La belleza increíble de el Parque nacional de las Secuoyas



Árbol General Sherman, Parque nacional de las Secuoyas
El árbol General Sherman es una secuoya gigante del Parque nacional de las Secuoyas de California (Estados Unidos). Es el más grande del mundo con una altura de 84 m y un diámetro de 11 m en la base.


Parque nacional de las Secuoyas, situado en la cordillera de sierra Nevada, en la parte central del estado de California (Estados Unidos) y creado en 1890; su característica más llamativa es la abundancia de ejemplares de secuoyas gigantes. Uno de ellos, el árbol General Sherman, llama la atención por su espectacularidad y es el ser vivo más grande del mundo, con 84 m de alto y 11 m de diámetro. Dentro del parque se encuentra el monte Whitney, la mayor cumbre de los Estados Unidos fuera del territorio de Alaska, con una altura de 4.418 m. Otros lugares de interés son el cañón del río Kern y la cueva Crystal, una caverna de mármol. La mayor parte del parque está cubierto de herbazales. La fauna es abundante. Su superficie es de 1.628,8 km2.

martes, 29 de marzo de 2011

Las terroríficas Historias de miedo



Historias de miedo, narración en prosa que trata de sucesos o seres sobrenaturales. Los fantasmas y otros seres fantásticos están presentes en la literatura desde sus orígenes pero, paradójicamente, fue durante el racionalismo del siglo XVIII cuando los cuentos sobre seres y circunstancias extranaturales se convirtieron en un subgénero claramente diferenciado. En algunas baladas medievales se habla de los fantasmas como si su existencia fuera un hecho demostrado: son igual de reales que los seres humanos a quienes hechizan. Los espíritus que regresan de la tumba para exigir venganza en el teatro renacentista, como el padre de Hamlet en la obra de Shakespeare, resultan aterradores sólo porque introducen un matiz de duda. La posibilidad de que no sean reales, o de que sean apariciones del demonio en lugar de auténticos espíritus, confiere dinamismo y energía a la acción. El auge de la filosofía racionalista y escéptica durante el siglo XVIII, que abolió la creencia en los seres fantásticos, tan arraigada en los países protestantes del norte de Europa, propició su tratamiento literario. El objetivo no era tanto asustar a la audiencia sino que reconociera sentirse asustada.
Así pues, desde un primer momento, las historias de miedo fueron escritas por y para gentes que en realidad no creían en las apariciones de espíritus. Su primera manifestación destacable es la novela gótica. Obras como El Castillo de Otranto (1764) de Horace Walpole, Los misterios de Udolfo (1794), de Ann Radcliffe, y El monje de Lewis, sentaron ciertas bases que siguen siendo comunes a la literatura y el cine, el cual ha sabido incorporar con gran éxito el género de miedo y terror. El elemento sobrenatural puede ser un esqueleto en el armario o un misterioso acontecimiento del pasado aún sin resolver. El escenario típico es un castillo remoto y medieval o un cementerio en un paisaje desolado e inhóspito. Por lo general, la víctima del hechizo es una mujer solitaria.
La fascinación que produce el ambiente del lugar y los peligros que acechan a la heroína se convirtieron en las claves de un género que, favorecido por el impacto del romanticismo, no tardó en adoptar todos los elementos del horror y lo grotesco explotados en los relatos de Gustavo Adolfo Bécquer, Edgar Allan Poe y E. T. A. Hoffmann. Frankenstein (1818) de Mary Wollstonecraft Shelley combinaba elementos propios del relato fantástico con el tema faustiano del científico ávido de sabiduría, mientras que Drácula (1897) de Bram Stoker introdujo al vampiro en esta corriente literaria. Otros cuentos de miedo, de corte más conservador, como La casa junto al camposanto (1863) de Sheridan Le Fanu, o Historias de fantasmas de un anticuario (1904) de M. R. James, siguen siendo piezas antológicas. Un clásico del género, subestimado y provocativamente ambiguo, es Otra vuelta de tuerca (1898) del escritor estadounidense Henry James.

La increíble Secuoya



Secuoyas gigantes
Las secuoyas gigantes alcanzan hasta 9 m de diámetro, y la corteza que cubre el tronco llega a tener 60 cm de grosor. Los contrafuertes de la base son estructuras naturales de sujeción.


Secuoya, nombre común de un grupo de árboles enormes, de porte majestuoso, de la familia de las Taxodiáceas, caracterizados por el tronco columnar, de color pardo rojizo, que se alza a 30 m de altura o más sobre una base de forma cónica; presenta hojas aciculares y pequeñas piñas ovales. El árbol se llama así por Sequoya, jefe del pueblo cherokee.
Las secuoyas, en otro tiempo distribuidas por toda la zona templada boreal, sucumbieron, en su mayor parte, ante el avance de las masas heladas de la época de las glaciaciones. Sólo sobrevivieron tres especies: la secuoya gigante, la secuoya roja de California y la secuoya roja del suroeste de China. El bosque petrificado de Arizona está formado en gran medida por fósiles de especies extintas de secuoya. Se han encontrado restos fósiles de secuoyas en estratos geológicos que se remontan incluso al jurásico, hace entre 135 y 180 millones de años; los taninos evitaron la putrefacción de la madera.
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SECUOYA GIGANTE
La secuoya gigante, o ‘árbol grande’ se localiza dentro de una estrecha franja de 300 km de longitud en la vertiente occidental de la sierra Nevada de California, entre los 900 y los 2.400 m de altitud. Es el más grande de todos los organismos vivos. El ejemplar mayor, llamado General Sherman, se encuentra en el Parque nacional de las Secuoyas; mide 83 m de altura y 11 m de diámetro en la parte del tronco situada por encima de la base cónica y pesa unas 1.950 toneladas. Hay otros ejemplares con alturas comprendidas entre 46 y 99 m y diámetros de tronco de hasta 9 m. La técnica del recuento de los anillos anuales de crecimiento del tronco ha demostrado que hay árboles de hasta 2.300 años de edad, aunque se cree que algunos aún vivos tienen casi 4.000 años.
Las hojas de la secuoya gigante son escuamiformes y crecen muy pegadas a las ramas. La corteza es ondulada y de textura esponjosa; en ejemplares grandes tiene hasta 60 cm de espesor. La madera es clara, de veta tosca, muy resistente a los insectos y al fuego. Casi todas las secuoyas gigantes crecen en terrenos de la red de parques nacionales de Estados Unidos o gozan de alguna clase de protección y está prohibido cortarlas.
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SECUOYA ROJA DE CALIFORNIA
La secuoya roja de California crece a lo largo de la costa húmeda del Pacífico, desde el sur de Oregón hasta el centro de California, en Estados Unidos. Tiene entre 30 y 112 m de altura, una talla sólo alcanzada por ciertos eucaliptos australianos, entre los cuales hay un ejemplar de al menos 97 m. El tronco tiene hasta 7,5 m de diámetro. Se cree que la secuoya roja de California puede vivir hasta 2.500 años. Las hojas son más azuladas que las de la secuoya gigante y más aciulares. La madera es parecida, pero de veta más uniforme. A diferencia de casi todas las demás coníferas (árboles que producen piñas o conos), del tocón de una secuoya roja recién cortada brotan enseguida nuevas plantas que en 40 años alcanzan el tamaño apropiado para la explotación maderera. Por esto, y porque la madera es más abundante y más dura que la de la secuoya gigante, la secuoya roja se ha sometido a explotación intensa. Se conservan algunos ejemplares antiguos e insustituibles en los parques nacionales, pero, fuera de ellos, la especie corre peligro de extinguirse.
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SECUOYA ROJA DE CHINA
En otro tiempo, ésta fue la especie de secuoya más común en América del Norte; se considera antecesora de la secuoya roja de California. Alcanza casi 30 m de altura y 1,8 m de diámetro por término medio. Forma hojas planas y ramas delgadas opuestas. A diferencia de las otras dos especies, esta secuoya es de hoja caduca. En 1941 se identificaron varios fósiles de esta especie, y algunos años más tarde se descubrieron en China varios árboles vivos. En 1948 el Arnold Arboretum de Massachusetts recogió semillas y plántulas que se han multiplicado con buenos resultados en América del Norte.
Clasificación científica: las secuoyas pertenecen a la familia de las Taxodiáceas (Taxodiaceae). La secuoya gigante es la especie Sequoiadendron giganteum; la secuoya roja de California, Sequoia sempervirens, y la de China, Metasequoia glyptostroboides.


La terrible Intoxicación alimentaria



Salmonella
Muchos tipos de bacterias flageladas, como la Salmonella de la imagen, producen enfermedades en los animales y en las personas.


Intoxicación alimentaria, cuadro clínico que aparece como consecuencia del consumo de alimentos contaminados por bacterias o por toxinas de origen bacteriano o no bacteriano.
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INTOXICACIÓN ALIMENTARIA POR BACTERIAS
Algunas bacterias, como Salmonella, Escherichia coli, Shigella, Campylobacter o Clostridium perfringens, contaminan el agua o los alimentos, como la leche no pasteurizada y los derivados lácteos, las carnes y aves mal cocinadas, el marisco, las legumbres, las verduras o los huevos. El consumo de estos alimentos contaminados produce un cuadro infeccioso. Las bacterias invaden el tubo digestivo y dan lugar a una infección, producida por el propio organismo o por las toxinas que éste elabora. Los síntomas comprenden gastroenteritis con dolor abdominal y diarrea acuosa o con sangre y, según la bacteria que origine el cuadro, fiebre, cefalea, escalofríos, náuseas, vómitos y otras complicaciones. El periodo de incubación (tiempo que tarda en manifestarse la enfermedad) depende del tipo de bacteria pero, por lo general, varía entre unas horas y tres días, aunque en algunos casos, como en la infección por Campylobacter, puede ser de hasta una semana. El diagnóstico se basa en los síntomas y, a veces, se confirma mediante un cultivo de heces (coprocultivo). En la mayoría de los casos el tratamiento consiste en evitar la pérdida de líquidos y conseguir el alivio de los síntomas. Véase Salmonelosis.
3
INTOXICACIÓN ALIMENTARIA POR TOXINAS BACTERIANAS
Algunos cuadros de intoxicación alimentaria se deben al consumo de alimentos contaminados por toxinas bacterianas. Este es el caso de la intoxicación pseudoalérgica por pescado o las intoxicaciones debidas a enterotoxinas estafilocócicas, enterotoxinas producidas por Bacillus cereus o a la toxina botulínica.
3.1
Intoxicación por enterotoxinas estafilocócicas
El Staphylococcus aureus es una bacteria que contamina algunos alimentos y elabora en ellos enterotoxinas (toxinas que afectan al aparato digestivo). La ingestión de la enterotoxina produce un cuadro de diarrea, náuseas, vómitos y dolor abdominal que aparece, de forma brusca, entre dos y seis horas después de consumir el alimento y que suele desaparecer transcurridas entre ocho y veinticuatro horas. Es una de las causas más frecuentes de intoxicación alimentaria y se detecta en productos que no se han refrigerado, como carnes curadas, huevos, mayonesa o bollos con cremas.
3.2
Intoxicación por enterotoxinas de Bacillus cereus
El consumo de alimentos contaminados por enterotoxinas elaboradas por Bacillus cereus produce un cuadro clínico de vómitos o diarrea. Se asocia con el consumo de carnes, verduras, cereales y arroz que no se han refrigerado adecuadamente, lo que permite que las esporas de B. cereus se desarrollen y elaboren la toxina. Los síntomas aparecen en unas horas.
3.3
Intoxicación por toxina botulínica
El Clostridium botulinum es una bacteria que elabora una toxina muy potente que afecta al sistema nervioso produciendo parálisis. El organismo procede del suelo y se desarrolla en muchas carnes y vegetales. La ingestión de la toxina botulínica puede provocar un cuadro clínico leve o muy grave que puede llevar a la muerte del paciente en 24 horas. Por lo general, los síntomas aparecen entre 18 y 36 horas después de consumir el alimento. Se produce una parálisis descendente que afecta a ambos lados del cuerpo y que progresa desde la cabeza hasta las extremidades. Existe afectación de los pares craneales, dificultad para tragar, trastornos del habla, deterioro de la visión, incapacidad para caminar, convulsiones ocasionales y, por último, parálisis de los músculos respiratorios, asfixia y muerte, todo ello en un intervalo de pocas horas o algunos días, según la cantidad de toxina ingerida. Existe una antitoxina botulínica que es eficaz si se administra con rapidez (véase Botulismo).
3.4
Intoxicación pseudoalérgica por pescado
La intoxicación pseudoalérgica por pescado se debe a la presencia de una toxina que se forma por descomposición bacteriana de la musculatura de algunos peces mal conservados o refrigerados. El pescado puede estar picante o tener cierto sabor a metal. Poco tiempo después del consumo, la persona nota calor, enrojecimiento, síntomas gastrointestinales, cefalea, taquicardia, hipotensión, urticaria o broncoespasmo. Los síntomas desaparecen entre 8 y 12 horas después.
4
INTOXICACIÓN ALIMENTARIA POR TOXINAS NO BACTERIANAS
Esta intoxicación alimentaria se debe al consume de peces de arrecife (tropicales y semitropicales) que contienen toxinas producidas por algas (dinoflagelados) que forman parte de su cadena alimentaria. Los síntomas gastrointestinales (náuseas, vómitos y diarrea) suelen aparecer entre 15 minutos y 12 horas después y desaparecen en uno o dos días, momento en que se manifiestan síntomas neurológicos muy diversos, algunos de los cuales pueden persistir durante semanas o meses.
4.1
Intoxicación paralítica por moluscos
Esta intoxicación se debe al consumo de moluscos (almejas, mejillones, ostras, vieiras o lapas) contaminados por toxinas producidas por dinoflagelados. Los síntomas neurológicos se manifiestan poco después de comer el marisco y comprenden hormigueos y adormecimiento o acorchamiento de los labios, la lengua y las encías, que se extiende hacia el cuello y las extremidades. Otros síntomas que pueden aparecer son debilidad, incoordinación, vértigo, dolor de cabeza, trastornos de la visión, síntomas gastrointestinales, taquicardia e incluso parálisis. Algunos cuadros pueden ser muy graves, mientras que en otros los síntomas desaparecen persistiendo cierta debilidad durante varias semanas.
4.2
Intoxicación amnésica por moluscos
La intoxicación amnésica se debe al consumo de moluscos (mejillones) contaminados por una toxina (ácido domoico) producida por algas que forman parte de su cadena alimentaria. Entre 15 minutos y 24 horas después de su ingesta aparece un cuadro gastrointestinal y síntomas neurológicos, como dolor de cabeza intenso, pérdida de memoria reciente, confusión, agitación e incluso coma. En ocasiones, se han descrito secreciones bronquiales abundantes y enema de pulmón. En algunos casos, los síntomas neurológicos, como los trastornos de la memoria, persisten durante varios meses.
5
PREVENCIÓN DE LAS INTOXICACIONES ALIMENTARIAS
La prevención de muchos casos de intoxicaciones por alimentos consiste en extremar la higiene de las personas que los manipulan, en cocinar, proteger y refrigerar los alimentos de forma adecuada, evitar el consumo de productos animales no controlados, verduras frescas mal lavadas, o de agua, leche y derivados lácteos no tratados. Los alimentos mal conservados en recipientes precintados y la esterilización incorrecta de las conservas de manufactura casera de alimentos no ácidos (verduras, frutas y condimentos) son origen de muchos casos de botulismo.

Dolly, la famosa oveja clónica



El nacimiento de la oveja Dolly causó un gran eco en los medios de comunicación de todo el mundo. Sin embargo, la clonación de esta oveja es fruto de varias décadas de experimentaciones e investigaciones en diversos laboratorios y de una técnica difícil y compleja, como se recoge en este fragmento del artículo ¿Qué tal, Dolly?
Fragmento de ¿Qué tal, Dolly?
De Olivier Postel-Vinay y Annette Millet.
Hacía mucho tiempo que una noticia científica no había tenido tanto eco. Televisiones, periódicos y revistas de todo el mundo, jefes de Estado y parlamentos, científicos e industriales, ecologistas y especialistas en bioética, filósofos y hombres de Iglesia han producido en sólo algunos días una cacofonía inverosímil y duradera.
¡Y todo por el nacimiento de una oveja! ¡Y un experimento todavía no reproducido! ¿Tan impulsiva es la humanidad? ¿O es que hay que admitir que estas reacciones apasionadas son indicio de que se ha producido un acontecimiento fundamental? ¿Que el nacimiento fabricado de un mamífero sin padre —un clon de su madre— tiene un alcance simbólico colosal? ¿Hay que ver en él un hito decisivo en la historia de nuestra especie? ¿O, quizá, puede ser una fractura decisiva entre el mundo científico y el de los simples ciudadanos? Para ayudar a nuestros lectores a contemplar este panorama con más luz, hemos elaborado las bases de este dossier. He aquí, pues, una síntesis objetiva de los principales elementos que permiten, a nuestro juicio, elaborar una opinión sobre este caso. Tanto a nivel científico como técnico, económico o ético.
1. Cómo se ha fabricado Dolly
La relativa simplicidad de los procedimientos descritos y de los esquemas presentados a la prensa no deben dar lugar a ilusiones. La clonación de Dolly es una operación difícil y compleja, resultado de décadas de investigaciones y de experimentaciones en diversos laboratorios. Ha habido muchos fracasos y, también, el desaliento de muchos equipos. Intereses privados estaban en juego. Además, es posible que no se hayan dado a conocer todos los detalles.
He aquí las principales etapas de la operación. En realidad, la mayor parte son un concentrado de una serie de subetapas, cada una de las cuales implica muchas elecciones, por ejemplo, el momento exacto de cada intervención, la composición de unos determinados medios de cultivo, la sucesión de los gestos del experimentador, los instrumentos utilizados... Tal como destacaban, ya en 1990, los autores de una obra de referencia sobre la biología del desarrollo, en materia de clonación, «los detalles de la técnica experimental pueden influir muchísimo en las respuestas a una determinada cuestión».
Los investigadores escoceses también han obtenido corderos a partir de células de un feto de 26 días
Los investigadores escoceses tomaron, por biopsia, células de glándula mamaria de una oveja blanca Finn Dorset de seis años. El animal estaba en el último trimestre de su gestación, momento en que las células mamarias están más diferenciadas y se multiplican. Las células tomadas se cultivaron in vitro y luego se colocaron durante cinco días en un medio de cultivo muy empobrecido en suero, dieta rigurosa cuyo efecto es provocar poco a poco la suspensión completa del ciclo celular (fase G0, «G cero»). Seguidamente, cada una de estas células, en estado de casi hibernación, se introdujeron en un ovocito no fecundado y enucleado de oveja Scottish Blackface (de cabeza negra).
Los ovocitos se obtuvieron quirúrgicamente por perfusión de los oviductos después de una estimulación ovárica. En el momento de la obtención, su ciclo celular quedó en suspenso. Los ovocitos se encuentran naturalmente en esta fase, llamada metafase II, en el momento de la ovulación. A causa de la meiosis, únicamente contienen un solo juego de cromosomas, que forman, en este momento preciso, una placa casi plana, excéntrica, situada no lejos del glóbulo polar, una pequeña bola que contiene otro juego de cromosomas y que está destinada a ser eyectada. Entonces, los experimentadores aspiraron la placa cromosómica, arrastrando de una sola vez el glóbulo polar y una parte del citoplasma. Los ovocitos así enucleados, que habían conservado la mayor parte de su citoplasma, fueron transferidos a un medio de cultivo a 37 ºC. Se «activaron» con la ayuda de un primer impulso eléctrico; luego, y gracias a una serie de nuevos impulsos eléctricos, cada uno de ellos se fusionó con una célula mamaria de la oveja donante. La aplicación de la corriente eléctrica también tenía por objeto facilitar el desarrollo de la nueva célula acabada de formar (un nuevo embrión).
De esta manera se crearon no menos de 277 embriones a finales de enero de 1996. A continuación, fueron colocados en el oviducto ligado de diversas hembras. Después de seis días, 247 fueron recuperados. Veintinueve se habían desarrollado hasta el estado de mórula o de blastocisto y fueron transferidos al útero de 13 ovejas portadoras. Aparentemente, tan sólo un embrión se desarrolló en feto y, posteriormente, en un cordero viable que nació el 5 de julio de 1996, al final de una gestación de duración casi normal y con un peso también normal. Dolly no muestra ningún signo de anomalía. Falta por ver si más tarde se presenta algún problema y si podrá procrear normalmente.
Siguiendo el mismo protocolo experimentado, lan Wilmut, Keith Campbell y sus colegas del Roslin Institute de Midlothian, cerca de Edimburgo, obtuvieron tres corderos a partir de células de un feto de 26 días y otros cuatro corderos procedentes de células de un embrión de 9 días.
2. ¿Cuál es la novedad?
El principio de la enucleación de un ovocito para servir de incubadora a una célula fue ideado por el embriólogo alemán Hans Spemann en vísperas de la segunda guerra mundial. En 1938, propuso lo que él llamó un «experimento fantástico». Se trataba de introducir el núcleo de una célula de embrión de batracio en un ovocito enucleado con el fin de verificar la hipótesis de que cada una de las células de un embrión joven contiene todas las instrucciones para el desarrollo completo de un individuo. En aquella época, todavía no se tenía conocimiento de la doble hélice del DNA. La idea la aplicaron por primera vez con éxito Robert Briggs y Thomas King en 1952, en Filadelfia. Estos investigadores consiguieron disociar, sin estropearlas, las células (blastómeros) del paquete embrionario (en estado de blastocito), tomar los cromosomas de óvulos no fecundados de ranas sin dañarlos demasiado, activarlos como si hubiesen sido fecundados normalmente, y colocar los blastómeros uno a uno en cada óvulo. Obtuvieron renacuajos capaces de nadar. Siguieron otros muchos experimentos con batracios y se consiguieron animales adultos.
La principal aportación técnica del equipo escocés es haber puesto las células embrionarias en estado de hibernación
En cambio, en los mamíferos la operación fue más delicada. Una técnica de transferencia nuclear, puesta a punto en el ratón en 1983, sólo dio unos resultados limitados. El experimento decisivo para comprender de dónde viene Dolly fue obra del embriólogo danés Steen Willadsen, entonces en Cambridge (Gran Bretaña). Utilizando un protocolo ya muy parecido al descrito para Dolly, en 1984 obtuvo carneros adultos en buena salud a partir de embriones de 8 y 16 células colocados en ovocitos no fecundados y enucleados. Uno de los embriones fue congelado durante más de cuatro años.
En los bóvidos, que tienen un mayor interés económico, el debut corrió a cargo del equipo del norteamericano Neil First en 1986. A partir de embriones recogidos in vivo o por FIV (fecundación in vitro), han nacido ya unos 2.000 terneros gracias a esta técnica, sobre todo en Estados Unidos, aunque también en Francia. Asimismo, se han conseguido éxitos en la cabra. En el conejo, el equipo de Jean-Paul Renard e Yvan Heyman, del INRA, obtuvo en 1990 seis gazapos clonados procedentes de un embrión único.
Hasta 1992, los investigadores tuvieron un índice de fracasos muy alto con los mamíferos. Algunas anomalías cromosómicas inducían la suspensión del desarrollo. Muy pronto, el fenómeno se interpretó como una consecuencia de la dificultad, en el momento de la fusión, de sincronizar los ciclos de la célula donante y de la célula receptora (citoplasma enucleado). En la naturaleza, en el momento de la fecundación, las células se hallan manifiestamente en fase. ¿Cómo conseguirlo en laboratorio? Primero, los científicos buscaron los medios de preactivar químicamente o eléctricamente, antes de la fusión, el ovocito enucleado. Un impulso eléctrico induce la liberación de calcio intracelular, lo mismo que lo haría un espermatozoide en el momento de la fecundación. La preactivación del ovocito permite, sobre todo al núcleo de la célula donante, no perder su envoltura nuclear en el momento de la fusión. Este método de preactivación eléctrica se practica habitualmente desde hace dos años en diversos laboratorios.
La principal aportación técnica del equipo escocés es una segunda mejora, que consiste en hacer que, antes de la operación de fusión, las células embrionarias salgan de su ciclo normal de replicación. Como se ha visto, en el experimento Dolly, las células donantes fueron puestas en hibernación. Sobrevivieron en una solución salina que contenía factor de crecimiento en cantidad exacta para dejarlas vivas. Se hallaban «en el límite de la apoptosis (muerte celular)», dijo Louis-Marie Houdebine, investigador del INRA en contacto con el equipo escocés.
Hasta entonces, la mayor parte de las células embrionarias utilizadas para las transferencias nucleares estaban en fase G2 (crecimiento) o S (replicación del DNA), lo que, al producirse la fusión, provocaba una replicación adicional del DNA y una condensación prematura de la cromatina (los cromosomas y las proteínas que lleva asociadas). Generalmente, esto originaba anomalías cromosómicas.
Pero he aquí la gran novedad: los investigadores escoceses se dieron cuenta de que combinando estas dos técnicas —activación del ovocito enucleado y suspensión del ciclo de las células donantes— podían conseguir el nacimiento de animales viables con células muy diferenciadas, y hasta totalmente diferenciadas. La mayor parte de los biólogos pensaban que esto era absolutamente imposible.
Cada célula del organismo lleva todo el material genético del individuo. Durante la diferenciación progresiva que se produce desde las primeras fases del desarrollo embrionario hasta el nacimiento o más allá de él, las células se especializan: sólo una parte de los, aproximadamente, cien mil genes del individuo se expresa en cada célula. El resto de los genes son mudos. Pero ¿qué significa «mudos»? La opinión de que estos genes no están necesariamente perdidos, definitivamente paralizados, en cierta manera muertos, y que sería posible reprogramarlos, ha sido una idea que, durante treinta años —desde comienzos de la década de 1950 hasta comienzos de la de 1980—, alimentaron muchos biólogos, para luego, súbitamente, tacharla de la lista de posibilidades.
Los que experimentaron con éxito en los batracios desde los años 1950, tenían esta idea muy presente. Llevaron a cabo muchos experimentos tomando células de embriones cada vez más desarrollados, e incluso células de animales adultos, para tratar de producir con ellas animales viables. Y lo consiguieron, pero únicamente hasta cierto punto. Células tomadas de renacuajos y del intestino de ranas adultas, colocadas en ovocitos enucleados, produjeron renacuajos. Pero jamás, contrariamente a lo que por un momento pudo creerse, ranas adultas.
En 1984, los biólogos publicaron en Science que «la clonación de los mamíferos por transferencia nuclear es imposible»
A principios de los años 1980, la comunidad científica se dejó convencer por dos investigadores de renombre, Karl Illmensee, de Ginebra, y Peter Hoppe, de Bar Harbor (Maine). En un artículo publicado en la célebre revista Cell, decían que habían conseguido clonar embriones de ratón a partir de células ya diferenciadas de embriones en estado de blastocisto. Pero tres años más tarde, James Grath y Davor Solter, del Wistar Institute, de Filadelfia, que habían puesto a punto una técnica de clonación aparentemente más perfeccionada, escribían en Science que el experimento de Illmensee no era repetible y llegaban a la conclusión de que «la clonación de mamíferos por transferencia nuclear es biológicamente imposible». lllmensee fue acusado de fraude y, ante las dificultades encontradas con el ratón, la mayor parte de los investigadores que habían trabajado en la clonación de mamíferos —también Grath y Solter— abandonaron sus investigaciones.
La antorcha fue recogida discretamente por un puñado de biólogos que trabajaban en las industrias ganadera y de biotecnologías. Así, en 1986, lan Wilmut supo por una indiscreción que el danés Willamsden, que se había incorporado a Grenada Genetics, de Texas, había conseguido, en 1984, el nacimiento de un cordero a partir de células de blastocisto ya diferenciadas. Pero Willamsden no había publicado este resultado y Wilmut se propuso confirmarlo. En 1989, obtuvo un cordero con células de la masa celular interna de blastocisto. En 1991, Keith Campbell empezó a trabajar con Willmut en el Roslin Institute. Fue él quien tuvo la idea de experimentar con células quiescentes, en fase G0. También aquí intervino el azar, y por partida doble. Wilmut lo explicó al New York Times. En 1993, el equipo de Neal First (Wisconsin) produjo cuatro terneros a partir de células de blastocisto ya diferenciadas. ¿Cómo lo consiguieron? Gracias a una indiscreción, Campbell supo que un técnico del laboratorio había olvidado alimentar con suero las células en cultivo... Él y Wilmut decidieron muy pronto aplicar la receta. El resultado no se hizo esperar: en 1995, hicieron nacer corderos a partir de células diferenciadas de blastocisto. Incluso se permitieron el lujo de pasarlas trece veces en cultivo. En esta fase, las células apenas si tienen nada que ver con las células iniciales, ya que su morfología se ha diferenciado mucho. «Es el resultado esencial», dice Yvan Heyman. Uno de los corderos nacidos de este experimento es hoy un oveja gestante.
Sin duda, la propia Dolly también es, en parte, fruto del azar. Un azar provocado, es cierto, pero 277 embriones formados a partir de células de glándula mamaria sólo han dado un animal viable. No es mucho. El experimento deberá ser repetido por otros laboratorios. Actualmente, la mayor parte de los investigadores creen que esto será posible. Pero los medios de comunicación no han destacado suficientemente otro resultado del equipo escocés: la obtención de corderos a partir de células de un feto de 26 días. Este resultado, por sí solo, ya hubiera podido causar sensación, puesto que, en esta fase, un feto ovino es ya un animal completamente diferenciado, con la cabeza y las extremidades, el sistema nervioso y todos los órganos. Es cierto que hoy un mamífero grande puede reproducirse con células normales del cuerpo (llamadas somáticas) y que la aportación de las células sexuales se limita al citoplasma de un ovocito. Pero, a pesar de lo que digan muchos, esto solo ya es bastante novedad.
Fuente: Postel-Vinay, Olivier y Millet, Annette. ¿Qué tal, Dolly? Mundo Científico. Barcelona: RBA Revistas, junio, 1997.

lunes, 28 de marzo de 2011

El asombroso poder de China en Asia durante la dinastía Tang


 En el presente ensayo, Craig A. Lockard, de la Universidad de Wisconsin, examina la influencia ejercida en Asia por China durante el reinado de la dinastía Tang. Según el autor, la China de los Tang tuvo un rango de superpotencia igualado por muy pocos países a lo largo de la historia.
El poder de China en Asia durante la dinastía Tang
Por Craig A. Lockard
En todas las épocas han existido uno o dos países que merecen el calificativo de “superpotencia” debido a la influencia que han ejercido sobre la vida militar, económica, política y cultural del mundo. Las superpotencias existen desde la antigüedad y el antiguo Imperio persa y las conquistas de Alejandro Magno sentaron las bases para que Roma, la India Maurya y la China Han llegaran a dominar las regiones occidentales, meridionales y orientales, respectivamente, de Eurasia. En el transcurso de los siglos siguientes, árabes, mongoles, portugueses, españoles y neerlandeses fueron ocupando sucesivamente una posición predominante en un mundo en expansión, seguidos más tarde por los británicos durante los siglos XVIII y XIX. En el siglo XX, la nación predominante ha sido Estados Unidos. De hecho, las décadas posteriores a 1945 han recibido a veces la denominación del “siglo norteamericano” dada la magnitud del poder y la influencia de Estados Unidos sobre el resto del mundo. Sin embargo, el dominio más allá de las propias fronteras resulta difícil de preservar ya que existen otras civilizaciones que logran ponerse a la misma altura e incluso rebasarla. Para que la influencia de Estados Unidos pueda considerarse duradera deberá igualar la longevidad de la posición de China como superpotencia, iniciada a mediados del I milenio de nuestra era.
El periodo comprendido entre los años 300 y 1000 fue una época de intenso intercambio e interacción a lo ancho de toda Eurasia. Son varias las civilizaciones que destacan por su notable influencia. La India Gupta, el Imperio bizantino y los califatos islámicos de Oriente Próximo fueron notables centros de poder. Algunos historiadores consideran los años comprendidos entre el 600 y 1500 como el “milenio chino”, por ser la china la civilización más grande, poderosa y poblada de Eurasia. El auge de China se inició con la gran dinastía Tang (618-907), con la que gozó del periodo más dilatado de prosperidad de la historia mundial. De hecho, la época de la dinastía imperial Tang está considerada por muchos historiadores como la era más gloriosa de la vasta historia de China.
Los años de máximo poder de los Tang sentaron las bases de un modelo para China que se prolongaría a lo largo de las dinastías Song y Ming, hasta el equivalente de la edad moderna occidental. El gobierno Tang fijó modelos para muchos de los aspectos de la vida china, incluida la literatura y las artes. Por esta razón, la China Tang fue admirada e imitada por muchos pueblos. Durante el periodo Tang, China ejerció una influencia decisiva sobre el Asia oriental y, al mismo tiempo, desarrolló un comercio activo con pueblos de toda Eurasia. Durante más de 100 años, se extendió hasta el interior de Asia central, llegando la influencia de diferentes aspectos de la cultura china hasta Corea y Japón. El budismo floreció transformando China en una vasta comunidad religiosa. La China Tang era un foro abierto para gentes e ideas de muy distintas culturas.
Poder imperial Tang en Asia
Durante los siglos VIII y IX existieron un sinfín de imperios, tanto grandes como pequeños, que se extendían desde el océano Atlántico hasta el Pacífico. La China Tang era el más vasto de todos ellos; la única civilización comparable en el mundo de su época era la gobernada por los árabes. La dinastía Tang ejerció un control imperial sobre naciones muy alejadas de la propia China, forjando un imperio comparable en tamaño al que la gran dinastía Han había dominado 500 años antes. Corea y Japón acataron la supremacía china en la región y cultivaron las buenas relaciones con la China Tang. Ambiciosas campañas militares colocaron el Asia central, Mongolia, Manchuria, Tíbet y ciertas partes de Siberia bajo la dominación china.
Entretanto, existían reinos satélites que acataban la soberanía china en puntos tan remotos de Asia como Persia y Afganistán. Este reconocimiento universal dio lugar a intensas relaciones comerciales entre las civilizaciones islámica y china. Así, por ejemplo, el gran califa islámico Harun al-Rashid firmó un tratado con los Tang que demostró la influencia diplomática china en el Asia occidental. A partir de entonces, la dinastía Tang ejerció un notable poder sobre los países de Asia oriental, suroriental y central, siendo su sistema de gobierno objeto de admiración también por parte de otros muchos pueblos.
De forma análoga a como Estados Unidos impulsaría en el próspero siglo XX la economía mundial, la riqueza y el poder de la China Tang alcanzaron tales proporciones que estimularon el comercio en gran parte de Eurasia. Durante el gobierno de la dinastía Tang, China estuvo abierta al mundo. Los acuartelamientos militares Tang protegían las vías comerciales de la Ruta de la Seda en Asia central alentando el flujo de mercancías, ideas y personas entre China y Asia occidental. A través de esta vasta red llegaron hasta Europa productos chinos como la seda y la porcelana. La porcelana Tang, descubierta en lugares como Egipto y Turquía, fue especialmente apreciada en Oriente Próximo. Un activo comercio marítimo enlazaba China con la India, Persia y con diferentes países del Sureste asiático. Durante el gobierno Tang los comerciantes de toda Asia constituyeron comunidades temporales o permanentes en distintas ciudades chinas. Así, por ejemplo, de los 200.000 habitantes del gran puerto meridional de Cantón durante el gobierno Tang, tal vez dos terceras partes eran inmigrantes, incluido gran número de árabes y persas.
Este intercambio multicultural también beneficiaba a los chinos. Entre los nuevos productos que llegaron a China cabe citar el té del Sureste asiático, que pronto se convirtió en una bebida enormemente popular en este país. A la corte Tang llegaban con regularidad embajadores portadores de regalos procedentes de diferentes regiones, tales como Birmania (actualmente Myanmar), Java (en Indonesia) y Nepal. Además, los contactos con gentes de la India y Oriente Próximo originaron un rebrote de la creatividad. De todas las dinastías chinas autóctonas a lo largo de la historia, la Tang fue la más cosmopolita.
La edad de oro Tang: las señas de identidad del rango de superpotencia
Al igual que Estados Unidos durante el siglo XX, la dinastía Tang alcanzó el rango de superpotencia en su época gracias a la combinación de varios factores tales como una base metropolitana dinámica, un gobierno centralizado eficaz y fiable, un sólido crecimiento económico, la tolerancia religiosa y el protagonismo tecnológico. El pueblo chino creó una refinada civilización urbana que atrajo a gentes de talento de todos los rincones de Eurasia. El gobierno imperial se hallaba estructurado de forma que permitiera una administración eficaz de sus inmensos territorios y al frente del mismo se encontraban funcionarios capacitados. La economía productiva de China constituía una base apreciable de ingresos. La diversidad de religiones actuaba de estímulo para la vida intelectual y cultural, al tiempo que la ciencia y la tecnología Tang, incluida la armamentística, eran las más avanzadas del planeta.
Las superpotencias modernas son metropolitanas, con ciudades dinámicas y de gran riqueza cultural. La China Tang fue la civilización más urbanizada de su época, con multitud de ciudades mayores que cualquier ciudad de Europa o India en aquel tiempo. La capital Tang era la gloriosa ciudad de Chang’an (actualmente Xi’an), que acogía a más de dos millones de habitantes. La cosmopolita ciudad de Chang’an, en aquel momento la mayor ciudad del mundo, tenía una población cercana a los 60 millones de ciudadanos. Esta cifra equivalía a la población total de las civilizaciones europea e islámica juntas y representaba más de la cuarta parte de la población total del mundo. Obra maestra de planificación urbanística, Chang’an poseía calles trazadas meticulosamente para formar una cuadrícula. Sus amplias vías urbanas se hallaban pobladas de visitantes, entre los que se encontraban árabes, persas, judíos, japoneses, coreanos, vietnamitas, turcos, indios y tibetanos. En Chang’an trabajaban multitud de artesanos y artistas extranjeros, así como actores de lugares tan lejanos como India y Afganistán. Los extranjeros acudían en calidad de mercaderes o para alistarse en el Ejército Tang. Esta mezcla de culturas suscitó muchas tensiones: algunas mentes conservadoras denunciaron que tal caudal de influencia extranjera constituía una amenaza para la cultura china.
Una de las claves de la posición de superpotencia de Estados Unidos radica en su gobierno eficaz y creíble; bajo el mandato Tang, la estructura gubernamental centralizada alcanzó su madurez. Los chinos consideraban, y con razón, a su imperio como el Reino Central, el núcleo de la civilización del planeta y la familia imperial que ostentaba la autoridad universal gobernaba dicho reino. Bajo la autoridad del emperador se hallaban muchos de los organismos gubernamentales. Para administrar este vasto y heterogéneo imperio se precisaba una burocracia eficaz y para su dotación, la dinastía Tang reclutó funcionarios procedentes de los clanes aristocráticos. Además, se seleccionaron personas dotadas de talento y formación según un sistema de exámenes para la función pública que se regía por las enseñanzas y las obras literarias de Confucio y que constituía uno de los logros más refinados de la China Tang. Con este sistema se garantizaba que los funcionarios del gobierno poseían una ideología confuciana mixta con especial énfasis en la ética y la lealtad. La administración unificada del Imperio Tang confirió una coherencia y un refinamiento a la sociedad china que fue la envidia de otras civilizaciones.
Como lo demuestra Estados Unidos, las superpotencias son, por lo general, centros de crecimiento económico. Y este fue el caso de la China Tang. A fin de alimentar debidamente a una población creciente, la China Tang se esforzó en conseguir mayores rendimientos agrícolas, convirtiéndose en uno de los pueblos agrícolas más eficaces del mundo. El mayor volumen de suministro de alimentos y la mejoría de los transportes trajeron consigo un incremento del comercio y de la población, especialmente en las ciudades. En la China Tang hicieron aparición los gremios de artesanos y comerciantes, así como los primeros billetes de papel moneda de la historia. Además, los comerciantes chinos solían comprar regularmente artículos de lujo en el Sureste asiático.
La tolerancia religiosa ha sido otro de los rasgos de identidad de las superpotencias. Al igual que Estados Unidos ha permitido la entrada de religiones no cristianas como el islamismo y el budismo a lo largo de este último siglo de poder global, la China Tang dio cabida a cualquier creencia novedosa. En tiempos remotos los chinos habían alumbrado varias filosofías singulares, entre ellas el confucianismo y el taoísmo. Más tarde se introdujo el budismo Mahayana, estrechando los lazos con otras comunidades budistas de Asia central y meridional. Algunos budistas chinos peregrinaron hasta India y el apoyo chino colaboró asimismo a que el budismo Mahayana adquiriese relevancia en Asia central, desplazando a versiones más tempranas del budismo. Durante el gobierno Tang estas tres religiones tan dispares (confucianismo, taoísmo y budismo Mahayana) coexistieron e incluso se fundieron en cierta medida, creando el pensamiento mixto chino tan característico de los siguientes siglos. El budismo perdió algo de su fuerza pero siguió formando parte del arte, la literatura y la religión populares.
La Ruta de la Seda permitió la introducción de nuevas religiones en China tales como el cristianismo nestoriano (una secta perseguida en Occidente por herética), el judaísmo (introducido por los mercaderes judíos que se asentaron en diferentes ciudades), el zoroastrismo (una antigua religión persa), el maniqueísmo (una mezcla de cristianismo y zoroastrismo) y el islam (con cierta influencia en la región noroeste de China). Muchos de los emperadores Tang, que profesaban una visión ecuménica, toleraron estas religiones.
Otra de las características de las superpotencias modernas es un animado panorama cultural que se extiende más allá de las propias fronteras. Por ejemplo, el siglo XX ha presenciado la difusión de la cultura estadounidense tanto de minorías como popular a lo ancho de casi todo el mundo. La cultura Tang, y de forma especial su literatura y su arte, dejaron sentir su influencia en regiones muy alejadas de China. La época Tang fue la era más esplendorosa de la poesía china y hoy en día se continúa leyendo ampliamente en Asia oriental a poetas como Li Bo y Du Fu. Además, gran parte de los principales artistas chinos, incluidos pintores, calígrafos y escultores, vivieron en tiempos del Imperio Tang. La dinastía se hizo célebre también por sus espléndidos objetos lacados, lujosos recamados, mobiliario ornamentado e instrumentos musicales.
Al igual que Estados Unidos ha sido la civilización tecnológica más creativa del siglo XX, la China Tang estuvo a la cabeza del mundo en el campo de la ciencia y la tecnología. Esta época Tang se caracterizó por un sinfín de notables avances científicos y tecnológicos, concretamente en astronomía y matemáticas. Los astrónomos de la era Tang estudiaron las manchas solares y midieron con gran exactitud el año solar (365 días). Siglos antes de que los europeos aceptaran esta teoría, algunos científicos de la época Tang sugirieron que la Tierra era redonda y giraba alrededor del Sol. Los chinos fueron los precursores del análisis, registro y predicción de los eclipses solares. Los expertos técnicos chinos perfeccionaron el uso de la pólvora, y, además, el Ejército de los Tang disponía de primitivos cañones e incluso de cohetes lanzallamas.
Las superpotencias también exportan tecnología. Muchos de los inventos chinos, como la imprenta, llegaron a Eurasia occidental por tierra o por mar. Aún cuando el papel se había inventado originalmente en China varios siglos antes, la civilización Tang desarrolló la xilografía permitiendo la producción masiva de los escritos y textos budistas para los exámenes de la función pública. Los eruditos recopilaron voluminosas enciclopedias donde quedó registrado todo el conocimiento acumulado y clasificado el saber de tiempos pasados para beneficio de generaciones futuras. La imprenta favoreció la cultura basada en la escritura dentro de las ciudades. Hacia el año 900, al-Andalus (la España musulmana) y Bagdad habían establecido intercambios comerciales de seda y papel basados en el modelo chino. Ciertas técnicas de impresión desarrolladas en China contribuyeron más tarde a transformar la civilización europea.
El modelo Tang en Corea y Japón
Tanto antes como después de la dinastía Tang, China fue el núcleo cultural de Asia oriental e influyó notablemente en sus vecinos, especialmente Vietnam, Corea y Japón. Tanto Vietnam como Corea absorbieron gran parte de la civilización más refinada china, incluidos los sistemas de escritura, las filosofías y las instituciones políticas. Las influencias chinas fueron adaptadas a las costumbres locales vigentes y tanto los vietnamitas como los coreanos conservaron identidades culturales diferenciadas. Japón alumbró una versión todavía más característica de la civilización asiática oriental, aún cuando asumió gran cantidad de influencias chinas. La influencia cultural de China sobre Corea y Japón alcanzó su grado máximo durante la dinastía Tang.
El Imperio de los Tang sometió el Estado coreano de Silla, que se convirtió en un activo importador de la cultura y las instituciones chinas. El budismo triunfó allí y muchos monjes coreanos se desplazaron a China. El sistema Tang se convirtió en el modelo de gobierno y se adoptó el confucianismo como ideología política. La influencia Tang en Corea también tuvo otras vertientes. Los coreanos adaptaron la escritura china a su propia lengua. Los orígenes de ciertas artes marciales como el karate y el taekwondo se remontan a las enseñanzas chinas, algunas de las cuales llegaron más tarde hasta Japón. La influencia china continuó incluso después del siglo X. Los coreanos llegaron a establecer un sistema de exámenes y a fundar escuelas para el confucianismo pero conservaron o elaboraron gran parte de sus propias instituciones sociales y puede decirse que no se limitaron a ser meros imitadores de los chinos.
Las ideas y los métodos chinos adoptados por Japón contribuyeron a transformarlo en una civilización dinámica y refinada. Durante la dinastía Tang los japoneses hicieron durante tres siglos un ejercicio consciente de asimilación de la cultura china, lo que permitió a Japón integrarse en la corriente principal de la historia mundial. Utilizando el sistema de escritura china, el pueblo japonés comenzó a ejecutar todas las actividades diarias y a registrar su historia. La adopción del budismo supuso, además, para Japón un legado muy rico artístico y arquitectónico. La transformación se vio acentuada en Japón cuando el príncipe Naka no Oe puso en marcha la reforma Taika en el año 645. Esta reforma representó un intento de convertir Japón en un imperio burocrático centralizado a imagen de la China Tang.
La adopción consciente por parte de Japón de la cultura china alcanzó su punto cumbre entre 710 y 794. Este periodo se conoce como el periodo Nara, bautizado por la primera capital de Japón, construida según el modelo de Chang’an. La tierra fue nacionalizada y, de acuerdo con los modelos Tang, redistribuida entre los agricultores. En la práctica, las medidas que habían tenido tanto éxito en la China Tang nunca llegaron a funcionar totalmente en Japón. El emperador japonés no podía llegar a convertirse en un poderoso gobernante al estilo chino ya que en Japón los aristócratas influyentes dominaban a los emperadores, controlaban la burocracia y conservaban vastos latifundios.
Los dirigentes japoneses del periodo Nara apoyaron decididamente la cultura china. Se animaba a los ciudadanos japoneses a construir edificios de estilo chino y a vestir ropa china. Los rituales y ceremonias de la corte imperial, tales como la música orquestal y los bailes de palacio, practicados todavía en nuestros días, estaban basados en gran parte en modelos Tang. El lenguaje escrito chino fue adquiriendo prestigio y se fue adaptando al idioma hablado japonés. Las formas literarias Tang como la poesía y la caligrafía o la pintura paisajística o las ideas filosóficas y religiosas chinas se fueron divulgando en Japón. Los japoneses adoptaron el confucianismo pero modificaron el mensaje político y ético para adecuarlo a su particular estructura social y asimismo aceptaron y adaptaron el budismo Mahayana. Por otra parte, los japoneses conservaron sus prácticas del sintoísmo, una especie de culto a la naturaleza.
La absorción cultural directa del legado chino por parte de Japón comenzó a debilitarse en el 794, año en el que la capital fue trasladada desde Nara a Heian-kyo (en la actualidad, Kioto). En el transcurso de varios decenios Japón fue retornando gradualmente a una situación de relativo aislamiento. En el siglo IX los japoneses comenzaron de nuevo a importar y adaptar los esquemas chinos en un intento por convertirlos en genuinamente japoneses bajo el lema "aprendizaje chino, espíritu japonés". Esta época vio florecer la cultura japonesa bajo una notable influencia budista. Incluso durante el prolongado periodo feudal en Japón no resulta difícil detectar influencias Tang en la religión, la literatura y las artes.
El ocaso Tang y su herencia
Durante la dinastía Tang, China fue auténticamente el Reino Central. Con independencia del rasero con el que se midiese, la China Tang sobresalía por encima del resto de Eurasia. Pero los imperios resultan muy costosos de mantener y las superpotencias no perduran eternamente. El reinado del emperador Xuanzong (Hiuan-Tsong) desde el 712 hasta el 756 está considerado habitualmente el cenit del esplendor Tang como potencia mundial. El Imperio Tang comenzó a declinar tras la derrota militar a manos de los árabes en el río Talas, cerca de Samarcanda (en el actual Uzbekistán), en el año 751. Esta derrota detuvo la expansión china y forzó una retirada gradual que desembocó en un levantamiento alentado por el gobernador, que destronó al emperador en 755. El islam vino a llenar parte del vacío creado por el ocaso del Imperio Tang, convirtiéndose en la religión predominante en Asia central. La caída progresiva del territorio de Asia central acabó provocando el derrumbe Tang. Bandas de rebeldes saquearon Chang’an y China se fue desmembrando a lo largo de varias décadas. A la dinastía Tang le sucedió la Song, que tuvo muchos aciertos pero mucho menos poder universal y regional. En conjunto, estas dos dinastías están consideradas como la cima de la edad de oro china. La dinastía Ming, que comenzó en 1368 y duró hasta 1644, reafirmó el poder regional en la más pura tradición Tang.
El periodo comprendido entre el 618 y el 907 puede denominarse efectivamente como los siglos chinos, ya que la dinastía Tang sentó una base firme para el esplendor durante esta época. En el transcurso de dichas centurias, China propició una era de estabilidad política, social y cultural, así como de prosperidad económica, sin parangón. Desde el siglo VII hasta el XV China experimentó un enorme avance, convirtiéndose en la civilización más rica, mejor organizada y más poblada del mundo. China continuó siendo una superpotencia hasta que la Revolución Industrial europea sentó las bases que permitieron a Occidente asumir de forma incontestada el dominio mundial.
Acerca del autor: Craig A. Lockard es titular de la Cátedra Ben y Joyce Rosenberg de Historia en el Departamento de Cambio y Evolución Social de la Universidad de Wisconsin, en Green Bay. Es autor del libro "Dance of Life": Popular Music and Politics in Modern Southeast Asia.

domingo, 27 de marzo de 2011

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