Primer automóvil de vapor


EL PRIMER BOLIDO
Su potencia lo destruyó
Vehículo de vapor de Cugnot
Se considera que el triciclo de vapor construido por Cugnot en 1771 fue el primer vehículo de carretera autopropulsado. Estaba diseñado para remolcar artillería, pero pronto se emplearon vehículos similares en la industria.

En Europa, el ingeniero de minas británico Richard Trevithick construyó el primer carruaje de vapor en 1801, y en 1803 construyó el llamado London Carriage. Aunque este vehículo no se perfeccionó, siguieron produciéndose mejoras en la máquina de vapor y en los vehículos.

EL primer automóvil de vapor que discurrió por las carreteras inglesas fue diseñado por Richard Trevithick en 1800. El motor funcionaba a una presión excesivamente elevada: nueve veces superior a la de la máquina de vapor que había ideado James Watt. El gran inventor, que a la sazón contaba 64 años, manifestó que la caldera explotaría y que Trevithick debería ir a la horca por introducir tan disparatada innovación.
El vehículo hizo su primera salida en la Nochebuena de 1801 y, tres días más tarde, Trevithick invitó a unos amigos a pasear en él. La excursión terminó bruscamente al estropearse el coche; y los viajeros, ateridos de frío, se dirigieron a la hospedea más próxima para darse ánimo con cerveza caliente. Pero el fuego de la caldera siguió ardiendo mientras tanto, y cuando el grupo regresó al vehículo no encontraron otra cosa que un despojo humeante.

Richard Trevithick
Richard Trevithick (1771-1833), ingeniero mecánico e inventor británico y uno de los pioneros del ferrocarril. Nació en Illogan, cerca de Camborne-Redruth, Cornualles. En 1796 exhibió modelos de máquinas de vapor de alta presión, que supusieron una mejora sobre las máquinas de baja presión desarrolladas por el inventor escocés James Watt. En la Nochebuena de 1801, Trevithick puso en funcionamiento el primer vehículo a vapor que transportó pasajeros. En 1804 aplicó por primera vez el vapor en el remolque de cargas en una vía férrea cuando su locomotora a vapor transportó 10 toneladas de hierro unos 15 km desde Merthyr Tydfil hasta Abercynon, País de Gales. Su éxito condujo a la construcción de otras locomotoras de vapor sobre rieles o raíles. Muchos le consideran el inventor de la locomotora a vapor.

miércoles, 20 de abril de 2011

La máquina de movimiento continuo


UN SUEÑO IRREALIZABLE
A la búsqueda del movimiento continuo

LA primera ley de la termodinámica dice que no es posible obtener algo de nada, pero ello no ha impedido que mucha gente lo intentase. Resulta científicamente imposible construir una máquina que funcione sin una fuente de energía externa; a pesar de ello, los inventores han perseverado durante siglos en diseñar máquinas de movimiento continuo.
Entre las más comunes, figura una rueda movida por la gravedad. Si se coloca un peso en la parte alta de una rueda en posición vertical, ésta gira hasta que el peso llega abajo. Si se colocan varios pesos alrededor de la rueda, de modo que los que bajan estén s alejados del centro de la rueda que los que suben, parece que el resultado sería una rueda desequilibrada que giraría constantemente.

Leonardo de Vinci
Tal ingenio fue disado en el siglo XIII por el arquitecto francés Villard de Honnecourt. Su rueda tenía siete martillos, montados sobre ejes, que se desplegaban al caer y se recogían al subir.
En el siglo XV, Leonardo de Vinci diseñó otra rueda con cuatro brazos radiales. Al extremo de cada uno de ellos había una esfera de metal con un poco de mercurio. El desplazamiento del peso del mercurio mantenía la rueda girando.
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En realidad, todas estas ruedas se mantienen girando durante algún tiempo; pero, debido a los rozamientos del sistema, su velocidad disminuye muy lentamente, y al cabo se detienen.
Ello explica el éxito que tuvo en su tiempo una rueda de este tipo, de cuatro metros de diámetro, construida en el siglo XVII por el inglés Edward Somerset, marqués de Worcester. Se poa en marcha a mano y luego giraba por su propio impulso durante los minutos en que se permitía comparecer a los observadores. Cuando éstos se habían marchado, complacidos de la experiencia, la fricción hacía remitir la velocidad de la rueda y finalmente la detenía del todo.
Y vuelta a empezar

Otras máquinas de «movimiento continuo» emplearon líquidos. Un invento ingenuo, propuesto por el Abbé de la Roque en 1686, consisa en un embudo cuyo largo conducto se curvaba para revertir el líquido sobre aquél.

El inventor esperaba que el peso del agua del embudo haría salir el líquido por el conducto y revertir otra vez en el embudo sin solución de continuidad.

En realidad, la única forma de hacer volver agua del conducto al embudo es instalando una bomba, lo que descarta la idea del movimiento continuo.

lunes, 18 de abril de 2011

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