendos rivales igualados. Cuando uno intenta atacar al otro, se sacan de sus recipientes y se colocan en un gran contenedor común. A partir de este momento se sitúan flanco con flanco y comienzan una serie de movimientos de ataque muy rápidos. Debido a sus dientes pequeños, más que morder, mordisquean las aletas del contrincante. Las peleas se interrumpen algunas veces cuando los peces tienen que subir a la superficie a respirar. Aunque se producen daños importantes en las aletas y en las escamas durante la lucha, los combatientes casi siempre se recuperan por completo en unas cuantas semanas.
Clasificación científica: el pez combatiente pertenece a la familia de los Belóntidos, del orden Perciformes. El pez combatiente es Betta splendens.

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