Océano Atlántico



océano. (Del lat. oceănus). m. Grande y dilatado mar que cubre la mayor parte de la superficie terrestre. || 2. Cada una de las grandes subdivisiones de este mar. Océano Atlántico, Pacífico, Índico, Boreal, Austral. || 3. Inmensidad de algunas cosas.

Océano Atlántico
Océano Atlántico, es el segundo en extensión de los océanos de la Tierra, después del océano Pacífico, y el de mayor actividad marítima. El Atlántico está dividido por el ecuador en dos secciones bastante artificiales: el Atlántico norte y el Atlántico sur. Su nombre deriva de Atlas (mar allende de los montes Atlas), uno de los titanes de la mitología griega.
LÍMITES Y TAMAÑO
El océano Atlántico es, en esencia, una cuenca o cubeta de gran tamaño que se extiende de norte a sur desde el océano Glacial Ártico, al norte, hasta la Antártida, al sur, en el espacio comprendido entre la costa oriental de América del Norte y América del Sur y las costas occidentales de Europa y África. Ocupa más de 106 millones de km2 de superficie total.
El límite entre el Atlántico norte y el océano Glacial Ártico se ha establecido de forma arbitraria, a través de cordilleras submarinas que se extienden entre las masas de tierra de la isla de Baffin, Groenlandia y Escocia. Sin embargo, es más claro marcar el límite con el mar Mediterráneo a la altura del estrecho de Gibraltar, y con el mar Caribe a lo largo del arco que forman las islas del Caribe. El Atlántico sur está separado de forma arbitraria del océano Índico por el meridiano de 20° longitud E, y del Pacífico, al O, por la línea de mayor profundidad que se extiende entre el cabo de Hornos y la península Antártica.
FORMACIÓN GEOLÓGICA Y RASGOS ESTRUCTURALES
El océano Atlántico comenzó su formación durante el jurásico, hace unos 150 millones de años, cuando se desgarró el gran continente de Gondwana como resultado de la separación de América del Sur y África, que aún hoy se mantiene en una progresión de varios centímetros al año a lo largo de la dorsal submarina centroatlántica, cadena montañosa que se extiende de norte a sur de forma sinuosa y a mitad de camino entre los continentes. Con aproximadamente 1.500 km de anchura, esta cadena tiene una topografía más accidentada que cualquier otra cordillera de la superficie terrestre y en ella tienen lugar frecuentes erupciones volcánicas y terremotos. Sus elevaciones oscilan entre los 1.000 y los 3.000 m sobre el fondo oceánico.
En las costas americanas, antárticas, africanas y europeas se acumulan los detritos de las rocas erosionadas de los continentes, formando la plataforma continental. Las cadenas y elevaciones submarinas se extienden de forma desigual de este a oeste entre las plataformas continentales y la cordillera del Atlántico medio (dorsal Media del Atlántico), dividiendo los fondos oceánicos orientales y occidentales en una serie de cuencas conocidas como llanuras abisales. Las cuencas del lado americano de la dorsal Media del Atlántico tienen una profundidad de más de 5.000 m y son: la cuenca Norteamericana, la cuenca de las Guayanas, la de Brasil y la de Argentina. El perfil euroafricano está marcado por varias cuencas de menor profundidad: la cuenca de Europa Occidental, la cuenca de las Canarias, la terraza de Cabo Verde, la cuenca de Sierra Leona, la de Guinea, la de Angola, la de El Cabo y la del Cabo Agujas. La gran cuenca Atlántico-Indica occidental se extiende a lo largo del área más meridional de la cordillera centroatlántica.
El océano Atlántico tiene una profundidad media de 3.926 m. En su punto de mayor profundidad, la fosa de Puerto Rico, el fondo marino está a 8.742 m de profundidad.
Las islas más extensas del océano Atlántico son prolongación de las plataformas continentales. La isla de Terranova es la más grande de la plataforma de América del Norte, y las islas Británicas son el mayor archipiélago de la plataforma euroafricana. Entre las islas continentales cabe destacar el archipiélago de las Malvinas, el principal grupo de islas de la plataforma de América del Sur, y las islas Sandwich del Sur en la plataforma de la Antártida.
En general, las islas oceánicas de origen volcánico son menos frecuentes que en el Pacífico; entre éstas se encuentran las del arco insular del Caribe (además de Puerto Rico, La Española —integrada por República Dominicana y Haití—, Jamaica y Cuba). En el Atlántico oriental, las islas de Madeira, Canarias, Cabo Verde y el grupo de Santo Tomé y Príncipe son elevaciones de la cordillera submarina. Las Azores, Saint Paul’s Rocks, Ascensión y el grupo de Tristán da Cunha constituyen elevaciones aisladas de la cordillera centroatlántica; la isla más grande es Islandia, resultado también de la actividad volcánica en esta cordillera. Las Bermudas se elevan sobre el fondo de la cuenca Norteamericana, y Santa Elena sobre la cuenca de Angola.
CORRIENTES MARINAS
El sistema de circulación superficial de las aguas del Atlántico, puede representarse como dos grandes vórtices o sistemas de corriente circular: una en el Atlántico norte y otra en el Atlántico sur. Estas corrientes están provocadas por la acción de los vientos alisios y también por la rotación de la Tierra. Las del Atlántico norte, entre las que se encuentran la corriente norecuatorial, la de las Canarias y la corriente del Golfo, se mueven en el sentido de las agujas del reloj. Las del Atlántico sur, entre las que destacan la de Brasil, la de Benguela y la corriente surecuatorial, se dirigen en sentido contrario a las agujas del reloj. Cada vórtice se extiende desde una latitud de unos 45° hasta el ecuador; cuanto más cerca se encuentre de los polos, menos definidos estarán los vórtices de rotación contraria; es decir, circularán en sentido contrario a las agujas del reloj en las regiones árticas del Atlántico norte, y en el sentido de las agujas del reloj cerca de la Antártida, en el Atlántico sur.
El Atlántico recibe aguas de la mayoría de los ríos más importantes del mundo, como el San Lorenzo, el Mississippi, el Orinoco, el Amazonas, el Paraná, el Congo, el Níger y el Loira, además de los ríos que desembocan en el mar del Norte, en el Báltico y en el Mediterráneo. Sin embargo, el Atlántico es algo más salino que los océanos Pacífico o Índico a causa de la alta concentración de sales de las aguas que vierte el Mediterráneo.
TEMPERATURAS
El océano Atlántico puede describirse como un lecho de agua con temperaturas inferiores a los 9 °C (capa de agua fría) que soporta una burbuja de agua de más de 9 °C (capa de agua cálida), la cual se extiende desde los 50° de latitud N a los 50° de latitud S y tiene una profundidad media de unos 600 m. La circulación más pronunciada se localiza en la capa más superficial de agua cálida. Por debajo de ésta, la circulación se hace progresivamente más lenta al descender la temperatura.
Las temperaturas de la superficie oscilan entre los 0 °C (valores hallados en los márgenes árticos y antárticos) y los 27 °C (a lo largo del cinturón del ecuador). A profundidades por debajo de los 2.000 m las temperaturas permanecen invariables en torno a los 2 °C, mientras que en las aguas del fondo marino, a más de 4.000 m, es normal encontrar -1 °C de temperatura.
RECURSOS MARINOS
El océano Atlántico cuenta con algunos de los bancos pesqueros más productivos del mundo, situados en las plataformas continentales y en las cordilleras marinas a la altura de las islas Británicas, Islandia, Canadá (en particular los caladeros de Terranova) y noreste de Estados Unidos. Las áreas con afloramiento, en las que las aguas profundas del océano ricas en nutrientes fluyen hacia la superficie, gozan de abundante fauna marítima, como es el caso de la bahía de Walvis en el sureste africano. Arenque, anchoa, sardina, bacalao, platija y perca son las especies comerciales de mayor importancia; el atún se pesca en grandes cantidades al noroeste de África y al noreste de América del Sur. La pesca por unidad de superficie es mucho más abundante en el Atlántico que en los demás océanos.
El mar de los Sargazos constituye un ejemplo destacado de flora marina; está situado en una sección oval del Atlántico norte que se extiende desde las Antillas a las Azores al sur, y queda limitado al oeste y norte por la corriente del Golfo (aproximadamente hasta las costas de Terranova por el norte). En su superficie es relativamente fácil encontrar marañas de algas de color pardo llamadas sargazos.
El Atlántico es también rico en recursos minerales. La zona costera oriental de Florida explota minas de titanio, circón y monacita (fosfatos derivados de metales de cerio), mientras que en la costa ecuatorial de África abunda el titanio y el mineral de hierro. Las plataformas y taludes continentales del Atlántico son potencialmente ricos en combustibles fósiles. En la región del mar del Norte y en el golfo de México se han extraído grandes cantidades de petróleo; sin embargo, en las costas africanas y en el golfo de Guinea estas extracciones se realizan en menor medida.

lunes, 4 de octubre de 2010

La Tierra



Una atmósfera rica en oxígeno, temperaturas moderadas, agua abundante y una composición química variada permiten a la Tierra ser el único planeta conocido que alberga vida. El planeta se compone de rocas y metales, sólidos en el exterior, pero fundidos en el núcleo. Esta fotografía tomada en 1972 por la nave espacial Apolo 17 muestra la península Arábiga, África y la Antártida (la mayor parte del área blanca de la base).
Tierra (planeta), tercer planeta desde el Sol y quinto en cuanto a tamaño de los nueve planetas principales. La distancia media de la Tierra al Sol es de 149.503.000 km. Es el único planeta conocido que tiene vida, aunque algunos de los otros planetas tienen atmósferas y contienen agua.

La estructura interna de la Tierra

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La Tierra no es una esfera perfecta, sino que tiene forma de pera. Cálculos basados en las perturbaciones de las órbitas de los satélites artificiales revelan que la Tierra es una esfera imperfecta porque el ecuador se engrosa 21 km; el polo norte está dilatado 10 m y el polo sur está hundido unos 31 metros.
MOVIMIENTO
El Sistema Solar
Al igual que todo el Sistema Solar, la Tierra se mueve por el espacio a razón de unos 20,1 km/s o 72,360 km/h hacia la constelación de Hércules. Sin embargo, la galaxia Vía Láctea como un todo, se mueve hacia la constelación Leo a unos 600 km/s. La Tierra y su satélite, la Luna, también giran juntas en una órbita elíptica alrededor del Sol. La excentricidad de la órbita es pequeña, tanto que la órbita es prácticamente un círculo. La circunferencia aproximada de la órbita de la Tierra es de 938.900.000 km y nuestro planeta viaja a lo largo de ella a una velocidad de unos 106.000 km/h. La Tierra gira sobre su eje una vez cada 23 horas, 56 minutos y 4,1 segundos. Por lo tanto, un punto del ecuador gira a razón de un poco más de 1.600 km/h y un punto de la Tierra a 45° de altitud N, gira a unos 1.073 km/h.
Además de estos movimientos primarios, hay otros componentes en el movimiento total de la Tierra como la precesión de los equinoccios (véase Eclíptica) y la nutación (una variación periódica en la inclinación del eje de la Tierra provocada por la atracción gravitacional del Sol y de la Luna).

COMPOSICIÓN
Estructura interna de la Tierra
Desde los comienzos de la historia de nuestro planeta, éste está compuesto de diversas capas que se formaron mientras los materiales pesados gravitaban hacia el centro y los más ligeros salían a la superficie. Entre algunas de las capas se producen cambios químicos o estructurales que provocan discontinuidades. Los elementos menos pesados, como silicio, aluminio, calcio, potasio, sodio y oxígeno, componen la corteza exterior.


Se puede considerar que la Tierra se divide en cinco partes: la primera, la atmósfera, es gaseosa; la segunda, la hidrosfera, es líquida; la tercera, cuarta y quinta, la litosfera, el manto y el núcleo son sólidas. La atmósfera es la cubierta gaseosa que rodea el cuerpo sólido del planeta. Aunque tiene un grosor de más de 1.100 km, aproximadamente la mitad de su masa se concentra en los 5,6 km más bajos. La litosfera, compuesta sobre todo por la fría, rígida y rocosa corteza terrestre, se extiende a profundidades de 100 km. La hidrosfera es la capa de agua que, en forma de océanos, cubre el 70,8% de la superficie de la Tierra. El manto y el núcleo son el pesado interior de la Tierra y constituyen la mayor parte de su masa.
La hidrosfera se compone principalmente de océanos, pero en sentido estricto comprende todas las superficies acuáticas del mundo, como mares interiores, lagos, ríos y aguas subterráneas. La profundidad media de los océanos es de 3.794 m, más de cinco veces la altura media de los continentes. La masa de los océanos es de 1.350.000.000.000.000.000 (1,35 × 1018) toneladas, o el 1/4.400 de la masa total de la Tierra.
Las rocas de la litosfera tienen una densidad media de 2,7 veces la del agua y se componen casi por completo de 11 elementos, que juntos forman el 99,5% de su masa. El más abundante es el oxígeno (46,60% del total), seguido por el silicio (27,72%), aluminio (8,13%), hierro (5,0%), calcio (3,63%), sodio (2,83%), potasio (2,59%), magnesio (2,09%) y titanio, hidrógeno y fósforo (totalizando menos del 1%). Además, aparecen otros 11 elementos en cantidades del 0,1 al 0,02%. Estos elementos, por orden de abundancia, son: carbono, manganeso, azufre, bario, cloro, cromo, flúor, circonio, níquel, estroncio y vanadio. Los elementos están presentes en la litosfera casi por completo en forma de compuestos más que en su estado libre.
La litosfera comprende dos capas (la corteza y el manto superior) que se dividen en unas doce placas tectónicas rígidas (véase Tectónica de placas). La corteza misma se divide en dos partes. La corteza siálica o superior, de la que forman parte los continentes, está constituida por rocas cuya composición química media es similar a la del granito y cuya densidad relativa es de 2,7. La corteza simática o inferior, que forma la base de las cuencas oceánicas, está compuesta por rocas ígneas más oscuras y más pesadas como el gabro y el basalto, con una densidad relativa media aproximada de 3.
La litosfera también incluye el manto superior. Las rocas a estas profundidades tienen una densidad de 3,3. El manto superior está separado de la corteza por una discontinuidad sísmica, la discontinuidad de Mohorovicic, y del manto inferior por una zona débil conocida como astenosfera. Las rocas plásticas y parcialmente fundidas de la astenosfera, de 100 km de grosor, permiten a los continentes trasladarse por la superficie terrestre y a los océanos abrirse y cerrarse.
El denso y pesado interior de la Tierra se divide en una capa gruesa, el manto, que rodea un núcleo esférico más profundo. El manto se extiende desde la base de la corteza hasta una profundidad de unos 2.900 km. Excepto en la zona conocida como astenosfera, es sólido y su densidad, que aumenta con la profundidad, oscila de 3,3 a 6. El manto superior se compone de hierro y silicatos de magnesio como el olivino y la parte inferior de una mezcla de óxidos de magnesio, hierro y silicio.
La investigación sismológica ha demostrado que el núcleo tiene una capa exterior de unos 2.225 km de grosor con una densidad relativa media de 10. Esta capa es probablemente rígida y los estudios demuestran que su superficie exterior tiene depresiones y picos, y estos últimos se forman donde surge la materia caliente. Por el contrario, el núcleo interior, cuyo radio es de unos 1.275 km, es sólido. Se cree que ambas capas del núcleo se componen en gran parte de hierro con un pequeño porcentaje de níquel y de otros elementos. Las temperaturas del núcleo interior pueden llegar a los 6.650 °C y se considera que su densidad media es de 13.
FLUIDO TÉRMICO INTERNO
El núcleo interno irradia continuamente un calor intenso hacia afuera, a través de las diversas capas concéntricas que forman la porción sólida del planeta. Se cree que la fuente de este calor es la energía liberada por la desintegración del uranio y otros elementos radiactivos. Las corrientes de convección dentro del manto trasladan la mayor parte de su energía térmica desde la profundidad de la Tierra a la superficie y son la fuerza conductora de la deriva de los continentes. El flujo de convección proporciona las rocas calientes y fundidas al sistema mundial de cadenas montañosas oceánicas (véase Océanos y oceanografía) y suministra la lava que sale de los volcanes.
EDAD Y ORIGEN DE LA TIERRA
La datación radiométrica ha permitido a los científicos calcular la edad de la Tierra en 4.650 millones de años. Aunque las piedras más antiguas de la Tierra datadas de esta forma, no tienen más de 4.000 millones de años, los meteoritos, que se corresponden geológicamente con el núcleo de la Tierra, dan fechas de unos 4.500 millones de años, y la cristalización del núcleo y de los cuerpos precursores de los meteoritos, se cree que ha ocurrido al mismo tiempo, unos 150 millones de años después de formarse la Tierra y el Sistema Solar (véase Sistema Solar: Teorías sobre el origen).
Después de condensarse a partir del polvo cósmico y del gas mediante la atracción gravitacional, la Tierra habría sido casi homogénea y relativamente fría. Pero la continuada contracción de estos materiales hizo que se calentara, calentamiento al que contribuyó la radiactividad de algunos de los elementos más pesados. En la etapa siguiente de su formación, cuando la Tierra se hizo más caliente, comenzó a fundirse bajo la influencia de la gravedad. Esto produjo la diferenciación entre la corteza, el manto y el núcleo, con los silicatos más ligeros moviéndose hacia arriba para formar la corteza y el manto y los elementos más pesados, sobre todo el hierro y el níquel, sumergiéndose hacia el centro de la Tierra para formar el núcleo. Al mismo tiempo, la erupción volcánica, provocó la salida de vapores y gases volátiles y ligeros de manto y corteza. Algunos eran atrapados por la gravedad de la Tierra y formaron la atmósfera primitiva, mientras que el vapor de agua condensado formó los primeros océanos del mundo.
MAGNETISMO TERRESTRE
El fenómeno del magnetismo terrestre es el resultado del hecho de que toda la Tierra se comporta como un enorme imán. El físico y filósofo natural inglés William Gilbert fue el primero que señaló esta similitud en 1600, aunque los efectos del magnetismo terrestre se habían utilizado mucho antes en las brújulas primitivas.
Polos magnéticos
Campo magnético de la Tierra
Un poderoso campo magnético rodea a la Tierra, como si el planeta tuviera un enorme imán en su interior cuyo polo sur estuviera cerca del polo norte geográfico y viceversa. Por paralelismo con los polos geográficos, los polos magnéticos terrestres reciben el nombre de polo norte magnético (próximo al polo norte geográfico) y polo sur magnético (próximo al polo sur geográfico), aunque su magnetismo real sea opuesto al que indican sus nombres.

Los polos magnéticos de la Tierra no coinciden con los polos geográficos de su eje. El polo norte magnético se sitúa hoy cerca de la costa oeste de la isla Bathurst en los Territorios del Noroeste en Canadá, casi a 1.290 km al noroeste de la bahía de Hudson. El polo sur magnético se sitúa hoy en el extremo del continente antártico en Tierra Adelia, a unos 1.930 km al noreste de Little America (Pequeña América).
Las posiciones de los polos magnéticos no son constantes y muestran notables cambios de año en año. Las variaciones en el campo magnético de la Tierra incluyen una variación secular, el cambio en la dirección del campo provocado por el desplazamiento de los polos. Esta es una variación periódica que se repite después de 960 años. También existe una variación anual más pequeña, al igual que se da una variación diurna, o diaria, que sólo es detectable con instrumentos especiales.
Teoría de la dinamo
Las mediciones de la variación muestran que todo el campo magnético tiene tendencia a trasladarse hacia el Oeste a razón de 19 a 24 km por año. El magnetismo de la Tierra es el resultado de una dinámica más que una condición pasiva, que sería el caso si el núcleo de hierro de la Tierra estuviera compuesto por materia sólida magnetizada. El hierro no retiene un magnetismo permanente a temperaturas por encima de los 540 °C, y la temperatura en el centro de la Tierra puede ascender a los 6.650 °C. La teoría de la dinamo sugiere que el núcleo de hierro es líquido (excepto en el mismo centro de la Tierra, donde la presión solidifica el núcleo), y que las corrientes de convección dentro del núcleo líquido se comportan como las láminas individuales en una dinamo, creando de este modo un gigantesco campo magnético. El núcleo sólido interno gira más despacio que el núcleo exterior, explicándose así el traslado secular hacia el Oeste. La superficie irregular del núcleo exterior puede ayudar a explicar algunos de los cambios más irregulares en el campo.

INTENSIDAD DEL CAMPO

El campo magnético terrestre
El estudio de la intensidad del campo magnético de la Tierra es valioso desde el punto de vista de la ciencia pura y de la ingeniería y también para la prospección geológica de minerales y de fuentes de energía. Las mediciones de intensidad se hacen con instrumentos llamados magnetómetros, que determinan la intensidad total del campo y las intensidades en dirección horizontal y vertical. La intensidad del campo magnético de la Tierra varía en diferentes puntos de su superficie. En las zonas templadas asciende a unos 48 amperios/metro, de los cuales un tercio se da en dirección horizontal.

Paleomagnetismo
Estudios de antiguas rocas volcánicas muestran que al enfriarse se ‘congelaban’ con sus minerales orientados en el campo magnético existente en aquel tiempo. Mediciones mundiales de estos depósitos minerales muestran que a través del tiempo geológico la orientación del campo magnético se ha desplazado con respecto a los continentes, aunque se cree que el eje sobre el que gira la Tierra ha sido siempre el mismo. Por ejemplo, el polo norte magnético hace 500 millones de años estaba al sur de Hawai y durante los siguientes 300 millones de años el ecuador magnético atravesaba los Estados Unidos. Para explicar esto, los geólogos creen que diferentes partes de la corteza exterior de la Tierra se han desplazado poco a poco en distintas direcciones. Si esto fuera así, los cinturones climáticos habrían seguido siendo los mismos, pero los continentes se habrían desplazado lentamente por diferentes ‘paleolatitudes’.
Modificaciones magnéticas
Recientes estudios de magnetismo remanente (residual) en rocas y de las anomalías magnéticas de la cuenca de los océanos han demostrado que el campo magnético de la Tierra ha invertido su polaridad por lo menos 170 veces en los pasados 100 millones de años. El conocimiento de estas modificaciones, datables a partir de los isótopos radiactivos de las rocas, ha tenido gran influencia en las teorías de la deriva continental y la extensión de las cuencas oceánicas.
ELECTRICIDAD TERRESTRE
Se conocen tres sistemas eléctricos generados en la Tierra y en la atmósfera por procesos geofísicos naturales. Uno de ellos está en la atmósfera y otro está dentro de la Tierra, fluyendo paralelo a la superficie. El tercero, que traslada carga eléctrica entre la atmósfera y la Tierra, fluye en vertical. Véase Electricidad.
La electricidad atmosférica, excepto aquella que se asocia con cargas dentro de una nube y ocasiona el relámpago, es el resultado de la ionización de la atmósfera por la radiación solar y a partir del movimiento de nubes de iones conducidas por mareas atmosféricas. Las mareas atmosféricas se producen por la atracción gravitacional del Sol y la Luna sobre la atmósfera de la Tierra (véase Gravitación) y, al igual que las mareas oceánicas, suben y bajan a diario. La ionización y, por consiguiente, la conductividad eléctrica de la atmósfera cercana a la superficie de la Tierra es baja, pero crece con rapidez al aumentar la altura. Entre los 40 y los 400 km por encima de la Tierra, la ionosfera constituye una capa esférica casi perfectamente conductora. La capa refleja las señales de radio de ciertas longitudes de onda, ya se originen en la Tierra o lleguen a la Tierra desde el espacio. La ionización de la atmósfera varía mucho, no sólo con la altura sino también con la hora del día y la latitud.
Corrientes de la Tierra
Las corrientes de la Tierra constituyen un sistema mundial de ocho circuitos cerrados de corriente eléctrica distribuidos de una forma bastante uniforme a ambos lados del ecuador, además de una serie de circuitos más pequeños cerca de los polos. Aunque se ha argumentado que este sistema está ocasionado por los cambios diarios en la electricidad atmosférica (y esto puede ser cierto para variaciones de periodo corto), es probable que los orígenes del sistema sean más complejos. El núcleo de la Tierra, que está compuesto por hierro fundido y níquel, puede conducir electricidad y es comparable con el armazón de un generador eléctrico gigantesco. Se considera que las corrientes de convección mueven el metal fundido en circuitos relacionados con el campo magnético de la Tierra y se ven reflejados en el sistema de las corrientes de la Tierra que producen.
La carga de la superficie de la Tierra
La superficie de la Tierra tiene carga eléctrica negativa. Aunque la conductividad del aire cerca de la Tierra es pequeña, el aire no es un aislante perfecto y la carga negativa se consumiría con rapidez si no se repusiera de alguna forma.
Cuando se han realizado mediciones con buen tiempo, se ha observado que un flujo de electricidad positiva se mueve hacia abajo desde la atmósfera hacia la Tierra. La causa es la carga negativa de la Tierra, que atrae iones positivos de la atmósfera. Aunque se ha sugerido que este flujo descendente puede ser contrarrestado por flujos positivos ascendentes en las regiones polares, la hipótesis preferida hoy es que la carga negativa se traslada a la Tierra durante las tormentas y que el flujo descendente de corriente positiva durante el buen tiempo se contrarresta con un flujo de regreso de la corriente positiva desde zonas de la Tierra que experimentan tiempo tormentoso. Se ha comprobado que la carga negativa se traslada a la Tierra desde nubes de tormenta y la relación en la que las tormentas desarrollan energía eléctrica es suficiente para reponer la carga de la superficie. Además, la frecuencia de tormentas parece ser mayor durante el día, cuando la carga negativa aumenta con mayor rapidez.

Espíritu Santo


Espíritu Santo, en la fe cristiana, la tercera persona de la Trinidad, siendo las otras Dios Padre y Dios Hijo. En el Nuevo Testamento Jesucristo se refiere al Espíritu Santo como 'el Consolador... que mi Padre enviará en mi nombre' (Jn. 14,26).
Con lentitud se fue elaborando una teología del Espíritu Santo, sobre todo en respuesta a las polémicas sobre la relación de Jesucristo con Dios Padre. En el año 325, el Concilio de Nicea condenó como herejía la doctrina arriana, según la cual el Hijo era una criatura que no era igual al Padre ni coeterna con él. En el año 381 el Concilio de Constantinopla condenó la prolongación lógica de esa opinión, que el Espíritu Santo había sido creado por el Hijo. El concilio declaró: 'Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre. Junto con el Padre y el Hijo recibe adoración y gloria'. Posteriores declaraciones sólo introdujeron un cambio doctrinal importante, el añadido en el siglo IX de filioque al credo de Constantinopla. Ese añadido, que el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo, ha sido fuente de discordia desde entonces entre la cristiandad oriental y la occidental.
El Espíritu Santo es representado en las Sagradas Escrituras por medio de símbolos: la paloma (Mc. 1,10), simbolizando paz y reconciliación; un torbellino (He. 2) que simboliza la fuerza, y lenguas de fuego (He. 2) en representación del éxtasis de los creyentes. El Espíritu Santo es considerado el santificador, que dirige y guía a la Iglesia y a sus miembros.

viernes, 1 de octubre de 2010

Diablo



En la teología católica, el demonio, ángel rebelde que adquirió una naturaleza malvada como consecuencia de su pecado de orgullo, ha sido considerado siempre como el supremo espíritu del mal. En la imagen, detalle de un mosaico del pintor italiano Coppo di Marcovaldo que representa al demonio en un terrorífico escenario de cuerpos de condenados.

Diablo, ser sobrenatural, espíritu o fuerza capaz de influir en las vidas humanas, en general por medios malignos. Los demonios están presentes en la mayoría de las religiones, así como en la mitología y en la literatura. El exorcismo o práctica de expulsar los diablos que se alojan en el cuerpo de una persona o la poseen, ha sido practicado por numerosas religiones a través de una figura dotada de una autoridad especial. El estudio de los demonios recibe el nombre de demonología.
La creencia en los espíritus malignos y en su capacidad para influir en las vidas de la gente se remonta a los tiempos prehistóricos. Muchos pueblos primitivos creían que los demonios dominaban todos los elementos de la naturaleza. Los espíritus malignos o demonios eran los espíritus de los antepasados que traían la desgracia a la gente. Las sociedades que practicaban el culto a los antepasados pretendían influir en las acciones tanto de los buenos como de los malos espíritus (véase Religión: Religiones primitivas). Algunas sociedades de la antigüedad, como las de Egipto y Babilonia (hoy Irak), creían que estos espíritus dominaban las funciones del cuerpo humano y que provocaban ciertas enfermedades.
Los espíritus y los seres demoníacos tuvieron una gran importancia en el hinduismo, la religión de la India. En las escrituras hindúes, llamadas Veda y escritas alrededor del año 1000 a.C., se describen diversos seres malignos, como los asuras y los panis, que hacen daño a las personas y se enfrentan con los dioses hindúes. La palabra demonio, del griego daimon, se refiere a unos seres dotados de poderes especiales y situados entre los humanos y los dioses. Estos seres tenían la capacidad de mejorar las vidas de la gente o de ejecutar los castigos de los dioses.
Las principales creencias cristianas con respecto a los demonios tienen su origen en las alusiones a seres malignos o “espíritus impuros” que aparecen en el Antiguo Testamento. En la edad media, la teología cristiana elaboró una complicada jerarquía de ángeles, relacionados con Dios, y de ángeles caídos o demonios, liderados por Satán. Éste estaba considerado como el primer ángel caído. En la mayoría de las versiones inglesas de la Biblia el término demonio se traduce como diablo, y en el Nuevo Testamento el demonio se identifica con un espíritu maligno (véase Ángel; Demonio).
En la religión islámica también aparecen numerosos demonios. Las escrituras musulmanas describen a un grupo de ellos llamados jinn, que causaban la destrucción y presidían los lugares en los que tenían lugar actividades malignas. El primer jinni fue Iblis, expulsado por Alá por negarse a venerar a Adán, el primer hombre.
Los demonios forman parte del folclore popular en todo el mundo. Muchos de estos demonios tienen características especiales. Entre ellos se encuentra la familia de los vampiros, que chupan la sangre de sus víctimas, el oni japonés, que provoca las tormentas, y en la Escocia legendaria los kelpies acechan los lagos para ahogar a los viajeros incautos. La creencia popular en demonios y espíritus malignos ha ido desapareciendo poco a poco a partir del siglo XVII.

Querubín



Querubín (en hebreo, querubeo, “próximo”), ser alado, angélico y celestial. En el antiguo pensamiento hebreo, los ángeles mismos son antropomórficos, o semihumanos, mientras que los querubines tienen alas y son zoomórficos o semianimales. Pueden haber derivado de antiguos dioses del Próximo Oriente o espíritus. En el desarrollado sistema de la angelología hebrea, sin embargo, el querubín forma la segunda clase más alta de ángeles de las nueve existentes.
Dios situó al querubín en el lado oriental del Edén para impedir que los seres humanos volvieran a entrar al jardín y accedieran al árbol de la vida (ver Gén. 3, 24). Los querubines también sostienen o funcionan como el trono de Dios o el carro (ver Sal. 80, 1; 18, 10). Las fantásticas y detalladas descripciones de Ezequiel del querubín (ver Ez. 1, 4-28; 10, 3-22), aunque características de una época, son responsables, en gran medida, de su entrada en la historia del arte. En el islam los querubines permanecen en alabanza perpetua de Alá.
Según la teología cristiana, un querubín es un tipo de ángel, el segundo de los nueve coros o jerarquías angélicas. Se consideran los guardianes de la gloria de Dios. Su nombre significa "plenitud de conocimiento" o "rebosante de sabiduría". Su extrema inteligencia les permite conocer a Dios como ningún ser humano puede hacerlo. Tienen un poder superior al de los ángeles malos y de acuerdo con el Apocalipsis su velocidad es como la de un relámpago.

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