Duela










La asombrosa 
Duela

Duelas de la sangre
Duelas de la sangre
Esta microfotografía muestra las duelas intestinales adultas, Schistosoma mansoni, una de las especies que produce la enfermedad llamada esquistosomiasis. Los machos son gruesos y azules; las hembras delgadas y claras. La duela de la sangre es un tipo de gusano plano. En su forma larvaria entran en la sangre de personas o animales que han estado expuestos a agua contaminada en climas tropicales y subtropicales, y ponen sus huevos en el interior del huésped. En los seres humanos, los síntomas son diarrea, inflamación y hemorragias, pero varían en función de la especie de duela y la parte del cuerpo infectada. Sin tratamiento, la enfermedad puede ser fatal.

Duela, nombre común de los miembros pertenecientes a dos clases de gusanos planos parásitos.

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CARACTERÍSTICAS
Todas las duelas son parásitas. Su tamaño varía entre 0,2 y 165 mm; en la mayoría de las especies el cuerpo es plano y alargado, aunque algunas duelas de la sangre son casi cilíndricas. La presencia de un tracto digestivo, órganos sensoriales especializados y, en la mayoría de las especies, de fases de vida libre, las aproxima más en su historia evolutiva a los gusanos planos de vida libre que a los parásitos. La boca de la duela está situada en la cara inferior del animal y, en la mayoría de las especies, cerca del borde delantero. Unas ventosas musculares sirven para que la duela se fije sobre su huésped; en las especies que son parásitos externos (ectoparásitos), estas ventosas a menudo van armadas de garfios. La mayoría de las especies son hermafroditas —es decir, en cada individuo hay órganos sexuales masculinos y femeninos. Las duelas que son parásitos externos de otros organismos tienen un desarrollo sencillo; las especies que son parásitos internos (endoparásitos) experimentan a menudo un desarrollo complejo que requiere varios huéspedes para llevar a término su ciclo vital.

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DUELA DEL HÍGADO DEL CORDERO: CICLO VITAL
Una especie endoparásita, la llamada duela del hígado del cordero, produce una enfermedad en los corderos, las cabras y el ganado vacuno llamada distomatosis hepática. La enfermedad produce una elevada tasa de mortalidad y es con frecuencia epidémica en Europa y Australia. La duela del cordero mide unos 2,5 cm de longitud y tiene un pigmento rojo oscuro, similar al color del hígado en el que vive. Los huevos abandonan el organismo del animal a través de las heces y, si éstas van a parar a alguna masa o corriente de agua, se abren para liberar larvas ciliadas, llamadas miracidios, que nadan en el agua hasta que encuentran un caracol en el que desarrollarse. La larva se abre camino hasta la glándula digestiva (hígado) del caracol y adopta forma de espora o esporocisto. En el interior del esporocisto se producen por gemación cuerpos llamados redias. Estos producen más cuerpos que a continuación producen nuevas formas larvarias llamadas cercarias. La cercaria emerge del caracol y se adhiere a algún objeto o vegetación, donde se enquista y permanece hasta que un cordero o algún otro mamífero la ingiere. Cuando esto ocurre, la pared del quiste se disuelve y la larva, llamada metacercaria, emigra al hígado del huésped, donde se transforma en una duela adulta.

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CLASE TREMÁTODOS Y CLASE MONOGENEOS
Ciclo vital de la duela humana de la sangre
Ciclo vital de la duela humana de la sangre
Las duelas del género Schistosoma parasitan a dos hospedantes. La larva abandona el huevo en un río o una charca y penetra en un tipo específico de caracol de agua en cuyo interior se transforma en una larva llamada cercaria. Cuando la cercaria abandona el caracol, perfora la piel del hospedante humano mientras se encuentra en aguas infestadas. El gusano adulto madura en la sangre del hospedante y se asienta en las venas abdominales. Los huevos, que deposita en la túnica del intestino y en la vejiga, vuelven al agua con la orina y las heces, y el ciclo comienza de nuevo. La esquistosomiasis afecta a más de 200 millones de personas en todo el mundo; la enfermedad se caracteriza por abscesos y hemorragias provocadas por la infestación.

La mayor parte de las duelas monogenéticas (pertenecientes a la clase Monogeneos) son ectoparásitas, mientras que todas las duelas pertenecientes a la clase Trematodos son endoparásitas. Las especies endoparásitas viven en casi todas las partes del mundo en las que pueden prosperar sus huéspedes. En su forma adulta, son parásitas de muchas especies de animales vertebrados. Cada especie de duela tiene un huésped específico (sólo puede parasitar unos cuantos vertebrados emparentados). Las duelas llamadas de la sangre infestan los vasos sanguíneos de los seres humanos, causando una enfermedad muy extendida y grave, la esquistosomiasis, también conocida como bilharziosis.
Las duelas monogenéticas son parásitas generalmente de las branquias y superficies externas de peces marinos y de agua dulce. Presentan desarrollo directo con un único hospedador y larvas ciliadas de vida libre que reciben el nombre de oncomiracidios.
Clasificación científica: las duelas componen la clase Trematodos (Trematoda) y la clase Monogeneos (Monogenea). El nombre científico de la duela del hígado del cordero es Fasciola hepatica. Las duelas conocidas como duelas de la sangre pertenecen al género Schistosoma. Tanto la duela del hígado del cordero como las duelas de la sangre pertenecen a la clase Trematodos.

martes, 12 de junio de 2012

Citoesqueleto










El asombroso 
Citoesqueleto

Citoesqueleto
Citoesqueleto
El citoesqueleto es una red de fibras proteicas que ocupa el citoplasma de las células y que mantiene la estructura y la forma de la célula. El citoesqueleto también se encarga de transportar sustancias entre las distintas partes de la célula.

Citoesqueleto, red de filamentos proteicos presente en el citosol de todas las células eucariotas. Adquiere una relevancia especial en los animales, que carecen de pared celular rígida, pues el citoesqueleto es una estructura dinámica que mantiene la estructura y la forma de la célula. Actúa como bastidor para la organización de la célula y la fijación de orgánulos y enzimas. También es responsable de muchos de los movimientos celulares. En muchas células, el citoesqueleto no es una estructura permanente, sino que se desmonta y se reconstruye sin cesar. Se forma a partir de tres tipos principales de filamentos proteicos: microtúbulos, microfilamentos o filamentos de actina y filamentos intermedios, unidos entre sí y a otras estructuras celulares por diversas proteínas accesorias.
Los movimientos de las células eucariotas están casi siempre mediatizados por los filamentos de actina o los microtúbulos. Muchas células tienen en la superficie pelos flexibles, llamados cilios o flagelos, que contienen un núcleo formado por un haz de microtúbulos, capaz de desarrollar movimientos de flexión regulares que requieren energía. Se encuentran grandes haces de filamentos de actina en las células musculares donde, junto con unos filamentos de otra proteína llamada miosina, generan contracciones poderosas. Los movimientos asociados con la división celular dependen, en animales y plantas, de los filamentos de actina, mientras que los microtúbulos distribuyen los cromosomas y otros componentes celulares entre las dos células hijas en fase de segregación. Las células animales y vegetales realizan muchos otros movimientos para adquirir una forma determinada o para conservar su compleja estructura interna.

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MICROTÚBULOS
Estructura proteica de un microtúbulo
Estructura proteica de un microtúbulo
Los microtúbulos son tubos finos y huecos que ayudan al soporte de ciertas estructuras celulares como cilios y flagelos. Éstos son orgánulos filamentosos, destinados a la locomoción y a la obtención de alimento, que están incrustados en la membrana celular de algunos organismos eucariotas. Las paredes del tubo están formadas por dos tipos de subunidades de una proteína globular, la alfa y la beta tubulina, que se reúnen para formar un dímero. Los dímeros se ensamblan, se enrollan y componen un tubo de la longitud necesaria. Dentro de cada cilio (corto) o flagelo (largo), aparecen nueve pares de microtúbulos que rodean a un décimo par central.

Los microtúbulos son tubos cilíndricos de unos 25 nm de diámetro. En las células animales los microtúbulos parten de una región del citoplasma, próxima al núcleo, denominada centrosoma, cuya función es organizar los microtúbulos. Embebidas en el centrosoma hay dos estructuras con forma cilíndrica, que se disponen perpendicularmente entre sí, denominadas centriolos. Cada centriolo consiste en un cilindro abierto cuyas paredes están formadas por 9 tripletes de microtúbulos, los cuales se mantienen unidos mediante proteínas.
Los microtúbulos son responsables del mantenimiento de la forma de la célula, del transporte de estructuras intracelulares, así como de la formación del huso mitótico durante la mitosis. También forman parte de los cilios y los flagelos, que son estructuras móviles que se proyectan desde la superficie de ciertas células. La función de cilios y flagelos es desplazar la célula o los fluidos que hay en su exterior. Así, por ejemplo, los espermatozoides nadan con ayuda de flagelos y las células que revisten el intestino y otros conductos del cuerpo de los vertebrados tienen en la superficie numerosos cilios que impulsan líquidos y partículas en una dirección determinada.
Euglena
La euglena es un organismo unicelular afín a ciertos vegetales, provisto de un flagelo terminal que la ayuda a moverse. Los espermatozoides de los vertebrados, algunos protozoos y los dinoflagelados (las algas unicelulares causantes de las mareas rojas) también tienen un flagelo móvil.

Los cilios son cortos y numerosos mientras que los flagelos son pocos y más largos. El movimiento de los primeros es similar al de un remo, mientras que los flagelos tienen un movimiento ondulatorio. Constan de dos partes:


• Una parte externa que sobresale de la superficie de la célula, recubierta de membrana plasmática y que contiene un esqueleto interno de microtúbulos llamado axonema.
• Una parte interna, situada debajo de la membrana plasmática, que se denomina cuerpo basal.

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MICROFILAMENTOS
Los microfilamentos o filamentos de actina son fibras finas y flexibles de unos 7 nm de diámetro, que se extienden por todo el citoplasma. Están formados por dos hebras, formadas por subunidades de la proteína actina, enrolladas entre sí.
Los microfilamentos se asocian con diversas proteínas para realizar distintas funciones; por ejemplo, pueden estar asociados a la proteína miosina constituyendo el sarcómero, estructura responsable de la contracción muscular. Los microfilamentos también pueden formar parte de estructuras necesarias para llevar a cabo movimientos celulares, incluyendo desplazamiento, contracción y citocinesis.

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FILAMENTOS INTERMEDIOS
Los filamentos intermedios tienen un grosor de unos 10 nm y se extienden por todo el citoplasma. Están formados por diversos tipos de proteínas, que varían de unas células a otras. Son muy resistentes y su principal función es proporcionar a la célula estabilidad mecánica, evitando que se rompa. Por esa razón son muy abundantes en células sometidas a fuertes tensiones, como en las células epiteliales, en las musculares o en las neuronas.

Agresión entre animales










La asombrosa
Agresión entre animales

Enfrentamiento entre carneros
Dos machos de carnero de Dall se enfrentan embistiéndose con sus cornamentas. Manifestaciones agresivas como éstas han sido muy estudiadas por los etólogos; son frecuentes entre los mamíferos, en especial durante la época reproductora, con el fin de establecer qué machos conseguirán aparearse con las hembras, o también a lo largo de todo el año para defender un territorio. Las manifestaciones agresivas entre animales de la misma especie suelen terminar sin que se produzcan lesiones importantes entre los combatientes.


Agresión (biología), forma de comportamiento animal caracterizada por el ataque de un animal a otro.
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TIPOS DE AGRESIÓN
Se conocen dos tipos de agresión. La agresión interespecífica es un conflicto entre miembros de especies diferentes. Comprende la agresión depredadora (para obtener comida), la defensiva, y la dirigida contra competidores por recursos como el agua y el alimento. Por lo general, este tipo no implica reacciones emocionales como la cólera, y puede ser considerada parte de la conducta alimenticia y de supervivencia.
La agresión intraespecífica, más frecuente, es la que se refiere a los ataques dirigidos contra miembros de la misma especie. Este tipo de enfrentamientos se observa en casi todos los vertebrados. Así, los peces se muerden, las aves se atacan unas a otras, las ratas se golpean, y a veces se muerden, y los toros, las ovejas y las cabras se embisten. Las formas de enfrentamiento de los animales, generalmente por algún recurso que escasea, están programadas por sus genes. Esta clase de agresión se produce porque los miembros de una especie determinada tienen necesidades similares y, por tanto, compiten directamente entre sí por la comida, el apareamiento y el territorio (véase Territorialidad). El modo en que se produce la agresión intraespecífica está muy determinado por los riesgos relativos y los beneficios potenciales del enfrentamiento. Los machos de los elefantes marinos luchan hasta la muerte por la posesión de un grupo de hembras, ya que la derrota es equivalente al suicidio genético. En el otro extremo, los machos de wapití se enfrentan embistiéndose con sus cornamentas; cuando uno de los combatientes se cansa se retira de la lucha con la esperanza de obtener mejores resultados en la próxima época de celo. Las cornamentas no se utilizan para cortar o herir y se mudan al final del celo. La mayoría de las agresiones intraespecíficas son de este tipo y no producen lesiones importantes.
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AGRESIONES LIMITADAS
Los mecanismos de la evolución tienden a moderar la intensidad de la conducta agresiva intraespecífica debido a que combatir es peligroso, y puede originar lesiones graves o la muerte. Una forma de minimizar la agresión es la tendencia programada genéticamente de establecer territorios. Las serpientes venenosas luchan sin emplear sus colmillos, los carneros embisten con sus cabezas bien protegidas sin infligirse daño, algunos lagartos se exhiben amenazantes ampliando un pliegue cutáneo de su cuello, como el lagarto de Kingy, y los monos agitan ramas, gesticulan y gritan estridentemente. La ritualización del combate es ventajosa para ambos contendientes, ya que incluso el ganador tiene mucho que perder si resulta lesionado en la pelea (la ventaja para el posible perdedor de que el animal más fuerte no la lleve hasta el límite es obvia). Un animal victorioso, lesionado o exhausto, puede ser incapaz de derrotar a su próximo oponente y quedar vulnerable a otros depredadores. Por consiguiente, en la mayoría de las especies existen signos claros que indican la aceptación de la derrota y la finalización del combate antes de que se produzcan lesiones: el lagarto se encoge, el pez cíclido repliega sus aletas, el picón adopta una postura vertical, el perro exhibe su vientre desprotegido, y la gaviota ofrece el dorso indefenso de su cuello a su oponente. Cada una de estas maniobras demuestra la aceptación de la derrota e impide una nueva agresión.

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