El Mediterráneo fue una vez un desierto









Hace  seis millones de años el mediterráneo  se desecó y quedó al descubierto  una cuenca desértica, 3,00 metros inferior al nivel del mar  Atlántico. Posteriormente las aguas  del océano  prorrumpieron por el estrecho de Gibraltar  en la gran cavidad del mediterráneo, formando la catarata más espectacular que jamás e haya visto.

Fue como  abrir una compuerta gigantesca  para llenar un estanque de 3,000 metros de profundidad  y 3,200 kilómetros de longitud. Cuarenta mil kilómetros cúbicos  de agua se precipitaron  por la brecha en un torrente  1,000 veces mayor que las cataratas del Niágara. Aún así, el nivel que hoy conocemos, sólo se alcanzó al cabo de mil años. Las aguas  cubrieron toda la cuenca  con la excepción  de algunas cumbres  montañosas, entre ellas Malta, Cerdeña y Baleares.

La certeza de estos hechos ha sido demostrada gracias a las perforaciones realizadas en el fondo del Mediterráneo por el Glomar Challenger, buque estadounidense de reconocimiento.

En 1970 el Glomar Challenger reunía datos científicos  que pudieran confirmar  la hipótesis  de la separación o deriva de los continentes. Cruzó el estrecho de Gibraltar  y efectúo perforaciones  en los sedimentos blandos del suelo marino hasta 18,600 metros  bajo la superficie  de las aguas.

Cuando se habían perforado 180 metros  de sedimento  se detecto  una capa de grava, circunstancia completamente excepcional  en los fondos oceánicos.
Se realizaron más sondeos y las sorpresas se acrecentaron.

Bajo los sedimentos aparecieron rocas  de las llamadas evaporitas, privativas de los terrenos a que anteriormente fueron ocupados por los mares.

Los hombres de ciencia se resistían a creer que el mediterráneo hubiese sido alguna vez un desierto. Sin embargo tal suposición no era un disparate. El clima es seco y aun hoy, la cantidad  de agua absorbida por el calor de los rayos solares, es mayor que la que aportan las lluvias y los ríos. La evaporación alcanza  al año una  media  de 3,730 kilómetros  cúbicos  de agua perdida, que sólo es suplida por el flujo del Atlántico.
En el caso de que el estrecho de Gibraltar se hubiera cerrado antiguamente, el Mediterráneo se hubiera secado  en sólo 1,000 años. Tendría entonces el aspecto de un cañón profundo y reseco, algo parecido al valle de la Muerte en California..

Pero al fin apareció la prueba decisiva. En ese entonces, tenía 70 años de haberse descubierto  en el Sur de Francia, una profunda garganta cortada en la roca granítica, que permanecía oculta bajo sedimentos  de miles de años. Parecía pertenecer al cauce de un rio antiguo, pero se encontraba  a cientos de metros  bajo el nivel del Mediterráneo.

Aunque los científicos del  Glomar Challenger, no tenían noticias  de ello, se ha comprobado ahora la existencia  de una garganta semejante   al otro lado del Mediterráneo  bajo el Nilo. El fenómeno había sorprendido a   los ingenieros rusos  que construían la presa de Asuán.
Sólo una explicación  es posible: las gargantas  debieron haber sido excavadas por   ríos  que fluían al Mediterráneo cuando el nivel de las aguas era muy inferior  al actual. 

Las corrientes discurrían por zonas hoy sumergidas  y abrían cañones  que ahora se descubren  en el suelo del Mediterráneo.

Así pues, el Mediterráneo  fue una vez un mar, y más tarde un cañón profundo y ardiente salpicados de lagos de sal. Por fin, al cabo de millón y medio de años, volvió a convertirse en el mar que hoy conocemos , al romperse  la presa  del estrecho  e irrumpir en su interior las aguas del atlántico.

viernes, 20 de agosto de 2010

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