Ciliados



Los asombrosos: Ciliados

Protozoz ciliados
Paramecio
Los protozoos ciliados, como el paramecio fotografiado aquí, son organismos unicelulares que se impulsan mediante unas diminutas proyecciones, a modo de pelos, llamadas cilios. Los cilios también sirven para crear corrientes que ayudan a arrastrar pequeñas partículas alimenticias hacia el interior de una depresión pequeña de la superficie del cuerpo, a través de la cual se ingiere el alimento. Los protozoos ciliados viven en el agua o en el suelo, o establecen relaciones como parásitos o simbiontes de otros organismos. En los suelos, los ciliados actúan en la descomposición de los organismos, disgregando la materia orgánica en sustancias que pueden ser utilizadas por otros seres vivos.

Ciliados, nombre común de un grupo avanzado de protistas que se caracterizan por presentar unas prolongaciones semejantes a pelos (cilios), al menos en alguna fase de su ciclo vital. Casi todas las especies son heterótrofas. Viven en aguas dulces y marinas. El paramecio (género Paramecium) es un representante típico de este grupo. Otras ciliados llamativos son Stentor sp., que tiene forma de trompeta y posee un macronúcleo en forma de rosario; Vorticella sp., con forma de campana y unido al sustrajo por un pedúnculo; Euplotes sp., que posee grupos de cilios unidos (cirros) en el lado inferior de su cuerpo, que funcionan como patas locomotoras; y Paracineta sp., que tiene, en su forma adulta, tentáculos en vez de cilios y vive fijo al fondo.
Los ciliados presentan, por tanto, una gran variedad de formas corporales. Muchos son solitarios y móviles, pero otros se adhieren al sustrato por una especie de tallo o pedúnculo. Unos pocos forman colonias. La mayoría son de vida libre pero también hay especies comensales y parásitas. Muchos ciliados viven como comensales en el intestino de los herbívoros. Dentro de las formas parásitas, solo una vive en el intestino humano, causando una inflamación denominada balantidiasis.

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ESTRUCTURA
Protista unicelular
Anatomía de un paramecio
El paramecio es un protista unicelular con dos núcleos. Posee vacuolas contráctiles, presentes también en otros grupos de protistas, que se contraen para eliminar el exceso de agua. También posee vacuolas digestivas o alimentarias, presentes en muchos otros protistas. El paramecio engloba el alimento por endocitosis y forma estas vacuolas, dentro de las cuales se digiere la comida. Los paramecios abundan en las aguas dulces de charcos y lagos.

Pertenecen al grupo de los Alveolados y están emparentados con dinoflagelados y apicomplejos. Poseen unas cavidades rodeadas de membrana debajo de la membrana plasmática que rodea la célula. Esta capa, formada por la membrana externa y la capa de sacos membranosos, recibe el nombre de película. Algunos ciliados tienen en la película unas estructuras defensivas llamadas tricocistos. Cuando son amenazados, los tricocistos disparan unos filamentos largos hacia delante.
Los ciliados son los únicos organismos unicelulares con dos tipos de núcleos: el macronúcleo (poseen uno o varios), que controla la actividad celular, y el micronúcleo (poseen uno o varios), que resulta esencial para llevar a cabo la recombinación génica.
Casi todos los ciliados poseen una boca o citostoma que puede ser una simple abertura o estar conectada con la citofaringe o tubo ciliado. Presentan vacuolas digestivas, que contienen enzimas encargadas de digerir el alimento, y vacuolas contráctiles, que expulsan el exceso de agua que entra en la célula.

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REPRODUCCIÓN

Protozoos ciliados en conjugación
Protozoos ciliados en conjugación
En esta imagen se observan con claridad los cilios, prolongaciones semejantes a pelos, características de este grupo de protistas.

Los ciliados se reproducen asexualmente mediante fisión binaria. El micronúcleo se divide por mitosis pero el macronúcleo se divide sin mitosis. También se pueden reproducir sexualmente mediante conjugación. En este proceso dos ciliados se pegan uno junto a otro y cada célula forma dos micronúcleos haploides. Después, cada célula intercambia con la otra un micronúcleo, de manera que como resultado de la conjugación cada célula termina con un micronúcleo haploide suyo y otro proveniente de la otra célula. Estos dos micronúcleos se fusionan para formar un micronúcleo diploide, a partir del cual se forma un nuevo macronúcleo.


sábado, 4 de agosto de 2012

El camuflaje en la biología



Los asombrosos: El camuflaje en la biología

Camuflaje (biología), adopción evolutiva por parte de un organismo de un aspecto parecido al medio que le rodea con el fin de pasar desapercibido para los posibles depredadores. El camuflaje o cripsis engloba, por lo general, adaptaciones del tamaño, la forma, el color, los dibujos del cuerpo y el comportamiento, y es relativamente común en los animales, pero menos en los vegetales.

Son ejemplos sencillos de camuflaje la forma y el color de hoja que adoptan ciertos insectos, como el insecto hoja, y algunas mantis religiosas o la transparencia de muchos de los organismos del plancton que flotan en la superficie de los mares. El contrasombreado y la coloración disruptiva son dos medios de camuflaje comunes. Se llama contrasombreado a la coloración más clara de la cara inferior del cuerpo, con el fin de contrarrestar el efecto de sombreado que produce la luz que incide desde arriba. Está bien desarrollado en animales que viven en desiertos, peces y algunas orugas. Las mariposas nocturnas adultas (véase Mariposas diurnas y nocturnas) neutralizan la sombra manteniendo las alas planas contra la corteza de los árboles. La coloración disruptiva altera lo que de otro modo sería un perfil nítido y se logra mediante la coloración en forma de bandas mucho más claras u oscuras que el resto del cuerpo. Las rayas oscuras de la cebra, por ejemplo, rompen el perfil conspicuo de este animal en las praderas abiertas de la sabana.

Algunas especies de animales tienen en la piel sacos pigmentarios controlados por hormonas que les permiten cambiar rápidamente de color como respuesta a cambios del fondo. El camaleón es el más conocido de los animales capaces de cambiar de color, aunque este método está bien desarrollado en otros grupos, como los peces planos. Algunos mamíferos y aves sufren cambios de color estacionales del pelo o las plumas. En invierno, la piel de la liebre nival se vuelve blanca para confundirse con la nieve. Aunque los animales que exhiben estas propiedades deben tener ojos funcionales, no siempre los utilizan para comparar su cuerpo con el fondo y adaptarlo.

Ciertos cangrejos y crustáceos marinos mordisquean trozos de algas próximas y se los pegan al caparazón. Esta forma de camuflaje se parece al genuino comportamiento de ocultación que se observa, por ejemplo, en algunas arañas del género Theridion, que sujetan una hoja al centro de la tela y se ocultan detrás. Muchos animales, desde insectos hasta aves, cubren los huevos sin proteger con vegetación.
Hay varias similitudes entre el camuflaje animal y el mimetismo, sobre todo porque el efecto de los colores y motivos de camuflaje sería inútil si no fuese acompañado de un comportamiento mimético. Pero, mientras que el mimetismo se aprovecha de señales de comunicación y respuestas entre organismos adoptadas en el curso de la evolución (por ejemplo, entre un depredador y una presa con coloración de advertencia), la evolución del camuflaje no suele presentar esta característica.
Varios estudios sobre camuflaje animal han demostrado que ayuda eficazmente a evitar a los depredadores. En 1955, H. B. D. Kettlewell investigó meticulosamente la geómetra del abedul que vive en Inglaterra (Biston betularia). Esta especie tiene dos formas genéticas, una clara con motas oscuras y otra de tono oscuro uniforme. Antes de la Revolución Industrial, la forma clara, que se camuflaba eficazmente contra la corteza cubierta de líquenes de los árboles, era la dominante. Pero la contaminación que trajo consigo la actividad industrial destruyó los líquenes y dejó expuesta la corteza oscura de los árboles; la forma clara ya no se camuflaba bien y era presa fácil de las aves; en cambio, la oscura se confundía fácilmente y pronto sobrepasó en número a la línea de color claro. Ahora que la contaminación empieza a disminuir, las poblaciones de tono claro vuelven a recuperarse.
Pero el camuflaje no siempre salva a los animales de sus depredadores. Al estudiar el caracol Cepaea nemoralis, los científicos observaron que la concha presentaba variaciones de color que hacían a unos individuos de la misma especie más conspicuos que otros. Sin embargo, a su principal depredador, el zorzal, le resultaba más sencillo localizar caracoles como los últimos que había capturado, incluso si eran menos conspicuos, como si tuviera una ‘imagen mental’ de ese tipo de caracol. Esto le llevaría a pasar por alto presas más diferenciadas. La distribución de frecuencias de un color y un motivo determinados pueden, por tanto, afectar a la probabilidad de ser localizado, con independencia de su eficacia como camuflaje (selección en función de la frecuencia). La eficacia del camuflaje de muchos huevos y pollos de aves que nidifican en pedregales (como chorlitejos y gaviotas) puede verse reducida si junto al nido hay cáscaras rotas, que indicarían a los depredadores que el nido está cerca. Investigaciones realizadas en 1962 demostraron que la retirada de las cáscaras de huevos por parte de los adultos de gaviota cabecinegra mejoraba la adaptación biológica al mejorar el camuflaje del nido.
El camuflaje es menos común en el reino Vegetal, aunque la notable similitud entre las dos hojas hinchadas del sedo del desierto y las piedras próximas, probablemente se ha mantenido a lo largo de la evolución como defensa frente a los herbívoros.
El concepto de camuflaje podría ampliarse para cubrir el ‘camuflaje inmunológico’ de ciertos virus que, al rodearse por la membrana y los antígenos de la célula hospedante, son difíciles de detectar por los leucocitos y los anticuerpos. El gusano adulto de la esquistosomiasis se recubre con antígenos del hospedante para evitar el ataque del sistema inmunológico.
La necesidad de exhibición de cortejo y de marcar el territorio entra en conflicto con el camuflaje. Pero esta limitación no impide que algunos animales que se camuflan señalen el territorio con olores y emitiendo sonidos. Otros sacrifican parte del camuflaje y se arriesgan a ser descubiertos para atraer a una pareja.

Biodiversidad



La asombrosa: Biodiversidad

Pinzón vegetariano
Pinzón vegetariano
Al visitar las islas Galápagos en 1835, el naturalista británico Charles Darwin reparó en la diversidad de la vida animal y observó que en cada isla habitaban especies distintas de tortugas, burlones y pinzones, como el pinzón vegetariano ilustrado aquí. Darwin postuló que el aislamiento geográfico había estimulado la evolución gradual de estas especies diferentes. Esta teoría de la evolución por selección natural, tal como la expuso en 1859 en su obra El origen de las especies, revolucionó el conocimiento del mundo natural.

Biodiversidad, contracción de la expresión ‘diversidad biológica’, expresa la variedad o diversidad del mundo biológico. En su sentido más amplio, biodiversidad es casi sinónimo de ‘vida sobre la Tierra‘. El término se acuñó en 1985 y desde entonces se ha venido utilizando mucho, tanto en los medios de comunicación como en círculos científicos y de las administraciones públicas.

Se ha hecho habitual, por funcionalidad, considerar tres niveles jerárquicos de biodiversidad: genes, especies y ecosistemas. Pero es importante ser consciente de que ésta no es sino una de las varias formas de evaluar la biodiversidad y que no hay una definición exacta del término ni, por tanto, acuerdo universal sobre el modo de medir la biodiversidad. El mundo biológico puede considerarse estructurado en una serie de niveles de organización de complejidad creciente; en un extremo se sitúan las moléculas más importantes para la vida y en el otro las comunidades de especies que viven dentro de los ecosistemas. Se encuentran manifestaciones de diversidad biológica a todos los niveles. Como la biodiversidad abarca una gama amplia de conceptos y puede considerarse a distintos niveles y escalas, no es posible reducirla a una medida única. En la práctica, la diversidad de especies es un aspecto central para evaluar la diversidad a los demás niveles y constituye el punto de referencia constante de todos los estudios de biodiversidad.

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DIVERSIDAD DE ESPECIES
Al ser la unidad que más claramente refleja la identidad de los organismos, la especie es la moneda básica de la biología y el centro de buena parte de las investigaciones realizadas por ecologistas y conservacionistas. El número de especies se puede contar en cualquier lugar en que se tomen muestras, en particular si la atención se concentra en organismos superiores (como mamíferos o aves); también es posible estimar este número en una región o en un país (aunque el error aumenta con la extensión del territorio). Esta medida, llamada riqueza de especies, constituye una posible medida de la biodiversidad del lugar y una base de comparación entre zonas. Es la medida general más inmediata de la biodiversidad.

La riqueza de especies varía geográficamente: las áreas más cálidas tienden a mantener más especies que las más frías, y las más húmedas son más ricas que las más secas; las zonas con menores variaciones estacionales suelen ser más ricas que aquellas con estaciones muy marcadas; por último, las zonas con topografía y clima variados mantienen más especies que las uniformes.

Pese a la importancia que tiene la especie, no hay todavía una definición inequívoca de este término. Se han usado criterios distintos para clasificar las especies en grupos de organismos diferentes (así, las especies de bacterias y las de aves se definen de manera muy distinta) y, con frecuencia, diferentes taxónomos aplican criterios distintos a un mismo grupo de organismos y, por tanto, identifican un número de especies diferente. No obstante, no deben exagerarse estas diferencias; a muchos efectos, hay un acuerdo suficiente sobre el número de especies presente en grupos bien estudiados, como mamíferos, aves, reptiles o anfibios.
El número o riqueza de especies, aunque es un concepto práctico y sencillo de evaluar, sigue constituyendo una medida incompleta de la diversidad y presenta limitaciones cuando se trata de comparar la diversidad entre lugares, áreas o países. Además aunque es importante la diversidad como criterio de evaluación de una comunidad, un ecosistema o un territorio, no deben perderse de vista otros criterios complementarios, como la rareza o la singularidad.

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ESPECIES ENDÉMICAS
Lince ibérico
El lince ibérico, endemismo ibérico y considerado especie en peligro de extinción, se distingue del lince boreal en su tamaño algo menor y su piel más moteada. Hoy se encuentra en escasas zonas de la península Ibérica, en especial en los parques nacionales de Doñana (Huelva), Cabañeros (Ciudad Real) y Monfragüe (Cáceres).


Cualquier área contribuye a la diversidad mundial, tanto por el número de especies presentes en ella como por la proporción de especies únicas de esa zona. Estas especies únicas se llaman endémicas (véase Endemismo). Se dice que una especie es endémica de una zona determinada si su área de distribución está enteramente confinada a esa zona (el término se aplica también dentro del área de la medicina; se consideran enfermedades endémicas las limitadas a cierto territorio y epidémicas las muy extendidas). Así, las islas suelen tener menos especies que las zonas continentales de superficie equivalente, pero también suelen albergar más especies que no se encuentran en ningún otro lugar. En otras palabras: a igualdad de otras circunstancias, tienen menor riqueza de especies, pero mayor proporción de especies endémicas. Evaluar la importancia relativa de estos dos factores y, por tanto, comparar la importancia de la biodiversidad de las áreas isleñas y continentales no es cosa sencilla.

Las áreas ricas en especies endémicas pueden ser lugares de especiación activa o de refugio de especies muy antiguas; sea cual sea su interés teórico, es importante para la gestión práctica de la biodiversidad identificar estas áreas discretas con proporciones elevadas de endemismos. Por definición, las especies endémicas de un lugar determinado no se encuentran en ningún otro. Cuanto menor es el área de endemismo, mayor es el riesgo de que las especies endémicas sufran cambios de población de origen selectivo o aleatorio. Aunque todas pueden ser vulnerables a un mismo episodio de modificación del hábitat, por el mismo motivo pueden también beneficiarse de una misma medida conservacionista. Es deseable identificar estas oportunidades de emprender acciones de conservación rentables.
Los endemismos pueden también definirse en términos de límites nacionales. Esto tiene una importancia enorme para la conservación de la diversidad biológica, porque, casi sin excepción, las acciones de conservación y gestión ambiental se aplican y mantienen a escala de política nacional. Esto es así con independencia del origen del asesoramiento científico o el apoyo financiero de las medidas adoptadas.

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OTROS ASPECTOS DE LA DIVERSIDAD DE ESPECIES
Además de la riqueza de especies y las especies endémicas, una posible medida de la biodiversidad sería la magnitud de las diferencias entre especies. Una forma de evaluar este aspecto se basa en el contenido informativo del sistema de clasificación o taxonómico. Las especies similares se agrupan en géneros, los géneros similares en familias, las familias en órdenes y así sucesivamente hasta el nivel más elevado, que es el reino. Esta organización taxonómica es un intento de representar las verdaderas relaciones entre organismos, es decir, de reflejar la historia de la evolución, pues se considera que las especies agrupadas en un mismo género están más estrechamente relacionadas que las pertenecientes a géneros distintos, y lo mismo para los demás niveles taxonómicos. Ciertos taxones superiores tienen miles de especies (o millones en el caso de los escarabajos, que forman el orden de los Coleópteros), mientras que otros sólo tienen una. Las especies muy distintas (clasificadas en familias u órdenes diferentes) contribuyen por definición más a la biodiversidad que las similares (clasificadas dentro de un mismo género). Por tanto, según esta medida mejorada de la biodiversidad, si hay que elegir entre conservar uno de dos lugares con igual número de especies, sería mejor elegir el que alberga mayor número de especies esencialmente distintas frente al que mantiene especies más afines. Algunos científicos llevan este argumento más lejos y sugieren que la diversidad se mide mejor a niveles taxonómicos superiores (género o familia, por ejemplo) que al de especie.

La importancia ecológica de la especie puede ser también considerable, pues algunas especies clave desempeñan una importante función en el mantenimiento de la diversidad de una comunidad de otras especies. Estas especies clave agrupan los organismos descomponedores, los depredadores de nivel más alto y los polinizadores, entre otros. En general, los árboles grandes aumentan la biodiversidad local porque proporcionan numerosos recursos naturales para otras especies (aves nidificadoras, epifitos, parásitos, herbívoros que se alimentan de frutos, y muchos otros organismos). Pero todavía no hay forma de cuantificar esta clase de función de sostenimiento ni de comparar su magnitud para distintos grupos.

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DIVERSIDAD GENÉTICA
Diversidad genética en los guepardos
El guepardo es el mamífero que tiene el nivel más bajo de diversidad genética debido al alto grado de endogamia que se da en esta especie. Cuando se realiza un injerto de un tejido de un guepardo a otro, este último no experimenta ningún tipo de rechazo, pues las diferencias genéticas entre los tejidos son mínimas. Estos niveles de diversidad tan bajos hacen del guepardo una especie vulnerable a las enfermedades y pone en peligro su supervivencia. Las esperanzas están puestas ahora en los programas de cría en cautividad de la especie.

Las diferencias entre organismos individuales tienen dos causas: las variaciones del material genético que todos los organismos poseen y que pasan de generación en generación y las variaciones debidas a la influencia que el medio ambiente ejerce sobre cada individuo. La variación heredable es la materia prima de la evolución y la selección natural y, por tanto, constituye en última instancia el fundamento de toda la biodiversidad observable actualmente. Depende en lo esencial de las variaciones que experimenta la secuencia de los cuatro pares de bases que forman los ácidos nucleicos, entre ellos el ácido desoxirribonucleico o ADN, base del código genético en la inmensa mayoría de los organismos. Los individuos adquieren nuevas variaciones genéticas por mutación de genes y cromosomas; en organismos que se reproducen sexualmente, estos cambios se difunden a la población por recombinación del material genético durante la división celular que antecede a la reproducción sexual.

Las poblaciones que forman una especie comparten una reserva de diversidad genética, aunque la herencia de algunas de tales poblaciones puede diferir sustancialmente de la de otras, en especial cuando se trata de poblaciones alejadas de especies muy extendidas. Si se extinguen poblaciones que albergan una proporción considerable de esta variación genética, aunque persista la especie, la selección natural cuenta con un espectro de variedad genética menor sobre el que actuar, y las oportunidades de cambio evolutivo pueden verse relativamente mermadas. La pérdida de diversidad genética dentro de una especie se llama erosión genética, y muchos científicos se muestran cada vez más preocupados por la necesidad de neutralizar este fenómeno.

La diversidad genética es particularmente importante para la productividad y el desarrollo agrícolas. Durante siglos, la agricultura se ha basado en un número reducido de especies vegetales y animales, pero, sobre todo en el caso de las plantas, se ha desarrollado un número extraordinariamente elevado de variedades locales. Esta diversidad de recursos genéticos vegetales tiene en muchos casos ventajas prácticas reales; si un agricultor de subsistencia, por ejemplo, planta cierto número de variedades de una especie, quedará en cierto modo asegurado frente al riesgo de perder toda la cosecha, pues es poco común que las condiciones climatológicas adversas o los parásitos afecten por igual a todas ellas. A medida que los hábitats naturales se han visto desplazados por otros usos del suelo, con la consiguiente destrucción de formas silvestres de plantas cultivadas que podrían ser necesarias con fines de selección, y a medida que los modernos sistemas de cultivo intensivo se han ido concentrando en un número muy reducido de variedades comerciales, se hace más urgente la necesidad de identificar y conservar los recursos genéticos vegetales y animales. Aunque, en este ámbito particular, es posible localizar y medir aspectos de diversidad genética, no hay forma práctica de responder a la pregunta general de cuál es la diversidad genética presente en una zona determinada, y mucho menos a escala global; por tanto, la pregunta no tiene sentido a este nivel.

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DIVERSIDAD DE LOS ECOSISTEMAS
Éste es sin duda el peor definido de todos los aspectos cubiertos por el término biodiversidad. Evaluar la diversidad de los ecosistemas, es decir, la diversidad a escala de hábitat o comunidad, sigue siendo un asunto problemático. No hay una forma única de clasificar ecosistemas y hábitats. Las unidades principales que actualmente se reconocen representan distintas partes de un continuo natural muy variable.

La diversidad de los ecosistemas puede evaluarse en términos de distribución mundial o continental de tipos de ecosistemas definidos con carácter general, o bien en términos de diversidad de especies dentro de los ecosistemas. Hay varios esquemas de clasificación mundial, que hacen mayor o menor hincapié en el clima, la vegetación, la biogeografía, la vegetación potencial o la vegetación modificada por el ser humano. Estos esquemas pueden aportar una visión general de la diversidad mundial de tipos de ecosistemas, pero proporcionan relativamente poca información sobre diversidad comparativa dentro de los ecosistemas y entre ellos. La diversidad de ecosistemas suele evaluarse en términos de diversidad de especies. Esto puede abarcar la evaluación de su abundancia relativa; desde este punto de vista, un sistema formado por especies presentes con una abundancia más uniforme se considera más diverso que otro con valores de abundancia extremos.

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¿CUÁL ES LA MAGNITUD DE LA BIODIVERSIDAD?
En esta sección se aborda la biodiversidad en términos de riqueza de especies. El número de especies que pueblan la Tierra es enorme, pero se desconoce incluso con un margen de un orden de magnitud. Hasta la fecha se han descrito cerca de 1,7 millones de especies. En este contexto, descripción significa que se han descubierto ejemplares, se han recogido muestras, se han llevado a un museo, se han identificado como especies nuevas y, por último, se han descrito y nombrado con carácter formal en una publicación científica. Las estimaciones del número total de especies que podría haber en el mundo se basan sobre todo en el número de especies hasta la fecha desconocidas que se han descubierto en zonas tropicales muestreadas meticulosamente y en la proporción que representan dentro del conjunto de muestras recogido. Estas estimaciones oscilan entre 5 y casi 100 millones de especies. Se ha propuesto un valor de aproximadamente 12,5 millones como estimación conservadora útil.

Sin duda, la mayor parte de las especies que viven en la Tierra continúan siendo desconocidas. El grupo mejor inventariado es, con diferencia, el de los animales vertebrados. En las últimas décadas se han descrito cerca de 200 nuevas especies de peces, frente a sólo una veintena de mamíferos y entre una y cinco especies de aves. Algunas de estas especies son realmente nuevas, pero muchas descripciones nuevas son consecuencia de la división en varias especies de lo que se tenía por una especie única. Pese a la idea generalizada de que no queda por descubrir ningún mamífero de gran tamaño, hace poco se han encontrado en Vietnam del Norte tres especies nuevas que responden a esta descripción.

Cada año se describen miles de insectos nuevos. De hecho, hay base para suponer que, con excepción de mamíferos y aves, el único factor que limita el número de especies nuevas descritas es el número de taxonomistas activos y el ritmo con el que son capaces de estudiar ejemplares nuevos.

Hay muchas más especies descritas de insectos que de cualquier otro grupo. Aunque recientemente se ha sugerido que los nematodos, hongos, microorganismos y coleópteros (los insectos más numerosos) engloban un número de especies muy superior al que antes se creía, según algunas estimaciones de la riqueza global de especies la mayor parte de la vida terrestre estaría formada por insectos.

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¿QUÉ ESTÁ OCURRIENDO CON LA BIODIVERSIDAD?
Es ahora motivo común de inquietud el hecho de que las actividades humanas han reducido la biodiversidad a escala mundial, nacional y regional y que esta tendencia continúa. Esto se manifiesta en la pérdida de poblaciones vegetales y animales, en la extinción y en el agotamiento de especies y en la simplificación de comunidades y ecosistemas. Hay dos formas de evaluar el agotamiento de la biodiversidad: la investigación y la observación directas y la elaboración de hipótesis de lo que puede ocurrir sobre la base de lo que actualmente se sabe.

El análisis de restos animales (sobre todo huesos y conchas de moluscos) y de datos históricos revela que desde el comienzo del siglo XVII se han extinguido unas 600 especies. Desde luego, esto no constituye el cuadro completo, pues muchas especies se han extinguido sin que la humanidad tenga conocimiento de ello. Cerca de las tres cuartas partes de estas extinciones conocidas han ocurrido en islas, como consecuencia de la ocupación por colonos; las causas han sido la sobreexplotación, la destrucción de hábitats y el impacto causado por la introducción de animales. Las extinciones registradas han aumentado mucho desde principios del siglo XIX hasta mediados del XX, y han disminuido desde entonces. Este descenso aparente puede ser consecuencia de las iniciativas de conservación adoptadas en el curso de las últimas décadas, o bien reflejar el hecho de que pueden pasar muchos años entre la última vez que se ve una especie y el momento en que puede registrarse como extinguida con cierta seguridad. De hecho, se han redescubierto varias especies que se consideraban extinguidas.

Cerca de 6.000 especies animales se consideran amenazadas de extinción porque está disminuyendo el número de individuos que las forman, porque se están destruyendo sus hábitats a consecuencia de la sobreexplotación o porque, sencillamente, se ha limitado mucho su área de distribución. Aunque es un número considerable, el estado de conservación de la mayor parte de las especies sigue sin evaluar. Se ha estudiado una parte importante de las aproximadamente 9.700 especies de aves que hay en el mundo, pero sólo cerca de la mitad de los 4.630 mamíferos y proporciones pequeñas de otros vertebrados. Se ha examinado un número relativamente reducido de las más de 280.000 especies de plantas superiores y, aunque se dispone de cierta información sobre mariposas, libélulas y moluscos, en términos reales no se ha evaluado el estado de conservación de la mayoría de las especies de invertebrados.

Observaciones de campo han confirmado que hay una relación entre el tamaño de un área y el número de especies que contiene. Una generalización sugiere que si una mancha de hábitat se reduce hasta la décima parte de su superficie original, es probable que pierda la mitad de las especies que tenía. Puede utilizarse esta relación entre área y especies para predecir las tasas de extinción. Como la mayor parte de las especies viven en las selvas tropicales húmedas, suscita especial inquietud la influencia que la tala y la modificación de estos hábitats pueda ejercer sobre la extinción de especies. Aunque no cuentan con mucho apoyo, si se toman como punto de partida las estimaciones más elevadas de riqueza de especies de los trópicos húmedos, la relación entre especies y área sugiere que las tasas mundiales de extinción podrían ser extremadamente altas. Los medios de comunicación han prestado mucha atención a estas tasas de extinción elevadas, pero es importante tener en cuenta el fundamento en que se basan.
Numerosos individuos, organizaciones y países han trabajado en las últimas décadas para identificar poblaciones, especies y hábitats amenazados de extinción o degradación y para invertir estas tendencias. Los objetivos comunes son gestionar más eficazmente el mundo natural para mitigar la influencia de las actividades humanas y, al mismo tiempo, mejorar las opciones de desarrollo de los pueblos desfavorecidos. Muchos conservacionistas esperan que la historia demuestre que el año 1992 ha constituido un punto de inflexión. En junio de ese año se presentó a la firma el Convenio sobre la Diversidad Biológica en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo, celebrada en Río de Janeiro. El Convenio entró en vigor a finales de 1993, y a principios de 1995 lo habían firmado más de cien países; esto significa que están de acuerdo con sus fines y que harán todo lo posible por cumplir con sus disposiciones.

Los objetivos generales del Convenio son: conservar la diversidad biológica, utilizar una biodiversidad sostenible a largo plazo y compartir lealmente las ventajas del uso de los recursos genéticos (en selección vegetal y biotecnología, por ejemplo). Las dificultades son muchas e imponentes, pero el Convenio constituye el único marco mundial amplio para planificar y emprender las acciones necesarias. En él se declara explícitamente que, aun cuando los países tienen la responsabilidad de la biodiversidad dentro de sus fronteras, la planificación eficaz exige tener en cuenta el contexto mundial y que los países en desarrollo necesitarán el apoyo de todos los demás.


jueves, 2 de agosto de 2012

Apatosaurus



El asombroso: Apatosaurus

Reconstrucción de un Apatosaurus
Reconstrucción de un Apatosaurus
El Apatosaurus, antes llamado Brontosaurus, era un enorme dinosaurio herbívoro de hasta 24 m de largo y 30 toneladas de peso.

Apatosaurus, género de dinosaurios herbívoros de gran tamaño, también conocido como Brontosaurus, que vivió a finales del jurásico, hace unos 150 millones de años. El Apatosaurus fue uno de los animales terrestres más grandes que han existido: un adulto podía alcanzar los 25 m de longitud y pesaba hasta 32 toneladas. Tenía un cuerpo grueso y relativamente corto, un cuello largo y delgado, las extremidades macizas, y una cola larga y fuerte y de casi igual longitud que el cuerpo. El cráneo, de tamaño pequeño en relación al cuerpo, tenía un hocico ancho y plano provisto de dientes largos. Los Apatosaurus fósiles se han encontrado en Europa y en Norteamérica.

Clasificación científica: el género Apatosaurus pertenece al suborden de los Saurópodos, orden de los Saurisquios (cadera de reptil).


Tejón



El asombroso:
Tejón

Tejón, mamífero plantígrado
Tejón americano
El tejón americano ocupa una gran variedad de hábitats que incluyen zonas de montañas, bosques e incluso áreas urbanas como parques y jardines. Este tejón de hábitos excavadores tiene una dieta que consiste en vertebrados pequeños, invertebrados, raíces, tubérculos, fruta e incluso basura.

Tejón, mamífero plantígrado
Tejón europeo
El tejón europeo (Meles meles), que se distingue por las dos franjas negras que van desde los ojos a las orejas, vive en zonas boscosas europeas. Tiene una dieta muy variada; se alimenta de lombrices, insectos, huevos e, incluso, de pequeños mamíferos.

Tejón, mamífero plantígrado (que se apoya en las palmas de sus manos y en las plantas de sus pies para desplazarse), que se caracteriza por tener las extremidades cortas y fuertes, y por poseer unos pies alargados que están dotados de uñas fuertes utilizadas para excavar. Los tejones poseen un pelaje denso y muy fuerte, con un dibujo bien definido: es de color gris por encima, negro por debajo, y con unas bandas características negras y blancas sobre su cabeza que forman una especie de antifaz. Son animales principalmente nocturnos, viven en madrigueras y excavan grandes sistemas de galerías. Poseen glándulas anales que emiten una secreción de olor fétido. La piel del tejón tiene valor comercial y se utiliza para la confección de abrigos; los pelos son utilizados para la fabricación de brochas y pinceles.
El tejón europeo está distribuido desde Europa occidental hasta China; mide hasta 90 cm de longitud y vive en zonas boscosas donde excava sus sistemas de galerías. Aquí es donde pasa el invierno, y también donde la hembra dará a luz de dos a seis crías, que nacen desprovistas de pelo y completamente ciegas. Es un animal omnívoro y se alimenta de materia vegetal, frutos, bulbos y raíces, así como de pequeños invertebrados: lombrices, caracoles e insectos. También come ranas, huevos, pajarillos y gazapos. La miel y las larvas de abejas y avispas son muy apreciadas por los tejones; su pelo enmarañado lo protege de los aguijones de estos insectos.
El tejón americano, también conocido con el nombre de tlalcoyote, está distribuido por el oeste de Norteamérica: al este, en el estado de Ohio; al norte, en el sur de Canadá, y al sur del centro de México. Mide alrededor de 60 cm de longitud, tiene un cuerpo ancho y achaparrado, y unas extremidades anteriores dotadas de garras que utiliza para excavar profundas madrigueras en las laderas de las colinas. El pelaje es de color gris, moteado de marrón o color café, y la cabeza tiene una línea de pelo blanco que le recorre el dorso desde detrás del hocico. También tiene algunas marcas blancas alrededor de las orejas y de los ojos. Las presas que constituyen la mayor parte de su dieta son las ratas de abazones y otras especies consideradas como plagas para la agricultura.
Existen otras especies muy relacionadas, pero que pertenecen a diferentes subfamilias, y son: el teledu de Java, el balisano o tejón de la arena, del noroeste de la India, y el ratel africano (Mellivora capensis), también llamado tejón melero.
Clasificación científica: el tejón pertenece a la familia de los Mustélidos, dentro del orden de los Carnívoros. El tejón europeo se clasifica como Meles meles, y el tejón americano recibe el nombre científico de Taxidea taxus.

jueves, 26 de julio de 2012

Reptil



El asombroso:
Reptil

Aligátor
El aligátor americano, declarado especie amenazada en 1967, ha aumentado en número en su zona de distribución originaria, que abarca el sureste de Estados Unidos. Aunque alcanza hasta 6 m de longitud, suele medir 1,5 m de tamaño medio. Se alimenta de otros reptiles, carroña, aves, mamíferos y anfibios. Dado que el aligátor y otros crocodilios no pueden masticar su comida, engullen a sus presas enteras o, en el caso de animales más grandes, los despedazan y se los tragan.

Reptil, nombre común de los miembros de la clase Reptilia (véase Animal), que engloba a las serpientes, los lagartos, las tortugas, los cocodrilos, el tuátara y numerosas especies extintas. Hay unas 7.000 especies vivas que se encuentran en una gran variedad de hábitats terrestres y acuáticos.
Los reptiles son vertebrados, es decir, animales con columna vertebral. A pesar de que comparten características con otros vertebrados como peces, anfibios, aves y mamíferos, los reptiles muestran una combinación única de características que les distingue de todos estos grupos. Los reptiles modernos, como los anfibios, son animales ectotérmicos o de “sangre fría” (véase Poiquilotermia). Esto significa que no son capaces de regular su temperatura corporal, es decir, no pueden generar calor, por lo que dependen del que reciben del Sol. Por eso, ajustan su comportamiento para adaptarse a los cambios de la radiación solar y, de esa manera, regular la temperatura de su cuerpo. Como las aves, la mayoría de los reptiles nacen de huevos con cáscara que la madre deposita sobre el terreno. Respiran a través de pulmones, como la mayoría de los anfibios adultos, las aves y los mamíferos. Además, como los anfibios y los mamíferos, la mayoría de los reptiles, con la excepción de las tortugas, tienen dientes. Su piel dura, seca y escamosa es única en el reino Animal. No es húmeda ni permeable, como la de los anfibios, ni con plumas, como la de las aves, ni cubierta con pelo, como la de los mamíferos.
Los reptiles habitan en casi todos los lugares del planeta, incluyendo la mayoría de los océanos del mundo. Los encontramos en un gran número de hábitats, desde el fondo de los estanques y lagos hasta en la vegetación arbórea de gran altitud. Sin embargo, son especialmente abundantes y diversos en los trópicos y en los desiertos. El único factor que parece limitar su distribución geográfica es su incapacidad para generar su propio calor corporal. Este es el motivo por el que no hay reptiles en la helada Antártida ni en los océanos polares, y sólo algunos en el círculo polar ártico.
2
CARACTERÍSTICAS FÍSICAS
Órgano de Jacobson
El órgano de Jacobson es un órgano sensorial especial, formado por dos estructuras saculares huecas muy sensibles, que se localiza en el cielo de la boca. La lengua recoge las partículas odoríferas del entorno y las lleva hasta este órgano.

Su característica piel seca y escamosa impide que sus tejidos internos se sequen. En muchas especies también juega un papel importante en la defensa y el apareamiento. Las escamas de los reptiles están formadas principalmente por queratina y derivan de la capa exterior de la piel o epidermis, a diferencia de las escamas de los peces que son estructuras óseas y dérmicas. La capa interior de la piel o dermis contiene muchos vasos sanguíneos y nervios, además de células con pigmentación que proporcionan a muchas especies sus vistosos colores.
Anatomía general interna de un reptil

El color de la mayoría de los reptiles presenta matices verdes, pardos y grises, lo que permite a los animales adaptarse mejor a su entorno. Sin embargo, muchas tortugas, lagartos y serpientes muestran marcas brillantes en azul, verde, amarillo, naranja o incluso púrpura. Algunos reptiles, en especial los camaleones y los lagartos del género Anolis, son capaces de cambiar el color de la piel mediante la dispersión o concentración de unas células portadoras de pigmentos denominadas cromatóforos. Los cambios en la pigmentación les permiten mimetizarse con el entorno y, de esa manera, evitar ser descubiertos por sus depredadores. Estos cambios de color también son importantes para comunicarse con otros reptiles, por ejemplo, para atraer a una hembra o atemorizar a un rival (véase Comunicación animal). A medida que crecen, los reptiles mudan regularmente la capa exterior de la piel bien perdiendo trozos a intervalos o bien, como las serpientes y las culebrillas ciegas (véase Anfisbénido), mudando la piel de una sola vez.

Anatomía de una serpiente
Los órganos abdominales de la mayoría de los vertebrados están agrupados en una cavidad abdominal restringida. En las serpientes están alineados en una cavidad alargada, modificada en función de la extensión de la columna vertebral.

Los reptiles se valen de sus sentidos para buscar alimentos y evitar a los depredadores. Las especies que cazan para alimentarse suelen tener los ojos en la parte anterior de la cabeza, lo que les permite tener una visión binocular. Muchos lagartos, como los camaleones, pueden mover los ojos de forma independiente para ver en distintas direcciones a la vez. Las serpientes y algunos lagartos presentan una membrana transparente protectora cubriendo cada ojo y carecen de párpados que se abren y se cierran, por lo que dan la impresión de que miran implacablemente.
Los reptiles poseen un órgano olfativo especial, denominado órgano de Jacobson, situado en la parte superior de la boca. Se trata de una pequeña cavidad equipada con detectores sensoriales que reconoce las moléculas olorosas y permite a los reptiles localizar a sus presas, encontrar pareja y, en general, obtener información del medio que les rodea. Los varanos y las serpientes sacan continuamente sus bífidas lenguas fuera de la boca para recoger las partículas olorosas y llevarlas al órgano de Jacobson. La serpiente de cascabel y el mocasín buscan sus presas utilizando las fosetas termosensitivas que tienen en la cabeza y que detectan el calor corporal. Por medio de esta extraordinaria capacidad las víboras de foseta pueden incluso perseguir y matar a sus presas en la oscuridad. Las boas y las pitones también tienen receptores térmicos.


Percepción del calor con órganos termosensibles
Los crótalos detectan a sus presas (por lo general, animales de sangre caliente que desprenden calor) con un órgano termosensible situado entre el ojo y el oído a ambos lados de la cabeza. El cerebro de la serpiente localiza la presa comparando diferencias de temperaturas; de esta forma la serpiente puede atacarla, incluso en la oscuridad.

El esqueleto de los reptiles está osificado casi en su totalidad (no es cartilaginoso). Su cráneo está unido a la columna vertebral por un único cóndilo, o superficie articular, como ocurre también en las aves. Las costillas torácicas están unidas al esternón y, cuando existe un hueso sacro (parte de la espina dorsal conectada a la pelvis), las costillas sacras se articulan con la cintura pélvica. Pueden tener dos juegos completos de extremidades o haber perdido uno o ambos, como ocurre en las serpientes y algunos lagartos.

La muda de un reptil
Este reptil (probablemente un lagarto ápodo) está cambiando la piel.

Tienen un sistema nervioso más avanzado que los anfibios. Respiran por medio de pulmones; carecen de branquias. En la mayor parte de las serpientes y algunos lagartos sólo hay un pulmón funcional; en otros reptiles, ambos pulmones están igualmente desarrollados. El tórax y el abdomen no están separados por un diafragma y la respiración se realiza con la ayuda de músculos de la pared del cuerpo. Presentan un corazón formado por tres cámaras: dos aurículas y un ventrículo. En los cocodrilos, no obstante, el ventrículo está casi totalmente dividido en dos cámaras por un septo o tabique.


Camaleón mediterráneo
Este reptil que crece hasta 28 cm de largo, vive en los semidesiertos de África septentrional, España y el Oriente Próximo. A diferencia de la mayoría de los miembros de su género, que casi nunca bajan de los matorrales y árboles a los que trepan, el camaleón mediterráneo algunas veces excava agujeros en la proximidad de los oasis, donde pueden evitar el calor. Sobreviven principalmente con una dieta a base de langostas. Como todos los camaleones, pueden mover los ojos independientemente y tienen un color característico que cambian cuando se aparean, luchan o se camuflan.

El material procedente del intestino, del aparato urinario y del aparato reproductor se vierte a una cámara posterior que recibe el nombre de cloaca. Presentan sexos separados y la fecundación es interna. Los machos disponen de un órgano copulador para introducir el esperma en el sistema genital femenino.
3
COMPORTAMIENTO
Aunque es común referirse a los reptiles como animales de sangre fría, sin embargo son capaces de mantener la temperatura corporal prácticamente constante. La diferencia importante en lo que se refiere a la fisiología de la temperatura corporal es que los reptiles dependen de fuentes externas de calor para mantenerla, mientras que los mamíferos generan el calor por procesos internos. Los reptiles regulan su temperatura aprovechando diferentes fuentes de calor externo, como la luz solar directa o el calor que despiden las piedras, los troncos y el suelo. Mediante el uso equilibrado de estas fuentes, las diferentes especies de reptiles mantienen una temperatura corporal más o menos constante, característica de cada especie, que suele ser superior a la del aire que les rodea. Sólo cuando el animal está en estado latente o inactivo la temperatura de su cuerpo es más o menos igual que la de su entorno.
Cuando la cabeza y el cerebro están demasiados calientes en relación al resto del cuerpo, los reptiles abren su boca para permitir que la humedad interior se evapore, creando así un efecto refrescante. Este comportamiento se observa muy a menudo en los cocodrilos. Algunos lagartos del desierto jadean, como los perros, para bajar la temperatura al evaporar la saliva de su boca. Lagartos y serpientes pueden desplazarse a zonas frías o cálidas según el momento del día, e incluso pueden adoptar posiciones distintas en los árboles. Las tortugas semiacuáticas y los cocodrilos pueden moverse desde la tierra al agua y viceversa, y los reptiles acuáticos pueden nadar en las partes más frías o más cálidas del agua según les interese.
Cuando hace frío, muchas especies buscan un lugar seguro bajo tierra o en madrigueras para pasar el invierno en una estado letárgico o de inactividad, muy parecido a la hibernación. Las tortugas suelen retirarse al fondo de los estanques donde permanecen incluso después de que queden cubiertos por el hielo. Son capaces de absorber todo el oxígeno que necesitan del agua a través de los pliegues de la boca y la garganta, la piel y de unos sacos de paredes muy delgadas que se encuentran en su cloaca. Cuando en primavera la temperatura mejora, salen a la superficie para comenzar una nueva temporada de actividad y reproducción.
3.1
Defensa y territorialidad

Lagarto de Kingy en actitud amenazante

Los reptiles son presas buscadas por muchos depredadores, como peces grandes, aves, mamíferos y otros reptiles. Muchas especies pueden morder si son amenazadas, aunque su primera iniciativa para defenderse es esconderse o escapar. Cuando la escapatoria no es posible, algunos pueden realizar elaborados sistemas de aviso para asustar o confundir al depredador, y otros pueden aparentar un tamaño mayor del que realmente tienen. El lagarto de Kingy hace frente a su enemigo desplegando el ancho volante que tiene en torno a su cuello, a la vez que abre la boca. La inofensiva serpiente de hocico de cerdo puede emitir silbidos y expandir el cuello como las cobras, además de despedir un olor desagradable a través de sus escamas. Si estas acciones no consiguen espantar a su rival, esta serpiente puede revolcarse en el fango y darse la vuelta sobre su espalda, como si estuviera muerta. Muchos reptiles intentan aparentar el aspecto y el comportamiento de otras especies más peligrosas. Por ejemplo, las bandas brillantes en rojo, amarillo y negro de la coral ratonera, una especie no venenosa, son similares a las de la serpiente coral, extremadamente venenosa. Para las serpientes venenosas un buen ataque puede ser la mejor defensa: la cobra escupidora puede escupir veneno a los ojos del depredador, alcanzando a veces objetivos de más de 3 metros.

Lagarto venenoso
El monstruo de Gila es uno de los dos únicos lagartos venenosos del mundo. Utilizan el veneno principalmente para defenderse, segregándolo a través de unas glándulas situadas en la mandíbula inferior.

A menudo, los reptiles tienen conflictos con miembros de su propia especie sobre el control del territorio. En algunas especies de lagartos, los machos realizan ritos para poner de manifiesto sus derechos sobre un terreno. Por ejemplo, en muchas especies de varanos, los machos que rivalizan por un territorio se mantienen sobre sus patas traseras empujándose unos a otros para tratar de derribarse. Algunas serpientes, como las serpientes de cascabel, también realizan estas exhibiciones. A veces, las tortugas macho golpean sus caparazones para elegir al macho dominante.

3.2
Alimentación
Serpiente engullendo



Serpiente engullendo a su presa
Las serpientes, todas ellas carnívoras, se alimentan de un modo peculiar. La mandíbula inferior, formada por dos huesos unidos en la barbilla por un ligamento elástico, puede abrirse para dar cabida a animales enteros, desde ratones hasta animales del tamaño de un ciervo o venado. El roedor de la imagen ha sido engullido con la cabeza por delante, tanto para impedirle morder mientras estaba vivo como para facilitar su paso. Según el tamaño, puede tardar hasta una semana en digerir la presa.

Las serpientes y algunos otros reptiles son carnívoros. Los lagartos se suelen alimentar de insectos mientras que las serpientes comen pequeños vertebrados, como pájaros, roedores, peces, anfibios e incluso otros reptiles. Para muchas serpientes, los huevos de aves y reptiles son un bocado suculento. Muchas tortugas, además de algunas especies de lagartos como la iguana común o iguana verde, son herbívoras y se alimentan de hojas y frutos. Otras tortugas, como la tortuga pintada, son omnívoras; es decir, se alimentan tanto de carne de otros animales como de materia vegetal.

Lengua extensible
La lengua del camaleón es muy extensible y pegajosa en el extremo, lo que permite al animal capturar insectos con mucha facilidad.

Las especies carnívoras tienen formas muy diferentes de capturar a sus presas. Algunas tortugas acuáticas cazan a sus presas con un movimiento rápido de sus largos cuellos, a la vez que se meten agua en la boca para tragar mejor a la presa. Muchas serpientes pequeñas, como la serpiente piloto y la serpiente real, además de especies grandes, como la pitón o la boa, golpean y agarran a sus presas, enroscándose a su alrededor para estrangularlas antes de tragarlas. Casi todas las serpientes pueden dislocar sus mandíbulas para engullir presas más grandes que su propia cabeza. Aunque no es usual, se han visto pitones africanas tragarse impalas: pequeños antílopes de 1 m de altura. Las serpientes venenosas muerden a sus presas y les inyectan veneno y, normalmente, en vez de luchar con ellas, las dejan marcharse mientras el veneno hace su efecto. Después, utilizan la lengua y el órgano de Jacobson para encontrar el cuerpo. Los camaleones tienen una lengua larga y pegajosa que lanzan con precisión y velocidad extremas a los insectos que pretenden engullir. Los enormes varanos a veces acechan a otros animales de presa pero suelen alimentarse de carroña. Los cocodrilos comen peces pequeños aunque también son capaces de capturar grandes mamíferos, como ciervos o vacas que estén bebiendo agua en la orilla de un río o lago.

4
REPRODUCCIÓN Y CICLO DE VIDA

Nacimiento de un reptil
Casi todos los reptiles ponen huevos de cáscara coriácea, pero los de algunas especies tienen el cascarón duro, como el de las aves, de los que incluso pueden nacer jóvenes ya formados. En el momento de la eclosión, el reptil puede formar un diente agudo temporal en el extremo de la mandíbula superior para romper la cáscara del huevo.

La mayoría de los reptiles llevan a cabo ritos de apareamiento (véase Cortejo y apareamiento). Los lagartos acompañan su cortejo con cambios de color. Por ejemplo, los camaleones macho experimentan cambios de color durante el cortejo y las hembras preñadas muestran una coloración viva para indicar que no están disponibles. El lagarto anolis macho infla su papada para impresionar a las hembras e intimidar a sus rivales. Las tortugas macho pueden incitar a las hembras agitando su cabeza o tocando la cara de la hembra con las uñas de sus extremidades. Los tuátaras macho caminan en lentos círculos alrededor de la hembra hasta que ésta desaparece en su madriguera o permite al macho cruzarse con ella. Las serpientes hembra atraen a sus compañeros expulsando aromas químicos llamados feromonas. Cuando el macho encuentra a una hembra receptiva la corteja pasando por encima de ella varias veces y luego alinea su cola con la de ella de manera que se pueda producir la fecundación.
La fecundación de los reptiles es interna: los óvulos se unen con el esperma del macho dentro del cuerpo de la hembra. Las tortugas y los cocodrilos macho sólo tienen un pene pero los lagartos y las serpientes macho tienen dos, llamados hemipenes, que se encuentran protegidos por pliegues y espinas que mantienen al pene en posición durante el apareamiento. Estos animales sólo utilizan un hemipene cada vez que se aparean. En las especies que se aparean sucesivamente, los machos alternan sus hemipenes. Los tuátaras macho no tiene pene, por lo que utilizan la abertura muscular de su cloaca para introducir el esperma en la hembra.
La mayoría de los reptiles son ovíparos (ponen huevos), pero muchas especies de serpientes y lagartos son ovovivíparas (alumbran crías vivas). El huevo con cáscara dura que presentan los reptiles permitió a este grupo independizarse del medio acuático. Este huevo consta de una serie de membranas extraembrionarias que posibilitan el desarrollo del embrión: un amnios protector, común a los reptiles, aves y mamíferos, que impide que el huevo se seque, de modo que las primeras fases del ciclo vital de estos animales no tiene que depender del agua; un alantoides respiratorio o membrana vascular fetal, que sirve como superficie respiratoria; y el corion que regula el paso de oxígeno y dióxido de carbono. Rodeando a estas membranas está la cáscara calcárea o coriácea exterior.

Huevo de reptil
Un avance evolutivo crucial para los animales terrestres fue el desarrollo del huevo amniótico en los reptiles, característico también de las aves y de algunos mamíferos. El embrión, puede sobrevivir fuera del agua en diversos hábitats protegido contra la desecación. El vitelo le provee de alimento y el albumen de agua y nutrientes. Los desechos se almacenan en el alantoides, una extensión del intestino del embrión. El oxígeno se difunde a través de la cáscara. Su paso al embrión es regulado por el corión.

El número de huevos o de crías de los reptiles varía mucho de una especie a otra e incluso dentro de una misma especie. Por ejemplo, ciertas tortugas africanas de pequeño tamaño sólo ponen un huevo en cada puesta, mientras que algunas tortugas marinas ponen hasta 150 huevos. La serpiente de jarretera puede dar a luz entre 3 y 100 crías.
Los reptiles normalmente depositan sus huevos en un nido excavado en la arena, en la tierra o sobre las hojas, pero luego los abandonan y no se ocupan de las crías recién nacidas. La pitón es una excepción, ya que se mantiene cerca de los huevos para protegerlos de los depredadores. Las hembras de cocodrilo, y a veces también los machos, vigilan sus nidos. Si una de las crías tiene problemas para salir del cascarón, sus padres la ayudan metiéndose el huevo en la boca y rompiendo la cáscara con suavidad, sin dañar a la cría.
Los reptiles se encuentran totalmente desarrollados y preparados para llevar una vida independiente desde que nacen. Sin embargo, las crías de los reptiles, en particular las crías de las tortugas marinas, tienen muy pocas posibilidades de sobrevivir durante los primeros meses de vida. Estos animales son la presa favorita de muchas aves, serpientes, mamíferos e, incluso en el caso de las tortugas marinas, de tiburones. Son muy pocos los reptiles que sobreviven al primer año de vida, pero los que lo hacen suelen tener una larga existencia. Por ejemplo, se cree que algunas tortugas viven hasta 120 años en condiciones de libertad y los tuátara parece que también pueden alcanzar esa edad. Los caimanes viven cerca de 70 años. Por el contrario, algunos lagartos de pequeño tamaño sólo viven 4 o 5 años.

5
CLASIFICACIÓN
Evolución de los reptiles
Si bien los reptiles dominaron una vez la Tierra, sólo cuatro órdenes tienen representantes vivos. El mayor de estos grupos comprende el orden Escamosos, que incluye a lagartos y serpientes. Todas las tortugas pertenecen al orden Quelonios, y los cocodrilos, aligatores, caimanes y gaviales al orden Crocodilios. El tuátara, un fósil viviente, es el único miembro vivo del orden Rincocéfalos. Entre los extintos destaca el orden Saurisquios (Tyrannosaurus y otros reptiles de cintura pélvica reptiliana), del que surgieron las aves, y el orden Ornitisquios (herbívoros de cintura pélvica de ave, como el Stegosaurus y el Hypsilophodon). Los mamíferos proceden de la línea de los Terápsidos.

Los primeros reptiles aparecieron durante el periodo carbonífero dentro de la era paleozoica. Muchas formas evolucionaron y florecieron durante el mesozoico, también conocido como “era de los reptiles”. La clase Reptilia se divide en 3 subclases: Anápsidos, Diápsidos y Sinápsidos. Los Anápsidos, representados en la actualidad sólo por las tortugas, presentan rasgos primitivos, con cráneos sin abertura temporal. En la subclase Diápsidos se incluyen lagartos, serpientes, cocodrilos y tuátaras. Los cráneos de los Diápsidos, aunque en los grupos actuales pueden estar muy modificados, presentaban en las condiciones ancestrales dos pares de aberturas temporales. Los Diápsidos se subdividen en 3 superórdenes: Lepidosaurios, que incluye a los reptiles actuales, excepto tortugas y cocodrilos, y a los extintos ictiosaurios; Arcosaurios, formado por los cocodrilos y por grupos extintos como los dinosaurios; y Sauropterigios, que incluye varios reptiles marinos que se han extinguido. La subclase Sinápsidos, con cráneos con un único par de aberturas temporales, incluye grupos extintos de reptiles como los perteneciente al orden Terápsidos que dio lugar a los mamíferos. De los 23 órdenes que engloban estas 3 subclases sólo 5 incluyen especies vivas. A continuación se mencionan los órdenes más conocidos.
5.1
Rincocéfalos
Tuátara
Los tuátaras son los únicos sobrevivientes de una especie de antiguos reptiles que vivieron hace más de 200 millones de años. Los animales viven en unas pequeñas islas frente a la costa de Nueva Zelanda. Son animales nocturnos, duermen durante el día y cazan insectos, aves o pequeños lagartos por la noche. Mientras un depredador agarra la cola del tuátara, el animal puede fácilmente desprenderse del apéndice y crecerle otra cola nueva.

Son reptiles similares a lagartos, diferenciándose de éstos por características osteológicas. Los rincocéfalos o esfenodontos fueron abundantes en el triásico y el jurásico, pero hoy están todos extintos, a excepción del tuátara de Nueva Zelanda, que pertenece al género Sphenodon.

5.2
Escamosos
Dos especies de serpientes
Una víbora cornuda (Vipera ammodytes) y una culebra de Esculapio (Elaphe longissima) toman el sol en una roca en el estado de Carintia, en Austria. La víbora cornuda (la primera que aparece) es la serpiente más venenosa del sur de Europa. Vive en Europa suroriental y Asia suroccidental. La culebra de Esculapio, por el contrario, no es una especie venenosa. Pertenece a la familia de los Colúbridos y puede llegar a medir hasta 2 metros de longitud. Se alimenta principalmente de ratones y lagartijas.


Lagartos
Los lagartos se caracterizan por los siguientes rasgos: cuatro patas, párpados móviles, escamas en los costados y abdomen, cola larga y desechable y mandíbula inferior con estructura esquelética rígida. Aunque algunas especies, como la serpiente o lagarto de cristal (arriba, centro), carecen de patas, son lagartos por poseer párpados móviles y una mandíbula inferior que no se separa al engullir grandes presas. En la imagen (arriba, de izquierda a derecha), el camaleón, la víbora de cristal, el varano, la iguana, el monstruo de Gila y el geco.

Este orden, formado por lagartos, serpientes y culebrillas ciegas, constituye el mayor grupo de reptiles vivientes e incluye el 95% de todas las especies vivas. Se divide en tres subórdenes: el suborden Lacertilios o Saurios (los lagartos), el suborden Anfisbenios (las culebrillas ciegas), y el suborden Serpientes. Los lagartos aparecen por primera vez en el registro fósil en el pérmico, las serpientes a finales del cretácico y las culebrillas ciegas a principios del cenozoico.

5.3
Testudines
Tortugas
El cuerpo de las tortugas está envuelto en un caparazón formado por una serie de placas óseas cubiertas por un escudo córneo. Las vértebras y costillas están fusionadas en el interior del caparazón, reforzándolo. Las tortugas acuáticas tienen el caparazón más plano que las tortugas de tierra que lo presentan con forma abovedada.

Este orden, también llamado Quelonios, se había diferenciado ya de los demás reptiles en el triásico, y en nuestros días comprende a las tortugas marinas y a las tortugas terrestres. Se caracterizan porque están cubiertas de una coraza que consta de un caparazón dorsal o espaldar y un plastrón ventral. Las especies de este orden son únicas, en el sentido de que tienen costillas planas sobre las que descansa el caparazón; dado que esta coraza ósea hace que las paredes del cuerpo sean rígidas, los animales tienen que respirar utilizando un proceso similar a la deglución, en vez de recurrir a los músculos de la pared del cuerpo.  Tortugas: Tortugas Marinas; Tortugas Terrestres.

5.4
Crocodilios
Cocodrilo del Nilo
El cocodrilo es uno de los reptiles más grandes del mundo; es también de los más feroces. Engulle enteros muchos animales pequeños, pero ataca también al ser humano o a animales grandes; a menudo les golpea con la cola hacia el agua para facilitar su captura. Pueden cerrar las fosas nasales, lo que les permite aferrar a su presa sin ahogarse. Son muy fuertes y pueden descuartizar una presa en el agua. En la imagen el Crocodylus niloticus, una de las 12 especies de cocodrilo más conocidas.

Los cocodrilos y caimanes aparecieron a finales del triásico y son los parientes vivos más próximos de los dinosaurios y las aves. Su corazón está casi totalmente dividido en cuatro cámaras; el cerebro muestra un mayor grado de desarrollo y presentan un cráneo alargado y robusto. Las especies actuales se incluyen en 3 familias: Aligatóridos (aligátores y caimanes), Crocodílidos (cocodrilos) y Gaviálidos (gaviales).

5.5
Ictiosaurios
Fósil de un ictiosaurio
Los ictiosaurios eran reptiles marinos que vivieron hace 240 a 65 millones de años. Por el hocico afilado y las aletas se parecían a los delfines. Las aletas, formadas por la fusión de los huesos de las extremidades, servían para mantener la dirección; el animal avanzaba valiéndose de la cola.

Todos los miembros de este orden, perteneciente a la subclase Diápsidos, están extintos. Los ictiosaurios eran grandes reptiles marinos que tenían un cuerpo similar al de los delfines y extremidades en forma de pala o remo. Las especies del género típico, Ichthyosaurus, alcanzaban longitudes superiores a los 4 metros.
5.6
Plesiosaurios
Este orden de animales extintos, incluido en el superorden Sauropterigios dentro de la subclase Diápsidos, englobaba individuos acuáticos de cuello largo con grandes cuerpos y extremidades adaptadas para deslizarse a través del agua.

5.7
Saurisquios y Ornitisquios
Tyrannosaurus
Con aproximadamente 5 m de altura y 14 de longitud y unas mandíbulas poderosas armadas de dientes afilados y aserrados, el tiranosaurio era uno de los dinosaurios más temibles.

Los dinosaurios, reptiles de cuello y cola largos que aparecen por primera vez en los estratos correspondientes al triásico, se incluyen en los órdenes Saurisquios y Ornitisquios. Llegaron a ser comunes en tiempos posteriores hasta el final del mesozoico, cuando se extinguieron. Véase Dinosaurio.

5.8
Pterosaurios
Pterosaurios
Aparte de los insectos, los pterosaurios fueron los primeros animales en volar por medio de alas. Todo sugiere que algunos eran homeotermos en parte. Surcaron los cielos prehistóricos, desde el triásico, pasando por el jurásico, hasta extinguirse a finales del cretácico.

Son reptiles voladores extintos provistos de alas membranosas, parecidas a las de los murciélagos. El orden Pterosaurios se engloba en el superorden Arcosaurios, en el que también se sitúan los dinosaurios (véase Pterosaurio).
5.9
Terápsidos
El orden Terápsidos, perteneciente a la subclase Sinápsidos, incluye reptiles similares a los mamíferos, que vivieron durante el pérmico y el triásico. Algunos eran herbívoros y otros carnívoros. Se cree que los mamíferos descienden de esta línea.

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