Dolly, la famosa oveja clónica



El nacimiento de la oveja Dolly causó un gran eco en los medios de comunicación de todo el mundo. Sin embargo, la clonación de esta oveja es fruto de varias décadas de experimentaciones e investigaciones en diversos laboratorios y de una técnica difícil y compleja, como se recoge en este fragmento del artículo ¿Qué tal, Dolly?
Fragmento de ¿Qué tal, Dolly?
De Olivier Postel-Vinay y Annette Millet.
Hacía mucho tiempo que una noticia científica no había tenido tanto eco. Televisiones, periódicos y revistas de todo el mundo, jefes de Estado y parlamentos, científicos e industriales, ecologistas y especialistas en bioética, filósofos y hombres de Iglesia han producido en sólo algunos días una cacofonía inverosímil y duradera.
¡Y todo por el nacimiento de una oveja! ¡Y un experimento todavía no reproducido! ¿Tan impulsiva es la humanidad? ¿O es que hay que admitir que estas reacciones apasionadas son indicio de que se ha producido un acontecimiento fundamental? ¿Que el nacimiento fabricado de un mamífero sin padre —un clon de su madre— tiene un alcance simbólico colosal? ¿Hay que ver en él un hito decisivo en la historia de nuestra especie? ¿O, quizá, puede ser una fractura decisiva entre el mundo científico y el de los simples ciudadanos? Para ayudar a nuestros lectores a contemplar este panorama con más luz, hemos elaborado las bases de este dossier. He aquí, pues, una síntesis objetiva de los principales elementos que permiten, a nuestro juicio, elaborar una opinión sobre este caso. Tanto a nivel científico como técnico, económico o ético.
1. Cómo se ha fabricado Dolly
La relativa simplicidad de los procedimientos descritos y de los esquemas presentados a la prensa no deben dar lugar a ilusiones. La clonación de Dolly es una operación difícil y compleja, resultado de décadas de investigaciones y de experimentaciones en diversos laboratorios. Ha habido muchos fracasos y, también, el desaliento de muchos equipos. Intereses privados estaban en juego. Además, es posible que no se hayan dado a conocer todos los detalles.
He aquí las principales etapas de la operación. En realidad, la mayor parte son un concentrado de una serie de subetapas, cada una de las cuales implica muchas elecciones, por ejemplo, el momento exacto de cada intervención, la composición de unos determinados medios de cultivo, la sucesión de los gestos del experimentador, los instrumentos utilizados... Tal como destacaban, ya en 1990, los autores de una obra de referencia sobre la biología del desarrollo, en materia de clonación, «los detalles de la técnica experimental pueden influir muchísimo en las respuestas a una determinada cuestión».
Los investigadores escoceses también han obtenido corderos a partir de células de un feto de 26 días
Los investigadores escoceses tomaron, por biopsia, células de glándula mamaria de una oveja blanca Finn Dorset de seis años. El animal estaba en el último trimestre de su gestación, momento en que las células mamarias están más diferenciadas y se multiplican. Las células tomadas se cultivaron in vitro y luego se colocaron durante cinco días en un medio de cultivo muy empobrecido en suero, dieta rigurosa cuyo efecto es provocar poco a poco la suspensión completa del ciclo celular (fase G0, «G cero»). Seguidamente, cada una de estas células, en estado de casi hibernación, se introdujeron en un ovocito no fecundado y enucleado de oveja Scottish Blackface (de cabeza negra).
Los ovocitos se obtuvieron quirúrgicamente por perfusión de los oviductos después de una estimulación ovárica. En el momento de la obtención, su ciclo celular quedó en suspenso. Los ovocitos se encuentran naturalmente en esta fase, llamada metafase II, en el momento de la ovulación. A causa de la meiosis, únicamente contienen un solo juego de cromosomas, que forman, en este momento preciso, una placa casi plana, excéntrica, situada no lejos del glóbulo polar, una pequeña bola que contiene otro juego de cromosomas y que está destinada a ser eyectada. Entonces, los experimentadores aspiraron la placa cromosómica, arrastrando de una sola vez el glóbulo polar y una parte del citoplasma. Los ovocitos así enucleados, que habían conservado la mayor parte de su citoplasma, fueron transferidos a un medio de cultivo a 37 ºC. Se «activaron» con la ayuda de un primer impulso eléctrico; luego, y gracias a una serie de nuevos impulsos eléctricos, cada uno de ellos se fusionó con una célula mamaria de la oveja donante. La aplicación de la corriente eléctrica también tenía por objeto facilitar el desarrollo de la nueva célula acabada de formar (un nuevo embrión).
De esta manera se crearon no menos de 277 embriones a finales de enero de 1996. A continuación, fueron colocados en el oviducto ligado de diversas hembras. Después de seis días, 247 fueron recuperados. Veintinueve se habían desarrollado hasta el estado de mórula o de blastocisto y fueron transferidos al útero de 13 ovejas portadoras. Aparentemente, tan sólo un embrión se desarrolló en feto y, posteriormente, en un cordero viable que nació el 5 de julio de 1996, al final de una gestación de duración casi normal y con un peso también normal. Dolly no muestra ningún signo de anomalía. Falta por ver si más tarde se presenta algún problema y si podrá procrear normalmente.
Siguiendo el mismo protocolo experimentado, lan Wilmut, Keith Campbell y sus colegas del Roslin Institute de Midlothian, cerca de Edimburgo, obtuvieron tres corderos a partir de células de un feto de 26 días y otros cuatro corderos procedentes de células de un embrión de 9 días.
2. ¿Cuál es la novedad?
El principio de la enucleación de un ovocito para servir de incubadora a una célula fue ideado por el embriólogo alemán Hans Spemann en vísperas de la segunda guerra mundial. En 1938, propuso lo que él llamó un «experimento fantástico». Se trataba de introducir el núcleo de una célula de embrión de batracio en un ovocito enucleado con el fin de verificar la hipótesis de que cada una de las células de un embrión joven contiene todas las instrucciones para el desarrollo completo de un individuo. En aquella época, todavía no se tenía conocimiento de la doble hélice del DNA. La idea la aplicaron por primera vez con éxito Robert Briggs y Thomas King en 1952, en Filadelfia. Estos investigadores consiguieron disociar, sin estropearlas, las células (blastómeros) del paquete embrionario (en estado de blastocito), tomar los cromosomas de óvulos no fecundados de ranas sin dañarlos demasiado, activarlos como si hubiesen sido fecundados normalmente, y colocar los blastómeros uno a uno en cada óvulo. Obtuvieron renacuajos capaces de nadar. Siguieron otros muchos experimentos con batracios y se consiguieron animales adultos.
La principal aportación técnica del equipo escocés es haber puesto las células embrionarias en estado de hibernación
En cambio, en los mamíferos la operación fue más delicada. Una técnica de transferencia nuclear, puesta a punto en el ratón en 1983, sólo dio unos resultados limitados. El experimento decisivo para comprender de dónde viene Dolly fue obra del embriólogo danés Steen Willadsen, entonces en Cambridge (Gran Bretaña). Utilizando un protocolo ya muy parecido al descrito para Dolly, en 1984 obtuvo carneros adultos en buena salud a partir de embriones de 8 y 16 células colocados en ovocitos no fecundados y enucleados. Uno de los embriones fue congelado durante más de cuatro años.
En los bóvidos, que tienen un mayor interés económico, el debut corrió a cargo del equipo del norteamericano Neil First en 1986. A partir de embriones recogidos in vivo o por FIV (fecundación in vitro), han nacido ya unos 2.000 terneros gracias a esta técnica, sobre todo en Estados Unidos, aunque también en Francia. Asimismo, se han conseguido éxitos en la cabra. En el conejo, el equipo de Jean-Paul Renard e Yvan Heyman, del INRA, obtuvo en 1990 seis gazapos clonados procedentes de un embrión único.
Hasta 1992, los investigadores tuvieron un índice de fracasos muy alto con los mamíferos. Algunas anomalías cromosómicas inducían la suspensión del desarrollo. Muy pronto, el fenómeno se interpretó como una consecuencia de la dificultad, en el momento de la fusión, de sincronizar los ciclos de la célula donante y de la célula receptora (citoplasma enucleado). En la naturaleza, en el momento de la fecundación, las células se hallan manifiestamente en fase. ¿Cómo conseguirlo en laboratorio? Primero, los científicos buscaron los medios de preactivar químicamente o eléctricamente, antes de la fusión, el ovocito enucleado. Un impulso eléctrico induce la liberación de calcio intracelular, lo mismo que lo haría un espermatozoide en el momento de la fecundación. La preactivación del ovocito permite, sobre todo al núcleo de la célula donante, no perder su envoltura nuclear en el momento de la fusión. Este método de preactivación eléctrica se practica habitualmente desde hace dos años en diversos laboratorios.
La principal aportación técnica del equipo escocés es una segunda mejora, que consiste en hacer que, antes de la operación de fusión, las células embrionarias salgan de su ciclo normal de replicación. Como se ha visto, en el experimento Dolly, las células donantes fueron puestas en hibernación. Sobrevivieron en una solución salina que contenía factor de crecimiento en cantidad exacta para dejarlas vivas. Se hallaban «en el límite de la apoptosis (muerte celular)», dijo Louis-Marie Houdebine, investigador del INRA en contacto con el equipo escocés.
Hasta entonces, la mayor parte de las células embrionarias utilizadas para las transferencias nucleares estaban en fase G2 (crecimiento) o S (replicación del DNA), lo que, al producirse la fusión, provocaba una replicación adicional del DNA y una condensación prematura de la cromatina (los cromosomas y las proteínas que lleva asociadas). Generalmente, esto originaba anomalías cromosómicas.
Pero he aquí la gran novedad: los investigadores escoceses se dieron cuenta de que combinando estas dos técnicas —activación del ovocito enucleado y suspensión del ciclo de las células donantes— podían conseguir el nacimiento de animales viables con células muy diferenciadas, y hasta totalmente diferenciadas. La mayor parte de los biólogos pensaban que esto era absolutamente imposible.
Cada célula del organismo lleva todo el material genético del individuo. Durante la diferenciación progresiva que se produce desde las primeras fases del desarrollo embrionario hasta el nacimiento o más allá de él, las células se especializan: sólo una parte de los, aproximadamente, cien mil genes del individuo se expresa en cada célula. El resto de los genes son mudos. Pero ¿qué significa «mudos»? La opinión de que estos genes no están necesariamente perdidos, definitivamente paralizados, en cierta manera muertos, y que sería posible reprogramarlos, ha sido una idea que, durante treinta años —desde comienzos de la década de 1950 hasta comienzos de la de 1980—, alimentaron muchos biólogos, para luego, súbitamente, tacharla de la lista de posibilidades.
Los que experimentaron con éxito en los batracios desde los años 1950, tenían esta idea muy presente. Llevaron a cabo muchos experimentos tomando células de embriones cada vez más desarrollados, e incluso células de animales adultos, para tratar de producir con ellas animales viables. Y lo consiguieron, pero únicamente hasta cierto punto. Células tomadas de renacuajos y del intestino de ranas adultas, colocadas en ovocitos enucleados, produjeron renacuajos. Pero jamás, contrariamente a lo que por un momento pudo creerse, ranas adultas.
En 1984, los biólogos publicaron en Science que «la clonación de los mamíferos por transferencia nuclear es imposible»
A principios de los años 1980, la comunidad científica se dejó convencer por dos investigadores de renombre, Karl Illmensee, de Ginebra, y Peter Hoppe, de Bar Harbor (Maine). En un artículo publicado en la célebre revista Cell, decían que habían conseguido clonar embriones de ratón a partir de células ya diferenciadas de embriones en estado de blastocisto. Pero tres años más tarde, James Grath y Davor Solter, del Wistar Institute, de Filadelfia, que habían puesto a punto una técnica de clonación aparentemente más perfeccionada, escribían en Science que el experimento de Illmensee no era repetible y llegaban a la conclusión de que «la clonación de mamíferos por transferencia nuclear es biológicamente imposible». lllmensee fue acusado de fraude y, ante las dificultades encontradas con el ratón, la mayor parte de los investigadores que habían trabajado en la clonación de mamíferos —también Grath y Solter— abandonaron sus investigaciones.
La antorcha fue recogida discretamente por un puñado de biólogos que trabajaban en las industrias ganadera y de biotecnologías. Así, en 1986, lan Wilmut supo por una indiscreción que el danés Willamsden, que se había incorporado a Grenada Genetics, de Texas, había conseguido, en 1984, el nacimiento de un cordero a partir de células de blastocisto ya diferenciadas. Pero Willamsden no había publicado este resultado y Wilmut se propuso confirmarlo. En 1989, obtuvo un cordero con células de la masa celular interna de blastocisto. En 1991, Keith Campbell empezó a trabajar con Willmut en el Roslin Institute. Fue él quien tuvo la idea de experimentar con células quiescentes, en fase G0. También aquí intervino el azar, y por partida doble. Wilmut lo explicó al New York Times. En 1993, el equipo de Neal First (Wisconsin) produjo cuatro terneros a partir de células de blastocisto ya diferenciadas. ¿Cómo lo consiguieron? Gracias a una indiscreción, Campbell supo que un técnico del laboratorio había olvidado alimentar con suero las células en cultivo... Él y Wilmut decidieron muy pronto aplicar la receta. El resultado no se hizo esperar: en 1995, hicieron nacer corderos a partir de células diferenciadas de blastocisto. Incluso se permitieron el lujo de pasarlas trece veces en cultivo. En esta fase, las células apenas si tienen nada que ver con las células iniciales, ya que su morfología se ha diferenciado mucho. «Es el resultado esencial», dice Yvan Heyman. Uno de los corderos nacidos de este experimento es hoy un oveja gestante.
Sin duda, la propia Dolly también es, en parte, fruto del azar. Un azar provocado, es cierto, pero 277 embriones formados a partir de células de glándula mamaria sólo han dado un animal viable. No es mucho. El experimento deberá ser repetido por otros laboratorios. Actualmente, la mayor parte de los investigadores creen que esto será posible. Pero los medios de comunicación no han destacado suficientemente otro resultado del equipo escocés: la obtención de corderos a partir de células de un feto de 26 días. Este resultado, por sí solo, ya hubiera podido causar sensación, puesto que, en esta fase, un feto ovino es ya un animal completamente diferenciado, con la cabeza y las extremidades, el sistema nervioso y todos los órganos. Es cierto que hoy un mamífero grande puede reproducirse con células normales del cuerpo (llamadas somáticas) y que la aportación de las células sexuales se limita al citoplasma de un ovocito. Pero, a pesar de lo que digan muchos, esto solo ya es bastante novedad.
Fuente: Postel-Vinay, Olivier y Millet, Annette. ¿Qué tal, Dolly? Mundo Científico. Barcelona: RBA Revistas, junio, 1997.

lunes, 28 de marzo de 2011

El asombroso poder de China en Asia durante la dinastía Tang


 En el presente ensayo, Craig A. Lockard, de la Universidad de Wisconsin, examina la influencia ejercida en Asia por China durante el reinado de la dinastía Tang. Según el autor, la China de los Tang tuvo un rango de superpotencia igualado por muy pocos países a lo largo de la historia.
El poder de China en Asia durante la dinastía Tang
Por Craig A. Lockard
En todas las épocas han existido uno o dos países que merecen el calificativo de “superpotencia” debido a la influencia que han ejercido sobre la vida militar, económica, política y cultural del mundo. Las superpotencias existen desde la antigüedad y el antiguo Imperio persa y las conquistas de Alejandro Magno sentaron las bases para que Roma, la India Maurya y la China Han llegaran a dominar las regiones occidentales, meridionales y orientales, respectivamente, de Eurasia. En el transcurso de los siglos siguientes, árabes, mongoles, portugueses, españoles y neerlandeses fueron ocupando sucesivamente una posición predominante en un mundo en expansión, seguidos más tarde por los británicos durante los siglos XVIII y XIX. En el siglo XX, la nación predominante ha sido Estados Unidos. De hecho, las décadas posteriores a 1945 han recibido a veces la denominación del “siglo norteamericano” dada la magnitud del poder y la influencia de Estados Unidos sobre el resto del mundo. Sin embargo, el dominio más allá de las propias fronteras resulta difícil de preservar ya que existen otras civilizaciones que logran ponerse a la misma altura e incluso rebasarla. Para que la influencia de Estados Unidos pueda considerarse duradera deberá igualar la longevidad de la posición de China como superpotencia, iniciada a mediados del I milenio de nuestra era.
El periodo comprendido entre los años 300 y 1000 fue una época de intenso intercambio e interacción a lo ancho de toda Eurasia. Son varias las civilizaciones que destacan por su notable influencia. La India Gupta, el Imperio bizantino y los califatos islámicos de Oriente Próximo fueron notables centros de poder. Algunos historiadores consideran los años comprendidos entre el 600 y 1500 como el “milenio chino”, por ser la china la civilización más grande, poderosa y poblada de Eurasia. El auge de China se inició con la gran dinastía Tang (618-907), con la que gozó del periodo más dilatado de prosperidad de la historia mundial. De hecho, la época de la dinastía imperial Tang está considerada por muchos historiadores como la era más gloriosa de la vasta historia de China.
Los años de máximo poder de los Tang sentaron las bases de un modelo para China que se prolongaría a lo largo de las dinastías Song y Ming, hasta el equivalente de la edad moderna occidental. El gobierno Tang fijó modelos para muchos de los aspectos de la vida china, incluida la literatura y las artes. Por esta razón, la China Tang fue admirada e imitada por muchos pueblos. Durante el periodo Tang, China ejerció una influencia decisiva sobre el Asia oriental y, al mismo tiempo, desarrolló un comercio activo con pueblos de toda Eurasia. Durante más de 100 años, se extendió hasta el interior de Asia central, llegando la influencia de diferentes aspectos de la cultura china hasta Corea y Japón. El budismo floreció transformando China en una vasta comunidad religiosa. La China Tang era un foro abierto para gentes e ideas de muy distintas culturas.
Poder imperial Tang en Asia
Durante los siglos VIII y IX existieron un sinfín de imperios, tanto grandes como pequeños, que se extendían desde el océano Atlántico hasta el Pacífico. La China Tang era el más vasto de todos ellos; la única civilización comparable en el mundo de su época era la gobernada por los árabes. La dinastía Tang ejerció un control imperial sobre naciones muy alejadas de la propia China, forjando un imperio comparable en tamaño al que la gran dinastía Han había dominado 500 años antes. Corea y Japón acataron la supremacía china en la región y cultivaron las buenas relaciones con la China Tang. Ambiciosas campañas militares colocaron el Asia central, Mongolia, Manchuria, Tíbet y ciertas partes de Siberia bajo la dominación china.
Entretanto, existían reinos satélites que acataban la soberanía china en puntos tan remotos de Asia como Persia y Afganistán. Este reconocimiento universal dio lugar a intensas relaciones comerciales entre las civilizaciones islámica y china. Así, por ejemplo, el gran califa islámico Harun al-Rashid firmó un tratado con los Tang que demostró la influencia diplomática china en el Asia occidental. A partir de entonces, la dinastía Tang ejerció un notable poder sobre los países de Asia oriental, suroriental y central, siendo su sistema de gobierno objeto de admiración también por parte de otros muchos pueblos.
De forma análoga a como Estados Unidos impulsaría en el próspero siglo XX la economía mundial, la riqueza y el poder de la China Tang alcanzaron tales proporciones que estimularon el comercio en gran parte de Eurasia. Durante el gobierno de la dinastía Tang, China estuvo abierta al mundo. Los acuartelamientos militares Tang protegían las vías comerciales de la Ruta de la Seda en Asia central alentando el flujo de mercancías, ideas y personas entre China y Asia occidental. A través de esta vasta red llegaron hasta Europa productos chinos como la seda y la porcelana. La porcelana Tang, descubierta en lugares como Egipto y Turquía, fue especialmente apreciada en Oriente Próximo. Un activo comercio marítimo enlazaba China con la India, Persia y con diferentes países del Sureste asiático. Durante el gobierno Tang los comerciantes de toda Asia constituyeron comunidades temporales o permanentes en distintas ciudades chinas. Así, por ejemplo, de los 200.000 habitantes del gran puerto meridional de Cantón durante el gobierno Tang, tal vez dos terceras partes eran inmigrantes, incluido gran número de árabes y persas.
Este intercambio multicultural también beneficiaba a los chinos. Entre los nuevos productos que llegaron a China cabe citar el té del Sureste asiático, que pronto se convirtió en una bebida enormemente popular en este país. A la corte Tang llegaban con regularidad embajadores portadores de regalos procedentes de diferentes regiones, tales como Birmania (actualmente Myanmar), Java (en Indonesia) y Nepal. Además, los contactos con gentes de la India y Oriente Próximo originaron un rebrote de la creatividad. De todas las dinastías chinas autóctonas a lo largo de la historia, la Tang fue la más cosmopolita.
La edad de oro Tang: las señas de identidad del rango de superpotencia
Al igual que Estados Unidos durante el siglo XX, la dinastía Tang alcanzó el rango de superpotencia en su época gracias a la combinación de varios factores tales como una base metropolitana dinámica, un gobierno centralizado eficaz y fiable, un sólido crecimiento económico, la tolerancia religiosa y el protagonismo tecnológico. El pueblo chino creó una refinada civilización urbana que atrajo a gentes de talento de todos los rincones de Eurasia. El gobierno imperial se hallaba estructurado de forma que permitiera una administración eficaz de sus inmensos territorios y al frente del mismo se encontraban funcionarios capacitados. La economía productiva de China constituía una base apreciable de ingresos. La diversidad de religiones actuaba de estímulo para la vida intelectual y cultural, al tiempo que la ciencia y la tecnología Tang, incluida la armamentística, eran las más avanzadas del planeta.
Las superpotencias modernas son metropolitanas, con ciudades dinámicas y de gran riqueza cultural. La China Tang fue la civilización más urbanizada de su época, con multitud de ciudades mayores que cualquier ciudad de Europa o India en aquel tiempo. La capital Tang era la gloriosa ciudad de Chang’an (actualmente Xi’an), que acogía a más de dos millones de habitantes. La cosmopolita ciudad de Chang’an, en aquel momento la mayor ciudad del mundo, tenía una población cercana a los 60 millones de ciudadanos. Esta cifra equivalía a la población total de las civilizaciones europea e islámica juntas y representaba más de la cuarta parte de la población total del mundo. Obra maestra de planificación urbanística, Chang’an poseía calles trazadas meticulosamente para formar una cuadrícula. Sus amplias vías urbanas se hallaban pobladas de visitantes, entre los que se encontraban árabes, persas, judíos, japoneses, coreanos, vietnamitas, turcos, indios y tibetanos. En Chang’an trabajaban multitud de artesanos y artistas extranjeros, así como actores de lugares tan lejanos como India y Afganistán. Los extranjeros acudían en calidad de mercaderes o para alistarse en el Ejército Tang. Esta mezcla de culturas suscitó muchas tensiones: algunas mentes conservadoras denunciaron que tal caudal de influencia extranjera constituía una amenaza para la cultura china.
Una de las claves de la posición de superpotencia de Estados Unidos radica en su gobierno eficaz y creíble; bajo el mandato Tang, la estructura gubernamental centralizada alcanzó su madurez. Los chinos consideraban, y con razón, a su imperio como el Reino Central, el núcleo de la civilización del planeta y la familia imperial que ostentaba la autoridad universal gobernaba dicho reino. Bajo la autoridad del emperador se hallaban muchos de los organismos gubernamentales. Para administrar este vasto y heterogéneo imperio se precisaba una burocracia eficaz y para su dotación, la dinastía Tang reclutó funcionarios procedentes de los clanes aristocráticos. Además, se seleccionaron personas dotadas de talento y formación según un sistema de exámenes para la función pública que se regía por las enseñanzas y las obras literarias de Confucio y que constituía uno de los logros más refinados de la China Tang. Con este sistema se garantizaba que los funcionarios del gobierno poseían una ideología confuciana mixta con especial énfasis en la ética y la lealtad. La administración unificada del Imperio Tang confirió una coherencia y un refinamiento a la sociedad china que fue la envidia de otras civilizaciones.
Como lo demuestra Estados Unidos, las superpotencias son, por lo general, centros de crecimiento económico. Y este fue el caso de la China Tang. A fin de alimentar debidamente a una población creciente, la China Tang se esforzó en conseguir mayores rendimientos agrícolas, convirtiéndose en uno de los pueblos agrícolas más eficaces del mundo. El mayor volumen de suministro de alimentos y la mejoría de los transportes trajeron consigo un incremento del comercio y de la población, especialmente en las ciudades. En la China Tang hicieron aparición los gremios de artesanos y comerciantes, así como los primeros billetes de papel moneda de la historia. Además, los comerciantes chinos solían comprar regularmente artículos de lujo en el Sureste asiático.
La tolerancia religiosa ha sido otro de los rasgos de identidad de las superpotencias. Al igual que Estados Unidos ha permitido la entrada de religiones no cristianas como el islamismo y el budismo a lo largo de este último siglo de poder global, la China Tang dio cabida a cualquier creencia novedosa. En tiempos remotos los chinos habían alumbrado varias filosofías singulares, entre ellas el confucianismo y el taoísmo. Más tarde se introdujo el budismo Mahayana, estrechando los lazos con otras comunidades budistas de Asia central y meridional. Algunos budistas chinos peregrinaron hasta India y el apoyo chino colaboró asimismo a que el budismo Mahayana adquiriese relevancia en Asia central, desplazando a versiones más tempranas del budismo. Durante el gobierno Tang estas tres religiones tan dispares (confucianismo, taoísmo y budismo Mahayana) coexistieron e incluso se fundieron en cierta medida, creando el pensamiento mixto chino tan característico de los siguientes siglos. El budismo perdió algo de su fuerza pero siguió formando parte del arte, la literatura y la religión populares.
La Ruta de la Seda permitió la introducción de nuevas religiones en China tales como el cristianismo nestoriano (una secta perseguida en Occidente por herética), el judaísmo (introducido por los mercaderes judíos que se asentaron en diferentes ciudades), el zoroastrismo (una antigua religión persa), el maniqueísmo (una mezcla de cristianismo y zoroastrismo) y el islam (con cierta influencia en la región noroeste de China). Muchos de los emperadores Tang, que profesaban una visión ecuménica, toleraron estas religiones.
Otra de las características de las superpotencias modernas es un animado panorama cultural que se extiende más allá de las propias fronteras. Por ejemplo, el siglo XX ha presenciado la difusión de la cultura estadounidense tanto de minorías como popular a lo ancho de casi todo el mundo. La cultura Tang, y de forma especial su literatura y su arte, dejaron sentir su influencia en regiones muy alejadas de China. La época Tang fue la era más esplendorosa de la poesía china y hoy en día se continúa leyendo ampliamente en Asia oriental a poetas como Li Bo y Du Fu. Además, gran parte de los principales artistas chinos, incluidos pintores, calígrafos y escultores, vivieron en tiempos del Imperio Tang. La dinastía se hizo célebre también por sus espléndidos objetos lacados, lujosos recamados, mobiliario ornamentado e instrumentos musicales.
Al igual que Estados Unidos ha sido la civilización tecnológica más creativa del siglo XX, la China Tang estuvo a la cabeza del mundo en el campo de la ciencia y la tecnología. Esta época Tang se caracterizó por un sinfín de notables avances científicos y tecnológicos, concretamente en astronomía y matemáticas. Los astrónomos de la era Tang estudiaron las manchas solares y midieron con gran exactitud el año solar (365 días). Siglos antes de que los europeos aceptaran esta teoría, algunos científicos de la época Tang sugirieron que la Tierra era redonda y giraba alrededor del Sol. Los chinos fueron los precursores del análisis, registro y predicción de los eclipses solares. Los expertos técnicos chinos perfeccionaron el uso de la pólvora, y, además, el Ejército de los Tang disponía de primitivos cañones e incluso de cohetes lanzallamas.
Las superpotencias también exportan tecnología. Muchos de los inventos chinos, como la imprenta, llegaron a Eurasia occidental por tierra o por mar. Aún cuando el papel se había inventado originalmente en China varios siglos antes, la civilización Tang desarrolló la xilografía permitiendo la producción masiva de los escritos y textos budistas para los exámenes de la función pública. Los eruditos recopilaron voluminosas enciclopedias donde quedó registrado todo el conocimiento acumulado y clasificado el saber de tiempos pasados para beneficio de generaciones futuras. La imprenta favoreció la cultura basada en la escritura dentro de las ciudades. Hacia el año 900, al-Andalus (la España musulmana) y Bagdad habían establecido intercambios comerciales de seda y papel basados en el modelo chino. Ciertas técnicas de impresión desarrolladas en China contribuyeron más tarde a transformar la civilización europea.
El modelo Tang en Corea y Japón
Tanto antes como después de la dinastía Tang, China fue el núcleo cultural de Asia oriental e influyó notablemente en sus vecinos, especialmente Vietnam, Corea y Japón. Tanto Vietnam como Corea absorbieron gran parte de la civilización más refinada china, incluidos los sistemas de escritura, las filosofías y las instituciones políticas. Las influencias chinas fueron adaptadas a las costumbres locales vigentes y tanto los vietnamitas como los coreanos conservaron identidades culturales diferenciadas. Japón alumbró una versión todavía más característica de la civilización asiática oriental, aún cuando asumió gran cantidad de influencias chinas. La influencia cultural de China sobre Corea y Japón alcanzó su grado máximo durante la dinastía Tang.
El Imperio de los Tang sometió el Estado coreano de Silla, que se convirtió en un activo importador de la cultura y las instituciones chinas. El budismo triunfó allí y muchos monjes coreanos se desplazaron a China. El sistema Tang se convirtió en el modelo de gobierno y se adoptó el confucianismo como ideología política. La influencia Tang en Corea también tuvo otras vertientes. Los coreanos adaptaron la escritura china a su propia lengua. Los orígenes de ciertas artes marciales como el karate y el taekwondo se remontan a las enseñanzas chinas, algunas de las cuales llegaron más tarde hasta Japón. La influencia china continuó incluso después del siglo X. Los coreanos llegaron a establecer un sistema de exámenes y a fundar escuelas para el confucianismo pero conservaron o elaboraron gran parte de sus propias instituciones sociales y puede decirse que no se limitaron a ser meros imitadores de los chinos.
Las ideas y los métodos chinos adoptados por Japón contribuyeron a transformarlo en una civilización dinámica y refinada. Durante la dinastía Tang los japoneses hicieron durante tres siglos un ejercicio consciente de asimilación de la cultura china, lo que permitió a Japón integrarse en la corriente principal de la historia mundial. Utilizando el sistema de escritura china, el pueblo japonés comenzó a ejecutar todas las actividades diarias y a registrar su historia. La adopción del budismo supuso, además, para Japón un legado muy rico artístico y arquitectónico. La transformación se vio acentuada en Japón cuando el príncipe Naka no Oe puso en marcha la reforma Taika en el año 645. Esta reforma representó un intento de convertir Japón en un imperio burocrático centralizado a imagen de la China Tang.
La adopción consciente por parte de Japón de la cultura china alcanzó su punto cumbre entre 710 y 794. Este periodo se conoce como el periodo Nara, bautizado por la primera capital de Japón, construida según el modelo de Chang’an. La tierra fue nacionalizada y, de acuerdo con los modelos Tang, redistribuida entre los agricultores. En la práctica, las medidas que habían tenido tanto éxito en la China Tang nunca llegaron a funcionar totalmente en Japón. El emperador japonés no podía llegar a convertirse en un poderoso gobernante al estilo chino ya que en Japón los aristócratas influyentes dominaban a los emperadores, controlaban la burocracia y conservaban vastos latifundios.
Los dirigentes japoneses del periodo Nara apoyaron decididamente la cultura china. Se animaba a los ciudadanos japoneses a construir edificios de estilo chino y a vestir ropa china. Los rituales y ceremonias de la corte imperial, tales como la música orquestal y los bailes de palacio, practicados todavía en nuestros días, estaban basados en gran parte en modelos Tang. El lenguaje escrito chino fue adquiriendo prestigio y se fue adaptando al idioma hablado japonés. Las formas literarias Tang como la poesía y la caligrafía o la pintura paisajística o las ideas filosóficas y religiosas chinas se fueron divulgando en Japón. Los japoneses adoptaron el confucianismo pero modificaron el mensaje político y ético para adecuarlo a su particular estructura social y asimismo aceptaron y adaptaron el budismo Mahayana. Por otra parte, los japoneses conservaron sus prácticas del sintoísmo, una especie de culto a la naturaleza.
La absorción cultural directa del legado chino por parte de Japón comenzó a debilitarse en el 794, año en el que la capital fue trasladada desde Nara a Heian-kyo (en la actualidad, Kioto). En el transcurso de varios decenios Japón fue retornando gradualmente a una situación de relativo aislamiento. En el siglo IX los japoneses comenzaron de nuevo a importar y adaptar los esquemas chinos en un intento por convertirlos en genuinamente japoneses bajo el lema "aprendizaje chino, espíritu japonés". Esta época vio florecer la cultura japonesa bajo una notable influencia budista. Incluso durante el prolongado periodo feudal en Japón no resulta difícil detectar influencias Tang en la religión, la literatura y las artes.
El ocaso Tang y su herencia
Durante la dinastía Tang, China fue auténticamente el Reino Central. Con independencia del rasero con el que se midiese, la China Tang sobresalía por encima del resto de Eurasia. Pero los imperios resultan muy costosos de mantener y las superpotencias no perduran eternamente. El reinado del emperador Xuanzong (Hiuan-Tsong) desde el 712 hasta el 756 está considerado habitualmente el cenit del esplendor Tang como potencia mundial. El Imperio Tang comenzó a declinar tras la derrota militar a manos de los árabes en el río Talas, cerca de Samarcanda (en el actual Uzbekistán), en el año 751. Esta derrota detuvo la expansión china y forzó una retirada gradual que desembocó en un levantamiento alentado por el gobernador, que destronó al emperador en 755. El islam vino a llenar parte del vacío creado por el ocaso del Imperio Tang, convirtiéndose en la religión predominante en Asia central. La caída progresiva del territorio de Asia central acabó provocando el derrumbe Tang. Bandas de rebeldes saquearon Chang’an y China se fue desmembrando a lo largo de varias décadas. A la dinastía Tang le sucedió la Song, que tuvo muchos aciertos pero mucho menos poder universal y regional. En conjunto, estas dos dinastías están consideradas como la cima de la edad de oro china. La dinastía Ming, que comenzó en 1368 y duró hasta 1644, reafirmó el poder regional en la más pura tradición Tang.
El periodo comprendido entre el 618 y el 907 puede denominarse efectivamente como los siglos chinos, ya que la dinastía Tang sentó una base firme para el esplendor durante esta época. En el transcurso de dichas centurias, China propició una era de estabilidad política, social y cultural, así como de prosperidad económica, sin parangón. Desde el siglo VII hasta el XV China experimentó un enorme avance, convirtiéndose en la civilización más rica, mejor organizada y más poblada del mundo. China continuó siendo una superpotencia hasta que la Revolución Industrial europea sentó las bases que permitieron a Occidente asumir de forma incontestada el dominio mundial.
Acerca del autor: Craig A. Lockard es titular de la Cátedra Ben y Joyce Rosenberg de Historia en el Departamento de Cambio y Evolución Social de la Universidad de Wisconsin, en Green Bay. Es autor del libro "Dance of Life": Popular Music and Politics in Modern Southeast Asia.

domingo, 27 de marzo de 2011

Los asombrosos Elefantes marinos septentrionales



En el artículo Los amos del harén se recoge el comportamiento reproductor de estos animales, que sorprende por la agresividad y machismo animal con que se caracterizan sus hábitos sexuales, y las largas migraciones que realizan estos mamíferos.
Los amos del harén.
De Stéphane Deligeorges.
En las islas situadas frente a la costa sur de California y en la península mexicana de Baja, cabe encontrar, en ciertas épocas del año, auténticos sultanes que reinan violentamente sobre vertiginosos harenes, a veces de cien hembras reunidas a su alrededor. Estos reyes marinos, pinnípedos del género Mirounga a los que se denomina elefantes marinos septentrionales (M. angustorostris), tienen al sur unos primos, los elefantes marinos australes (M. leonina). Ambos son seres enormes y potentes: los machos dominantes alcanzan un tamaño de casi 5 metros por 2,5 toneladas de peso. Estas focas gigantes presentan un dimorfismo sexual considerable, ya que sus hembras miden como máximo 3 m por un peso de 900 kg. Su nombre de elefantes marinos viene del apéndice nasal, que, cuando está hinchado, les sirve de caja de resonancia para proferir un formidable rugido.
Cada mes de diciembre, los machos de las regiones septentrionales llegan súbitamente a las playas de arena fina y libran duras y mortíferas luchas para el dominio territorial y sexual. Estos animales salvados in extremis de la extinción, en 1964, van a interesarnos por dos aspectos de su comportamiento. El primero concierne a sus hábitos sexuales, que llevan a estos pinnípedos a extremos de machismo animal. El segundo los convierte en campeones absolutos de los mamíferos migradores.
En la islas de San Miguel, San Nicolás y Santa Rosa, antes de que comiencen determinadas agrupaciones que llegarán a reunir a 10.000 focas, los machos que acaban de llegar y esperan a las hembras se enfrentan para acceder a la cima de su jerarquía. Además del rostro sonoro e hinchado, muestran un grueso escudo de cuero en el cuello y la garganta. Este escudo suele estar ensangrentado por la potencia de los asaltos que enfrentan a los machos. Los elefantes marinos vencedores formarán la «clase de los amos del harén». Son ellos, al menos en un primer momento, los que tendrán el monopolio de los apareamientos. Luego, las hembras surgen del mar y se disponen a dar a luz a los pequeños concebidos un año antes. Tres semanas más tarde, se ven las caras con unos machos extremadamente fogosos que no cesan de asaltarlas, ya estén en celo, grávidas, parturientas o amamantando a sus crías. Los amos del harén tienen un sistema de cortejo absolutamente directo que no admite rechazo alguno. Sin más preámbulos, el macho se acerca a la hembra de costado, pone la aleta anterior sobre su espalda, la muerde en el cuello hasta hacerla sangrar y trata de copular.
Esta brutalidad provoca a veces una ruptura definitiva entre el pequeño y su madre cuando está teniendo lugar el amamantamiento. Además, en su frenesí amoroso, los machos aplastan a los recién nacidos al moverse; la densidad de estas agrupaciones puede provocar hasta un 10 % de pérdidas entre estos juveniles. Realmente, el periodo de reproducción no es ninguna ganga para las hembras: cuando estas últimas vuelven al mar, tras haber conocido el ardor de los amos del harén, tienen que sufrir los asaltos de los machos dominados que se mantenían hasta el momento a distancia. Allí, su vida vuelve a correr peligro, hasta tal punto es intensa la excitación de estos últimos. Sólo escapan si sus llamadas logran hacer que los dominantes expulsen a los imprudentes.
La reproducción de los elefantes marinos es una empresa egoísta donde grandes machos dominan a pequeñas hembras y estas últimas se dedican, en definitiva, a minimizar los daños. ¿Cómo explicar unas actuaciones tan conflictivas?
Hay que señalar un último detalle de esta guerra de sexos. Algunos machos jóvenes recién destetados no vacilan en arriesgarse a ir a amamantarse con otras hembras del harén que no son sus madres. Tratan con ello de obtener lo más pronto posible una masa corporal importante. Hay que precisar que la leche de los elefantes de mar hembra es la más rica del mundo, ya que contiene un 50 % de materias grasas, mientras que la de vaca sólo contiene un 3,5 %.
Al salir de este periodo atormentado, que también es de completo ayuno, los machos y las hembras han perdido cerca de la mitad de su peso. Estas últimas son las primeras en dejar las playas: súbitamente abandonan allí a su cría. Estamos a comienzos de marzo y los machos, a su vez, toman el camino del mar. Luego, encontrando exactamente su playa de origen, los elefantes de mar surgen otra vez del agua: las hembras en abril y mayo, los machos en julio. Al cabo de un mes de presencia, todos, en el mismo orden, van a desaparecer. Las focas han llegado para realizar su muda. Tras de sí no dejan otra cosa que jirones de piel y matas de pelo. ¿A dónde van entre estos dos períodos que pasan en tierra? Debemos a las observaciones de Burney J. Le Boeuf, de la Universidad de Santa Cruz, y a su equipo, la determinación de la profundidad a que pueden sumergirse estos animales. Los trabajos de Brent S. Stewart y Robert L. Delong, por último, han conseguido dilucidar una doble peregrinación marina de los elefantes de mar septentrionales.
Una gran cantidad de sangre permite al elefante marino permanecer tres minutos en la superficie y sumergirse hasta cuarenta minutos
Primera extravagancia: las focas, apenas están en el agua, se sumergen profundamente. Algunas alcanzan hasta 600 metros de profundidad. Hay que imaginar, pues, una presión de 60 atmósferas. Estos períodos de apnea duran de 20 a 40 minutos y a los animales les bastan 3 minutos, en la superficie, para tomar aire. Los registros realizados han demostrado que al cabo de cuatro meses en el mar cada foca se había sumergido más de siete mil veces. Ello significa que los elefantes marinos pasan más del 90 % de su tiempo debajo del agua. Allí se alimentan abundantemente de presas pelágicas, sobre todo de calamares de las profundidades. Una de las razones de su gran capacidad buceadora consiste en que estos mamíferos tienen mucha sangre, la cual transporta una gran cantidad de oxígeno, exactamente el 12 % de su masa corporal (en el hombre sólo es del 7 %). Durante la inmersión, las arterias periféricas se contraen para enviar más sangre al cerebro; el corazón, por su parte, frena su ritmo para mantener la presión sanguínea a un nivel normal. Estas focas no padecen el mal de las profundidades, pues llevan muy poco aire en sus pulmones y durante la zambullida no se suministra ningún aporte de oxígeno.
He aquí ahora el detalle de esta migración que no practica ningún otro vertebrado de nuestro planeta. La migración se inicia al término de la estación de reproducción. A finales de febrero, las hembras parten en dirección del Pacífico norte, frente a las costas del estado de Washington, antes de regresar a su playa de origen para mudar. Su periplo es de 4.000 millas náuticas. La duración de este recorrido es de unos 70 días. Los machos comienzan su viaje a principios de marzo. Este les conduce 1.700 millas más lejos que el punto septentrional extremo de las hembras. Cuando los machos regresan a San Miguel para mudar, han permanecido 120 días en el agua y su recorrido ha sido de 7.400 millas.
Después del mes que pasan ayunando y mudando, los elefantes marinos parten hacia su segunda migración. Las hembras nadan hasta finales de mayo y alcanzan el mismo punto que habían alcanzado en la primavera. Esta vez las hembras permanecen en el mar unos ocho meses y recorren una distancia de 7.600 millas náuticas antes de regresar a San Miguel para dar a luz y volver a reproducirse. La migración de los machos, por su parte, empieza a comienzos de septiembre. Los animales van a franquear entre 6.000 y 7.000 millas en cuatro meses. En total, esta doble y extraordinaria migración habrá sido de 18.000 km para las unas y de 21.000 kilómetros para los otros.
Los datos recogidos muestran que cada foca toma caminos similares en sus sucesivas migraciones. Pero estos itinerarios varían de un individuo a otro. Al final, los machos y las hembras toman un corredor común a lo largo de las costas de California y de Oregón subiendo hasta las islas Aleutianas hacia Alaska, pero como los primeros van más al norte y en momentos distintos, los sexos realizan separados este largo periplo.
Persisten algunas cuestiones, hasta ahora sin respuesta definitiva. ¿Por qué las focas realizan tan increíbles migraciones? ¿Van en busca de zonas ricas para su alimentación? ¿Cómo se orientan? La percepción del campo magnético terrestre es la hipótesis más plausible. Pero no se ha descubierto ningún mecanismo perceptivo de este magnetismo. Por último, pasando como pasan el 90 % del tiempo debajo del agua, ¿cómo consiguen dormir los elefantes septentrionales? Sabemos que en los mamíferos terrestres el sueño parece estar en proporción inversa el peso corporal: las vacas, los caballos, los elefantes y las jirafas duermen muy poco. ¿Se llegará a la conclusión, observando detalladamente los elefantes marinos, que tampoco ellos tienen necesidad de dormir? ¿Y que tampoco les queda tiempo para soñar?
Fuente: Deligeorges, Stéphane. Los amos del harén. Mundo Científico. Barcelona: RBA Revistas, abril, 1997.


sábado, 26 de marzo de 2011

El mitológico Elíseo



Elíseo (mitología), también conocido como Campos Elíseos, en la mitología griega, un paraíso prehelénico, una tierra de paz y felicidad plenas. En las obras de Homero, Elíseo era una tierra en el extremo más lejano y occidental del mundo adonde eran llevados los grandes héroes, en cuerpo y alma, para hacerlos inmortales. Allí eran libres de proseguir con sus actividades favoritas y las penas y las enfermedades eran desconocidas. Pronto, sin embargo, Elíseo fue considerado como la residencia de los muertos bienaventurados, donde las almas de los héroes, poetas y sacerdotes vivían en total felicidad, rodeados de hierba, árboles y suaves brisas, y envueltos en una luz rosada perpetua.
En la mitología romana, Elíseo era una parte del mundo subterráneo y un lugar de recompensa para los muertos virtuosos. Para algunos era sólo un paraíso temporal. En el borde de su mullido y verde prado corría Lete, río del Olvido, del cual tenían que beber todas las almas que retornaban a la vida en el mundo superior.

El increíble Fausto



Escena del Fausto de Marlowe
Marne Maitland (como Mefistófeles, a la izquierda) y Peter Coke (como Fausto, a la derecha) actúan en una representación de La trágica historia del doctor Fausto, de Christopher Marlowe. Fausto es el héroe de la leyenda de un estudiante alemán que vende su alma al diablo a cambio de conocimiento y poder. En la versión de Marlowe, Fausto avanza de la búsqueda del poder divino a la penitencia y el arrepentimiento para salvarse del infierno. En la versión de Goethe (Parte I, 1808; Parte II, 1833), el héroe es perdonado por Dios, quien reconoce sus nobles intenciones.

Fausto, personaje semilegendario que hizo un pacto con el diablo para alcanzar la sabiduría.
Si bien el Fausto literario se identificó en un principio erróneamente con Johann Fust, su verdadero inspirador fue al parecer un tal Johann Faust, que nació en Württemberg alrededor de 1480. Fue un universitario que se ganó la vida con la enseñanza, los conjuros y la buenaventura. A medida que viajaba de ciudad en ciudad, su fama aumentaba y se extendía, y las misteriosas circunstancias de su muerte (tras jactarse de haber vendido su alma al diablo) confirmaron su notoriedad. Martín Lutero atribuyó a Faust poderes diabólicos y para muchos no fue más que un charlatán y un embaucador. Otros sostienen que gozó del mecenazgo del arzobispo de Colonia a partir de 1532, y que murió siendo un hombre respetado. En cualquier caso, durante el siglo XVI se convirtió en protagonista de cuentos populares y aventuras maravillosas publicadas en Frankfurt por el librero Johann Spiesz bajo el título de Historia de Fausten (más conocido como el Fausto de Spiesz, 1587). De este modo, el pacto de Fausto con el diablo entró para siempre en la mitología popular. En la versión de Spiesz, Fausto compra juventud, sabiduría y poderes mágicos a cambio de su alma inmortal, y el demonio se compromete a servirle durante veinticuatro años.
La versión que Marlowe hace del mito de Fausto (La trágica historia del doctor Fausto hacia 1588) sigue fielmente el mito de Spiesz. En ella, Fausto pasa de orgulloso buscador del poder divino a penitente desesperado, y su arrepentimiento llega demasiado tarde para librarse del infierno. Fue sin embargo el dramaturgo y crítico alemán, Gotthold Lessing, quien exploró por primera vez la posibilidad de redimir a Fausto, en lugar de condenarlo. En el semanario Briefe, die neueste Literatur betreffend (Cartas sobre la literatura más reciente), editado por su amigo C.F. Nicolai, publica una escena de su fragmentaria obra dramática para ilustrar cómo Fausto podría salvarse si Dios reconociera su sincero afán de arrepentimiento. Esta idea sirvió de base al Fausto de Goethe (parte I, 1808; parte II, 1832), una obra de enorme repercusión que nos describe a Fausto como un filósofo racionalista dispuesto a arriesgarlo todo, incluso su alma, por ampliar el conocimiento humano, y que obtiene el perdón de Dios por la nobleza de sus intenciones.
Al margen de estas obras, el mito de Fausto ha sido objeto de numerosas versiones populares en teatro de guiñol, óperas y oberturas (de compositores como Gounod, Boito, Busoni, Spohr, Richard Wagner y Berlioz), novelas, obras de teatro y poemas (de Klinger, Chamisso, Grabbe, Lenau, Heine, Valéry y Thomas Mann), e incluso un film de animación (Fausto, de Svankmajer, 1994).

viernes, 25 de marzo de 2011

La invasión de las Especies introducidas



La especies humana se ha extendido por todo el globo en apenas unas decenas de miles de años, un instante si lo comparamos con la larga existencia de vida en la Tierra. A lo largo de los últimos siglos ha crecido el ritmo de su movimiento: por deseo o por fuerza, gentes de todos los rincones del mundo se han desplazado a otros lugares.
Cuando se traslada con todas sus pertenencias de un lugar a otro, el hombre lleva consigo muchas otras especies. Algunas las traslada deliberadamente desde su lugar de origen hasta el nuevo y lejano hogar. Otras veces lo hace inconscientemente. El resultado es un intercambio biótico tan enorme que son contados los ecosistemas de la Tierra que no tienen algún residente permanente que llevó hasta allí el ser humano.
La gente traslada otras especies por muchas y variadas razones. Los animales domésticos y los productos de cultivo por su utilidad obvia han llegado a todas partes. Grandes extensiones de tierra de las zonas tropical y templada en las que antes hubo bosques, sabanas, praderas y desiertos, han sido ocupadas por el hombre y convertidas en asentamientos, en pastos para los animales domésticos, en campos y tierras cultivadas. Los hombres y sus ganados son hoy más numerosos que cualquier otro mamífero terrestre de tamaño similar.
Los jardineros han transplantado flores, arbustos y árboles valorados como ornamento. Los silvicultores han creado plantaciones de árboles llenas de especies foráneas. Los cazadores han llevado aves de caza y mamíferos a nuevos hábitats y los cazadores de pieles han introducido animales no nativos. Los pescadores han llenado lagos y ríos de especies exóticas para tener alimento y diversión. Los colonos nostálgicos, deseosos de corregir lo que veían como olvidos de la naturaleza en sus hogares adoptivos, han llevado especies de su país de origen. Y gentes de toda condición han introducido sin saberlo cucarachas, ratones y muchísimas otras plagas que viajaron con ellos como polizones.
Muchas de estas importaciones de vida no llegaron a asentarse, pero otras especies, que se vieron libres de las limitaciones del ecosistema en el que habían nacido, se multiplicaron hasta alcanzar proporciones de plaga. Estas especies oportunistas, plantas y animales que han invadido su nuevo entorno, han alterado los ecosistemas y han desplazado a las especies nativas, hasta el punto de que muchos científicos creen que las especies introducidas son una amenaza tan grave para la conservación de la biodiversidad como la propia destrucción de un hábitat. Hay muy pocos lugares de la Tierra donde no se encuentren señales de graves alteraciones.
Huéspedes
El caso del conejo europeo en Australia se ha convertido en problema clásico en el campo de la biología de la conservación, como ejemplo no sólo de una acción aparentemente inocua que se ha vuelto peligrosa, sino también de la gran cantidad de problemas ecológicos que muchas veces suceden tras la introducción de especies extrañas. Un inglés inmigrante en Australia que añoraba cazar conejos soltó dos docenas de animales en sus tierras de Victoria en 1859. Los conejos efectivamente se reprodujeron como tales, descubrieron enormes y hospitalarias extensiones y muy pocos depredadores, por lo que pronto se adueñaron de una amplia zona de la templada Australia.
Al cabo de algunas décadas, decenas de millones de conejos habían acabado con buena parte de la vegetación, agujereado la tierra con sus madrigueras, arruinado a granjeros y criadores de ovejas y robado a los animales nativos la comida, el agua y el refugio. Los más desesperados pusieron veneno y mataron a muchos conejos, que pronto se recuperaron, y también a muchos animales nativos, que no lo consiguieron. Llegó otro extranjero, el zorro rojo europeo, para cazar a los conejos, pero prefirió dedicarse a los mamíferos de escaso tamaño, a los reptiles y a los pájaros que anidan en el suelo. Hasta 1950 Australia no empezó a controlar este azote de los conejos: introdujo un virus de América del Sur que provoca la mixomatosis, una enfermedad mortal para los conejos, pero ya entonces los daños eran incalculables.
El equivalente vegetal del conejo fue el nopal, un cactus de América que se introdujo como ornamento paisajístico. Muy pronto adornaba millones de hectáreas en las praderas y los pastos australianos, que se hicieron inútiles para los ganados y para los animales salvajes. Hubo que importar a otro extranjero, en este caso la oruga del cactus, para que frenara al prolífico nopal.
Pero las especies importadas para el control biológico de otras exóticas pueden ser tan dañinas como las plagas con las que debían acabar. Buscando una solución a los escarabajos y otros insectos dañinos, los agricultores llevaron el sapo marino gigante de América del Sur a Queensland, Filipinas, Taiwan, Hawai, Florida, Cuba y otros lugares en los que se cultiva la caña de azúcar. El sapo se apoderó de todo: prolífico, voraz y venenoso, abandonó los campos de caña e infestó los campos, pueblos y jardines próximos. Desplazó a los anfibios nativos, acabó indiscriminadamente con plagas y con insectos beneficiosos y con todos los animales que pudo. Los perros y otros depredadores que trataron de comerse los sapos recibieron a cambio un poco de veneno.
Otro ejemplo notable de especie introducida que resultó nociva es el estornino común, que se soltó en el Central Park de Nueva York por razones que parecerán incomprensibles a las numerosas personas que hoy consideran adorable a esta tremenda plaga. Los estorninos crecieron y se multiplicaron con tal entusiasmo que llegaron a la costa pacífica de América del Norte en poco más de 50 años.
El estornino, al igual que muchas otras especies dañinas, procede de Eurasia. ¿Por qué los movimientos de invasores sólo han sido en una dirección, desde las tierras continentales del Hemisferio oriental a las islas y continentes del resto del mundo? Los ecologistas creen que la larga historia de ocupación humana y de alteración de los ecosistemas en el Viejo Mundo ha hecho posible que las especies que mejor se adaptan a las situaciones nuevas se extendieran por todos los hábitats. Cuando estas especies oportunistas fueron trasladadas más tarde a entornos relativamente intactos de las islas y de las dos Américas, colonizaron rápidamente los hábitats en las que eran contadas las especies nativas cuya evolución les hubiera preparado para expandirse.
Turistas y polizones
Muchas especies se han dispersado por todo el mundo viajando en trenes, barcos y aviones. Las vías férreas y las carreteras son los medios de transporte que utilizan las plagas. Semillas, esporas, huevos, larvas, plantas, hongos, insectos, serpientes y otros animales pequeños viajan tranquilamente en cargamentos de frutas y verduras, de grano, madera, tierra y otras mercancías con las que se comercia en todo el mundo. El tráfico actual en contenedores favorece este tipo de transporte, y los inspectores de los puertos de llegada no pueden interceptar a todos estos polizones.
Los vehículos para el transporte de personas también contribuyen a la expansión de animales de mayor tamaño. La culebra arborícola parda fue transportada accidentalmente de Nueva Guinea a Guam en un barco militar al finalizar la II Guerra Mundial. La culebra se adueñó pronto de la isla y se redujo drásticamente la población de aves nativas. Se discute que la culebra fuese la única causante del desastre, pero no cabe duda de que fue uno de los motivos. Dado que la culebra arborícola parda es una maestra en esconderse en los huecos de las ruedas de los aviones, en las bodegas de carga y en los contenedores, muchos temen que llegue inevitablemente a Hawai, donde podría asestar el golpe de gracia a las ya amenazadas aves indígenas.
A lo largo y ancho del mundo, miles de barcos, algunos con tanques de lastre con capacidad para millones de litros, recogen agua en un puerto y la vierten en otro. Con el agua se descargan todos los seres vivos que hayan sobrevivido al viaje, y algunos de ellos van a encontrarse en su nuevo entorno como peces en el agua. Las florecientes pesquerías del Mar Negro han dejado de serlo desde que llegó de América del Norte una especie de medusa en los tanques de lastre de un barco. La medusa forastera proliferó con tal intensidad que hoy representa la increíble proporción del 95% de la biomasa de ese mar.
El transporte rápido en barcos y aviones facilita igualmente la propagación de virus, hongos, bacterias y otros organismos causantes de enfermedades. Aunque nunca se les considera especies introducidas, muchos de estos agentes patógenos lo son. La ictericia hematúrica, una enfermedad vírica de los mamíferos ungulados, acabó con el ganado doméstico, los búfalos, los antílopes, las jirafas y otras especies de ungulados africanos tras ser llevada desde la India a finales del siglo XIX. Un hongo de Japón destruyó los castaños, especie de primera importancia ecológica y económica en los bosques de la zona occidental de América del Norte. Un microbio parasitario, introducido en Estados Unidos durante la década de 1950, provoca la denominada enfermedad del tambaleo que está acabando con la trucha arco iris y con otros peces similares de las corrientes de las Montañas Rocosas.
En la historia del hombre abundan los ejemplos de poblaciones que enfermaron y murieron tras quedar expuestos a gérmenes extraños a los que no eran inmunes. Hasta dos tercios de los pobladores originarios de América murieron por haber contraído viruela, sarampión y otras enfermedades que llevaron los exploradores y los colonos europeos.
La vulnerable vida de las islas
Muchas especies y géneros insulares son endémicas, sólo se encuentran en la isla concreta o el archipiélago en el que viven. Puesto que han evolucionado en medio de su aislamiento, estas poblaciones insulares muchas veces no tienen capacidad para enfrentarse a la tremenda presión de competidores, depredadores, parásitos y enfermedades que son habituales en otras partes del mundo más relacionadas entre sí, especialmente en el Hemisferio oriental. Por otra parte, si una especie nativa de tierra firme se extingue, podría recuperarse con ejemplares inmigrantes que han sobrevivido en otro lugar, pero la desaparición de la población endémica de una isla es definitiva, no hay reservas con las que recuperar la población.
Por todas estas razones, la vida de las islas es especialmente sensible a las alteraciones y propensa a la extinción. La superficie global de las islas, incluida la propia Australia, es mucho menor que la de los continentes. Sin embargo, alrededor de la mitad de las especies y más de la mitad de los géneros que se sabe que se extinguieron en otras épocas eran endémicos de islas. En muchos casos, la causa principal de su desaparición fueron las especies introducidas.
Los pobladores maoríes llevaron la rata y el perro de Polinesia a Nueva Zelanda. Estos dos recién llegados enseguida se dedicaron a atacar a las aves nativas, desde los gigantescos dinornis hasta especies más pequeñas. Siglos después, los colonos europeos llevaron otras especies de ratas y más perros, además de ovejas, cabras, vacas, cerdos, gatos y ratones, muchos de los cuales se volvieron salvajes. Por otra parte, los europeos crearon sociedades de aclimatación, dedicadas a poblar las islas con ciervos, conejos, comadrejas, ualabíes, zarigüeyas y otras especies de las que, por desgracia, se había olvidado la negligente naturaleza.
La flora y la fauna autóctonas sufrieron terriblemente el ataque simultáneo del hombre y de los animales que éste llevó. Casi la mitad de las especies vegetales que hoy crecen en Nueva Zelanda son foráneas, más de cuarenta especies de aves se han extinguido desde que comenzó el contacto con el ser humano y los ecosistemas únicos de las islas se han transformado profundamente.
En el remoto archipiélago de Hawai se han destruido los bosques originales de las tierras bajas para tener tierras de cultivo y lo que sobrevivió se ha visto degradado e invadido por especies extrañas escapadas de jardines, parques y plantaciones. Por cada dos especies vegetales naturales de Hawai hay una foránea naturalizada y siguen llegando en grandes cantidades otras que pretenden llegar a serlo.
Los cerdos salvajes, las cabras y las ovejas que hozan, ramonean y pastan implacablemente destruyen los hábitats hawaianos desde el nivel del mar hasta las tierras altas. Los mosquitos de otros lugares propagan la malaria y otras enfermedades a las aves nativas. Los insectos nativos, de suprema importancia ecológica como polinizadores y biorreductores, caen víctimas de las hormigas argentinas, las avispas de América del Norte y otros invasores. Los caracoles gigantes africanos, importados como alimento por el hombre, se escaparon y se convirtieron en la gran amenaza para las plantas nativas y las cultivadas. Los caracoles depredadores de América que se soltaron para que los controlaran, prefirieron dedicarse a devorar caracoles hawaianos nativos y ya han acabado con varias especies. La mangosta de la India, que se introdujo en 1883 para que controlara a las ratas, también introducidas, que infestaban los campos de caña de azúcar introducida, resultó mucho más eficaz para exterminar a las aves nativas con una capacidad lamentable que ya había demostrado en Jamaica y otras islas del Caribe.
Hacia una fauna mundial
Los ecosistemas son complejos de especies interdependientes dentro del entorno físico que ocupan. Las interacciones entre estas especies son muchas veces sutiles y la integración de sus papeles es perfecta. Sólo conociendo estos complejos pueden descubrirse sus intrincados detalles. Por desgracia, la destrucción del ecosistema es el resultado más frecuente cuando el hombre introduce especies extrañas. Un número relativamente reducido de plantas y animales corrientes sustituye a una multitud de especies nativas y especiales que han evolucionado unidas, lo que empobrece la biodiversidad del planeta y la enorme variedad de formas de vida que hay dentro de cada ecosistema e interfiere en sus relaciones.
Las especies y los ecosistemas continentales son en general más resistentes que los de las islas. Sus poblaciones suelen incluir un número más alto de individuos y las especies suelen ser más variadas. En consecuencia, es posible que haya una reserva de seres inmigrantes capaces de recuperar una población local extinta. Sin embargo, los ecosistemas de tierra firme no son en modo alguno invulnerables a las invasiones de fuera. El gorrión europeo supone hoy una grave amenaza en las regiones templadas de África, Australia y las dos Américas, donde provoca daños considerables en las cosechas y sale victorioso de la lucha por el alimento y los nidos contra las aves nativas.
La nutria, un carnívoro acuático introducido conscientemente en la parte meridional de América del Sur, escapó de las granjas y hoy vive en estado salvaje en América del Norte y Eurasia, donde desplaza a otros animales nativos, destroza las marismas y los arrozales, y destruye diques y bancales con sus madrigueras. En una excepción más a la regla de que las plagas más agresivas proceden del Viejo Mundo, la rata almizclera de América del Norte duplicó el tamaño de su ya amplia zona de acción tras su llegada a Eurasia, donde fue introducida a principios del siglo XX.
Muchas especies se subdividen en dos o más subespecies adaptadas a las condiciones concretas de los lugares en los que habitan. El hombre simplifica y homogeneíza la biota del mundo cuando implanta individuos de una clase en el hábitat de otra. Esto ocurre especialmente con los animales apreciados para la caza o por su piel. En las poblaciones híbridas genéticamente indiferenciadas que resultan desde el salmón, la trucha y la perca hasta el faisán de collar, el jabalí, el ciervo, la liebre de rabo blanco y el zorro rojo, las características especiales de forma y conducta que permitieron a los animales originales adaptarse a su entorno pueden haberse perdido irremisiblemente.
No sólo las especies autóctonas sino también las naturalizadas pueden sufrir la degradación genética de especies foráneas competitivas. Las abejas europeas domesticadas, por ejemplo, se llevaron deliberadamente a América, donde pronto se apreciaron como polinizadoras de plantas cultivadas y salvajes. Estas abejas, que habían evolucionado en la zona templada, estaban genéticamente programadas para producir grandes cantidades de miel durante el invierno, pero no lograron prosperar con el calor y la humedad invariables de los trópicos americanos.
Para solucionar este problema, los apicultores brasileños importaron abejas africanas para cruzarlas con las de allí, pero el experimento se volvió contra ellos, pues las agresivas abejas africanas dominaron a las residentes y los apicultores no encontraron el modo de controlarlas. Como procedían de los trópicos, donde no hay invierno, las abejas africanas no acumulaban miel, y transmitieron esta característica negativa a su progenie híbrida. Estas abejas africanizadas, llamadas abejas asesinas, desde entonces se han propagado desde Brasil por las áreas tropicales y subtropicales del Nuevo Mundo y han sustituido a las benignas y productivas abejas de ascendencia europea.
Hacia una flora mundial
Para la gente, acostumbrada a verlas siempre allí, las plantas naturalizadas son nativas. De hecho, tanto si viven en la ciudad, en los suburbios o en el campo, pocas personas son capaces de mirar a su alrededor sin que su vista tropiece con plantas procedentes de lugares lejanos. Muchas de ellas tienen un valor económico u ornamental. Elementos aparentemente tan característicos de la flora mediterránea como la aceituna, el higo, el limón o el tomate nacieron en otro lugar.
Muchas otras plantas foráneas son plagas que florecen en lugares modificados por la actividad humana. El diente de león, el zurrón de pastor, la pamplina y la ortiga, por ejemplo, invaden prados, campos, bordes de las carreteras y zonas en construcción de América, Australia y Nueva Zelanda. Como ocurre con los animales, las plantas de Eurasia son preponderantes en la lista mundial de malas hierbas, y muchas de ellas llegan hasta los trópicos.
Otras especies foráneas mucho más perniciosas invaden agresivamente los ecosistemas nativos. La liana del caucho de Madagascar asfixia los bosques de Queensland, Australia. Pinos y acacias exóticos y otras plantas de la zona mediterránea amenazan con destruir el fynbos, la riquísima formación vegetal exclusiva de la zona de las provincias del Cabo en Suráfrica. La madreselva japonesa abruma a las plantas nativas de los bosques del este de América del Norte y la hiniesta escocesa causa el mismo daño en las praderas, los prados y los grandes bosques del Pacífico noroccidental.
Las regiones tropicales y subtropicales se han convertido en un crisol de plantas, hasta el punto de que una flora universal, simplificada y uniforme, amenaza con sustituir a la biodiversidad local. Un diligente grupo de voluntarios consiguió, desherbando manualmente las tierras, recuperar algunas comunidades de plantas nativas de Bermudas, totalmente invadida por plantas extrañas. En Estados Unidos, The Everglades y otros ecosistemas del sur de Florida se han visto invadidos hasta por 400 especies de plantas exóticas. Son especialmente agresivas la casuarina o pino australiano, el pimiento de Brasil y la melaleuca o cajeput, especialmente nociva para los humedales por la velocidad con que absorbe agua a través de las raíces y la evapora a través de las hojas.
Invasores acuáticos
Las plantas acuáticas invasoras están acabando con ríos y lagos de todo el mundo. Las llamativas flores del jacinto acuático de América del Sur ocultan la notable capacidad de esta planta flotante para matar a las especies del fondo, taponar acequias y canales de regadío e impedir la navegación en las zonas tropicales, a donde llegó como planta ornamental.
Muchas plantas que son inocuas en las aguas donde nacieron se transforman en malas hierbas cuando llegan a otro lugar. Una especie acuática de América del Norte, llamada elodea, invade las aguas de Europa. La hydrilla y la milenrama de agua, naturales del Hemisferio oriental, hoy asolan lagos, embalses y corrientes de Canadá y de Estados Unidos. La morraza es una especie esencial y valiosa en sus marismas saladas nativas de la costa atlántica de América del Norte, pero en Gran Bretaña, Nueva Zelanda y la costa pacífica de América del Norte altera las tierras bajas y los humedales, y desplaza a las plantas nativas de las que depende la vida salvaje para encontrar alimento y refugio.
Debido a la extendida costumbre de soltar el agua de lastre de los barcos, los estuarios se han convertido en centro de reunión de una cosmopolita mezcla de especies naturales de aguas semisaladas y saladas. La Bahía de San Francisco en California tiene el dudoso honor de ser el estuario con más biocontaminación del mundo. Esta bahía acoge hoy a siluros y percas de la zona este de América del Norte, a cangrejos de mar europeos y chinos, a cochinillas de Australia y camarones de la Península de Corea, a mejillones del Atlántico occidental y almejas del Pacífico occidental. También se han establecido varios cientos de otras especies foráneas de algas, esponjas, gusanos, moluscos, crustáceos y peces. Los científicos creen que cada tres meses se añade una especie más. El futuro de esta mezcolanza ecológica es impredecible, pero no cabe duda de que muchos nativos de la Bahía de San Francisco seguirán el mismo camino que el desaparecido cacho de cola gruesa y el amenazado eperlano del delta, dos especies que no han podido enfrentarse a las invasiones de fuera.
Los lagos son el equivalente acuático de las islas en el mar y, como éstas, muchas veces tienen especies endémicas que son especialmente sensibles a los competidores y depredadores llegados del exterior. Entre las faunas lacustres alteradas, la del Lago Victoria es la que ha sufrido mayores pérdidas. El mayor de los grandes lagos de África era el núcleo de una notable y rápida difusión de especies. En menos de 15.000 años, unas pocas formas ancestrales dieron origen a las más de 300 especies de peces cíclidos que sólo existen en este lago.
El reciente descubrimiento de la gran velocidad con que se producía este hecho despertó un gran interés. Por desgracia, los científicos vieron al mismo tiempo que este variado conjunto está extinguiéndose aún más rápidamente. La sedimentación y el enriquecimiento artificial del lago como consecuencia de la actividad agrícola son culpables en parte. También la perca del Nilo, un voraz extraño que se soltó en estas aguas hace algunas décadas, está devorando a los peces que han sobrevivido a los cambios en el entorno del lago. No hay en épocas anteriores ningún caso de extinción masiva de vertebrados que pueda compararse con ésta: es posible que ya hayan desaparecido unas 200 especies de los peces endémicos del Lago Victoria y casi todas las demás están en peligro.
Otro grupo de grandes lagos, los de América del Norte, también han soportado la invasión de especies exóticas. La construcción de esclusas y canales ha permitido que la lamprea de mar penetre en los lagos, más allá de los rápidos y las cascadas que en otro tiempo se lo impedían. La invasión de la lamprea, una criatura primitiva, similar a una anguila, que se pega a los peces y absorbe sus líquidos vitales, condenó a las truchas, los esturiones blancos, los azules y los corégonos de los lagos. Con la desaparición de tantos depredadores, la población de sábalos, otra especie invasora, aumentó desmesuradamente y pronto dominó los lagos. Como continuación de este proceso de dominó ecológico, el hombre introdujo más especies extrañas, como la trucha híbrida y varias clases de salmón del Pacífico, para controlar al sábalo y recuperar la rica pesca deportiva y comercial de otras épocas.
En 1988, las décadas de trabajo para recuperar los Grandes Lagos quedaron en nada por la importación accidental del mejillón cebra. Este diminuto molusco, natural del Mar Caspio y del Mar Negro llegó como pasajero en los tanques de lastre de un buque, y se estableció y se extendió a gran velocidad. Millones de mejillones están ya adheridos a las superficies subacuáticas, manchan los barcos y los muelles y taponan los conductos de entrada y salida de las fábricas y de las centrales de energía.
Los mejillones, que desplazan de forma agresiva a las demás especies y monopolizan las existencias de plancton que constituye la base de la cadena alimentaria, amenazan con seguir desestabilizando los ya débiles ecosistemas lacustres. En menos de diez años han conquistado las depresiones de los Grandes Lagos y del río Mississippi, donde están llevando a la extinción a los restos de la población de moluscos de agua dulce más rica del mundo. Los economistas calculan que el mejillón cebra habrá provocado daños por valor de cinco mil millones de dólares en los quince años siguientes a su introducción.
Importancia del problema
Pese a estos tristes relatos de cómo el hombre estropea la naturaleza, la gente puede pensar: bueno, ¿y qué?; ¿es que la historia de la vida en la tierra no es una interminable sucesión de especies que se trasladan de un lugar a otro?; ¿acaso no son incontables las especies extinguidas y es probable, incluso seguro, que muchas de estas extinciones se debieran a la incapacidad para enfrentarse a unos inmigrantes superiores?; ¿puede verse la intervención humana en el movimiento de las especies como algo contrario a la naturaleza?; ¿es menos natural que la dispersión de semillas envueltas en barro que quedan pegadas a las patas de las aves, que un animal que llega a una costa lejana flotando sobre unas ramas que se desprendieron en una tormenta, o que el desarrollo de una especie en unas tierras que quedan expuestas cuando desciende el nivel del mar?
Los movimientos de las especies y su desaparición siempre han ocurrido, es cierto, y no hay ninguna diferencia cualitativa entre las que provoca el hombre y las demás. La única distinción significativa es la velocidad con que se producen estos hechos. El ser humano traslada hoy a otras especies por el planeta a un ritmo tan acelerado que los sistemas apenas tienen tiempo para alcanzar un precario nuevo equilibrio. La trágica herencia del dominio del ser humano será un mundo desequilibrado y biológicamente empobrecido.
Cada vez son más numerosas las voces preocupadas que ofrecen argumentos morales, estéticos y económicos en contra de la introducción de especies foráneas. Hay campañas de educación para que los ciudadanos, las empresas y los gobiernos eviten el transporte de especies de otros lugares, controlen las variedades exóticas existentes, recuperen los ecosistemas degradados y presten la máxima atención a futuras introducciones. El bienestar del ser humano, al fin y al cabo, depende de la conservación de la biodiversidad. Si el hombre continúa mezclando especies y destruyendo ecosistemas, se pondrá en peligro a sí mismo.

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