Las aves más grandes del mundo









AVES TAN ALTAS COMO ELEFANTES
Fuertes, pero no voladoras ... y ahora extintas

EL «DODO» DE NUEVA ZELANDA. La moa gigante, Dinornis maximus, medía cuatro metros de altura. No volaba, pero sus armas eran la fuerza y la velocidad.

UN viejo jamelgo, cuyo corazón dejó de latir bajo su carga de leña, dio origen a. uno de' los más sorprendentes descubrimientos paleontológicos del universo.
El hecho ocurrió en 1936 en Pyramid Valley, en North Canterbury (Nueva Zelanda). El agricultor Joseph Hogden y su hijo Rob comenzaron a cavar una fosa para enterrar al animal, cuando hallaron numerosos huesos de aspecto extraño. El hallazgo resultó corresponder a restos de varias aves no voladoras, llamadas moas, extinguidas en Nueva Zelanda hace unos 500 años.

Cuando los arqueólogos excavaron el lugar encontraron unos 2.000 esqueletos por cada hectárea de pantano, y estudiaron concienzudamente una hectárea y media. Jamás se habían hallado anteriormente tantos esqueletos íntegros de esta ave.

Esto permitió a los expertos determinar detalles estructurales que aún no estaban confirmados, y clasificar este tipo de aves con mayor exactitud ..

Pérdida de la capacidad de vuelo
Hasta hoy se han identificado unas 25 especies de aves moas: desde una del tamaño de un pavo hasta el enorme Dinornis maximus, que, con sus cuatro metros de altura, era el cuarto gigante del orbe, después de la ballena, del elefante africano y de la jirafa.

En alguna etapa de la evolución de la vida, los antepasados de las moas sobrevivieron debido a su fortaleza y a su velocidad en la carrera. Entonces perdieron su capacidad para el vuelo y se transformaron en aves corredoras.

Durante el primer año de excavaciones, los numerosos arqueólogos que se dirigieron al valle recogieron unos 50 esqueletos, a los que faltaba cuello y cráneo. Algunas de las aves de Pyramid Valley, que quedaron atrapadas en los barros del pantano, se hundieron hasta el fondo. Es posible que águilas gigantescas hicieran presa en las cabezas y cuellos de estas aves mientras desaparecían en la ciénaga. Las aves halladas a mayor profundidad aún conservaban el cuello y el cráneo.

También aparecieron fragmentos de un huevo que no llegó a ser puesto, desprendido de los restos de una moa en descomposición y roto en 200 pedazos. Al cabo de unos meses se logró reconstruir y pudo saberse que medía 18 centímetros de longitud por 13 de diámetro.

Se ha comprobado que vivían dos especies de moa en Nueva Zelanda cuando los primeros colonos polinesios llegaron a las islas hacia el año 1000 después de C. Avala este hecho la aparición de huesos diferentes en antiguos campamentos maoríes.

Al principio del siglo XIX, los colonos europeos encontraron moas de menor tamaño que habitaban zonas arbustivas en los confines del sur. Pero pronto se extinguieron, convertidas en fácil presa.


lunes, 27 de junio de 2011

1 comentario :

Anónimo dijo...

No mencionas que los indigenas de Nueva Zelanda tivieron que ver con la exticion de las moas. Es importante decirlo ya que existe el mito que los indigenas de diferentes partes del mundo vivian en armonia con la naturaleza. Algo evidentemente falso.

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